Desmontando el mito de los «colonos franquistas»

Lejos de ser una conspiración secreta para diluir la cultura catalana, la inmigración interior en Barcelona tiene causas políticas (huida de la represión vengativa por parte de los vencedores de la Guerra Civil en los pueblos), pero sobretodo son de caracter económico y democráfico. Es más: algunos de los grandes nombres de la resistencia antifranquista en Catalunya pertenecían a personas recién llegadas de otras regiones del territorio español

Arqueòleg Glamurós
 
 
 
'Cédula personal' document d'identitat previ al DNI | INE

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Una parte del nacionalismo catalán, seguramente muy minoritaria, lleva tiempo haciéndose eco de una leyenda infundada, según la cual el movimiento migratorio castellanoparlante en Catalunya durante la dictadura franquista formaba parte de un plan secreto del estado fascista para colonizar Catalunya y disolver la lengua y cultura catalanas.

Este mito ha tenido cierto eco a partir de 2016 con la divulgación del Manifiesto del Grupo Koiné, que decía:

«El régimen dictatorial del general Franco completó sin embargo en dos generaciones este proceso de bilingüización forzosa mediante (…) la utilización de una inmigración llegada de territorios castellanoparlantes como instrumento involuntario de colonización lingüística».

Esta teoría ha encontrado cierto apoyo en el entorno político del actual Presidente de la Generalitat, Quim Torra, quien ya se había expresado en términos similares en varios artículos publicados antes de ejercer su actual cargo. A continuación me dedicaré a demostrar por qué esta teoría no es más que una tergiversación del pasado sin el menor indicio de verdad.

1) Los prejuicios xenófobos contra los migrantes castellanoparlantes son anteriores al franquismo

La primera ola de inmigración peninsular en Catalunya, en el siglo XX, se produjo entre 1920 y 1930 a raíz de la demanda de fuerza de trabajo en las obras del metro y en la Exposición Universal de 1929. En un primer lugar, los recién llegados eran aragoneses y valencianos, pero rápidamente les siguieron murcianos y andaluces, especialmente de Almería (1) .

Entre 1932 y 1933 el destacado periodista y político Carles Sentís (2) (militante de Acción Catalana, un partido catalanista conservador y, ya en la transición, diputado por UCD), publicó una serie de artículos en la revista Mirador bajo el título «Murcia exportadora de hombres», en el que decía que los migrantes acabarían castellanizando Catalunya, asegurando que «somos el único país civilizado que ve con indiferencia los peligros de diversos órdenes que conllevan las embestidas inmigratorias incontroladas y contempla con expresión de esquizofrénico, cómo cada día merman las peculiares características raciales, económicas y sociales, morales «.

Las revistas Fortitud y Llibertat, vinculadas al entorno de Estat Català, publicaban varios artículos en 1933 en que trataban los migrantes murcianos de «plaga virulenta, ladrones, indisciplinados y perversos» (3) .
Acuérdate, catalán, que recibes imposiciones de gente foránea y que incluso algún hermano tuyo sufre hambre porque un extranjero ocupa su lugar. ¡Catalán! Este sitio a ti te pertenece.

También en 1933 el semanario humorístico El Be Negre acusaba en varias viñetas a los murcianos de esparcir el tracoma y de querer invadir Catalunya. Ya en 1934 se publica un manifiesto «Por la conservación de la raza catalana» en el que diferentes prohombres, como Pompeu Fabra, proponían velar por la preservación de las características raciales de la población catalana, ante el peligro que suponía mezclarse con los genes de las personas migradas (4). En 1935 el economista catalán y fundador de la Sociedad Catalana de Eugenesia, Josep Antoni Vandellós (5) alertaba que Catalunya estaba llena de núcleos forasteros que acabarían diluyendo la lengua.

2) Franco no promovió la inmigración en Catalunya, sino que trató de impedirla

Una de las primeras prioridades de la dictadura franquista fue la de establecer un control efectivo sobre el territorio y sobre toda su población. Por lo que resultaba fundamental restringir en lo posible cualquier movimiento migratorio que dificultara la identificación social de los vencidos o permitiera su anonimato. Como las fronteras se habían cerrado militarmente con la guerra, la forma más fácil de escapar a la represión política era la inmigración interior. En 1939 se pone en marcha un sistema de inmovilización masiva de la población, cerrando fronteras, controlando desplazamientos y deportando a su lugar de origen a cualquier migrante interior sin permiso (6).

Una de las primeras medidas para controlar la inmigración interior y evitar el anonimato y los cambios de identidad, fue la imposición en 1944 del Documento Nacional de Identidad (DNI), con un formato inspirado en las fichas policiales, con fotografía y huellas digitales. De esta forma se tenía un control directo desde el estado central del lugar de residencia y domicilio de cada individuo (7). Durante la posguerra, para cualquier desplazamiento interno dentro de España era necesario tener un salvoconducto expedido por las autoridades municipales, o bien por el partido único FET-JONS, aunque fueran estancias cortas o dentro de la misma provincia.

El franquismo criminaliza a los migrantes interiores en los años 40, cuando se vincula migración a delincuencia, mendicidad y chabolismo, como lo hizo, por ejemplo, el periodista falangista José Esteban Vilaró con sus artículos en 1940 en Barcelona (8). El régimen franquista incluso llegó a subvencionar un film del cineasta falangista Antononio Nieves Conde, llamado «Surcos. La lucha por la libertad «(1951), en el que se animaba a la población rural a no marchar de sus pueblos ante los peligros de las grandes ciudades.

En 1952, el Gobernador Civil de Barcelona, Felipe Acedo Colunga, emite una circular en la que ordena a alcaldes y jefes policiales impedir cualquier movimiento migratorio sin vivienda autorizada, para evitar el chabolismo. Así pues, la policía pasa a detener a los emigrantes en la Estación de Francia y aquellos que no podían demostrar que tenían domicilio o trabajo en Catalunya eran detenidos y encerrados en el Pabellón de las Misiones, en Montjuïc, para ser deportados posteriormente a su pueblo de origen. Se calcula que fueron deportadas más de 15.000 personas entre 1952 y 1957 (9).

A partir de 1957 el régimen franquista se da por vencido y acepta que el movimiento migratorio es imposible de controlar y trata de regularizar el chabolismo mediante el Ministerio de Vivienda.

3) El movimiento migratorio durante el franquismo no tuvo Barcelona como único ni principal destino

Si bien es cierto que el área metropolitana de Barcelona es el principal punto de atracción de la emigración interior a principios de siglo XX, con 596.264 personas llegadas entre 1911-1935, esto fue bastante más relativo durante el franquismo. El momento más álgido de las migraciones se da durante los años 60, cuando 3,5 millones de ciudadanos españoles cambian de lugar de residencia. De estos, 660.274 se desplazan en la provincia de Barcelona (incluyendo migrantes provenientes de la Catalunya rural), lo que supone tan sólo un 18,8% del total.

De hecho, la provincia de Madrid acoge más, 701.105. Otras provincias que son receptoras del movimiento migratorio son Valencia (209.467), Vizcaya (161.127) y Alicante (128.632). El resto de provincias catalanas acogen en conjunto 122.693 personas migradas en total, aunque la provincia de Lleida tiene un saldo migratorio negativo de -11.847 personas (10).

La inmigración interna dentro de Catalunya, de las comarcas rurales hacia las zonas industriales alrededor de Barcelona en el 60, se estima en torno a las 36.600 personas (un 5,5% del total). Encontramos movimientos migratorios internos incluido en la provincia de Barcelona, ​​especialmente de las comarcas del Bages y Berguedà hacia el Vallés.

Pero la migración interior tampoco fue la única corriente migratoria en el franquismo. Terminada la guerra civil el régimen restringe la emigración y niega la emisión de pasaportes, con contadas excepciones, a fin de evitar la fuga de disidentes políticos, así como la fuga de divisas. Pero en 1946 el franquismo permite la emigración a Latinoamérica, ya que sueña con restablecer lazos imperiales perdidos con las ex-colonias. Un total de 560.215 personas marchan al continente americano entre 1940 y 1958, principalmente a Argentina (40%) y Venezuela (31%) (11) .

En los años 60, sin embargo, los flujos de emigración cambian América por Europa. En 1956 se crea el Instituto Español de Emigración para canalizar la emigración exterior hacia Europa. Según las cifras oficiales, un millón de personas marcharon a trabajar a otros países europeos, especialmente en la República Federal de Alemania (34,9%), Suiza (38,5%) y Francia (20,8%), entre 1959 y 1973. Pero estas cifras oficiales esconden los movimientos de emigrantes clandestinos que usaban redes ilegales y contactos familiares para salir del país. Si tomamos datos de los países receptores, las cifras serían un 51% más elevadas, llegando al millón y medio (12).

4) Las verdaderas causas de la migración durante el franquismo

Lejos de formar parte de una conspiración secreta para diluir la cultura catalana, la inmigración interior en Barcelona tiene unas causas políticas (personas que huían de la represión vengativa por parte de los vencedores de la Guerra Civil en sus pueblos, especialmente en los años 40-50), pero sobre todo son de carácter económico y demográfico.

En los años 60 se produce en España una explosión demográfica, similar a la que sucede en EEUU con el «baby boom» después de la II Guerra Mundial, aunque de menores dimensiones. La tasa de crecimiento demográfico alcanza el máximo histórico del s.XX con un 1,2% de crecimiento anual, pasando de 30 millones de habitantes en 1960 a 33,8 millones en 1970. Nunca en la historia se ha producido un crecimiento de proporciones similares en España.

Las zonas de origen de la migración son las provincias con menor renta per cápita y con una mayor dependencia de la agricultura. Una vez terminada la guerra, el franquismo refuerza las estructuras de poder en el campo andaluz y extremeño, con grandes latifundios con una élite de propietarios y una gran masa de mano de obra asalariada, que sufría un gran paro crónico, con grandes periodos del año sin ingresos. La modernización y mecanización de los trabajos agrícolas a partir de 1956, con las primeras factorías de tractores en Getafe y Barcelona, ​​propician una caída en la demanda de fuerza de trabajo manual en el campo y la caída de los salarios a niveles de miseria.

Por otra parte, las zonas de recepción fueron los núcleos urbanos con mayor renta per cápita y que ya tenían núcleos de industrialización previos a la dictadura: Madrid, Barcelona y Bilbao. En 1959 el franquismo hace un giro radical en su política económica, acabando con la autarquía y el control estatal de la economía, impulsando el liberalismo, incentivando la iniciativa privada con el conocido Plan de Estabilización que da paso al periodo de «desarrollismo». Se restablece el comercio internacional, especialmente de materias primas y llega capital extranjero, principalmente de EE.UU., Suiza y Alemania.

España se convierte en un lugar muy rentable para invertir, debido a los salarios bajos, la estricta regulación laboral y la baja fiscalidad. Otro factor para la expansión económica es el aumento de demanda interna, pues los mismos migrantes rurales, al tener un salario fijo en las fábricas, aumentan su capacidad de consumo. España pasa durante los años 60 de exportar productos agrícolas a industriales. Otro factor de crecimiento es el turismo, pasando de 2,5 millones de visitantes en 1955 a 24 millones en 1970. También la construcción es un factor de crecimiento, este es el momento donde se erigen los grandes polígonos de viviendas al extrarradio de las grandes ciudades (13).

5) Los migrantes castellanohablantes no forman parte de la administración franquista, sino de la resistencia antifascista

Tanto la administración municipal como los núcleos locales de la Falange en Catalunya, durante toda la dictadura, estuvieron formados, con pocas excepciones, por catalanes con un largo arraigo familiar en su municipio. Los alcaldes, concejales, cargos políticos y falangistas locales eran distinguidos prohombres locales (notarios, farmacéuticos, abogados, industriales …) provenientes de los partidos de derechas de la República (carlistas, Liga Regionalista, Acción Catalana, tradicionalistas o católicos) y que ejercían en el mismo lugar donde vivían antes de la guerra (14).

El régimen franquista siempre había temido que las condiciones de explotación social a que estaba sometida la migración proletaria y el chabolismo, acabarían generando un núcleo de resistencia de izquierdas al régimen alrededor de Barcelona, pues Franco siempre temió mucho más a la activa y robusta resistencia comunista que no al nacionalismo catalán conservador. En una ponencia del Consejo Nacional del Movimiento de 1971 se planteaba que «un ambiente lingüístico hostil, con falta de recursos económicos, con dicicultad para la vivienda y con deficiente cultura hacen muy difícil su integración social, corriendo el grave riesgo de dejarse ganar (…) por ideologias que tanta sangre costó a nuetsra pátria desarraigar» (15) .

Ya durante la República y la Guerra Civil, algunos de los principales dirigentes de la CNT-FAI en Catalunya eran de origen migrado, como Buenaventurra Durruti, mecánico nacido en León, o Francisco Ascaso, camarero nacido en Almudévar (Huesca), entre muchos otros de origen catalán.

Muchas personas recién llegadas formarán parte de los movimientos sociales, políticos, sindicales y vecinales contrarios a la dictadura. A modo de ejemplo, el Secretario General del PSUC entre 1956 i 1985, se llamaba Gregorio Lopez Raimundo y era un sastre nacido en Tauste (provincia de Zaragoza). Fue detenido y torturado a raíz de la huelga de los tranvías de 1951, en democracia fue elegido diputado en el Congreso por el PSUC en las dos primeras legislaturas. Otro dirigente del PSUC y fundador de CCOO en Catalunya fue Cipriano García Sánchez, nacido en Manzanares de la Mancha (provincia de Ciudad Real), el cual fue juzgado en un consejo de guerra por manifestarse en Terrassa por la detención de Jordi Pujol.

El PSUC, partido que lideró sin lugar a duda la resistencia antifranquista en Catalunya, promovió la cohesión social entre castellanoparlantes y catalanoparlantes con el lema «Som un sòl poble» y luchó para restablecer la Generalitat de Catalunya y la normalización del catalán.

En abril de 1979 se celebran las primeras elecciones municipales democráticas tras la dictadura. Todas las principales ciudades catalanas receptoras de personas migradas escogieron alcaldes comunistas y socialistas, sin excepción. Un caso paradigmático es El Prat de Llobregat, que durante la dictadura había pasado de 8.941 habitantes en 1940 a 60.139 en 1981. El Prat escogió como primer alcalde democrático al comunista Antonio Martín Sanchez (PSUC), nacido en Palma del Río (Córdoba) y trabajador desde los 15 años.

Todos los alcaldes franquistas que se vuelven a presentar en democracia lo hacen en poblaciones rurales que no habían recibido prácticamente inmigración durante la dictadura. La formación política que recicla la mayor parte de alcaldes franquistas que se vuelven a presentar en democracia fue CiU, 95 de 215 (el 43,3%), muy por encima de la UCD que recicla 22, o Alianza Popular que sólo absorbe 10. Un ejemplo sería Josep Gomis, alcalde franquista de Montblanc y procurador en las Cortes Franquistas, que en democracia vuelve a ser alcalde por CiU y también será Presidente de la Diputación de Tarragona, diputado por CIU en el Congreso, Consejero de Gobernación y Delegado de la Generalitat en Madrid.


1) CAMÓS, Joan (2009) “L’Hospitalet i la immigració. Catalanistes i anarquistes als anys trenta”, Quaderns d’Estudi, nº21, p. 71-83
2) SENTÍS, Carles (2006). Memòries d’un espectador 1911-1950. Ed. La Campana.
3) Llibertat, 5/10/1933
4) VIDAL-FOLCH, Xavier “Catalunya es xarnega”. El País, 12/4/2016
5) VANDELLÓS, Josep Antoni (1935) La Immigració a Catalunya.
6) MARÍN, Martí (2015) “Migrantes, fronteras y fascismos. El control de los desplazamientos por parte del régimen franquista, 1939-1965”, Spagna Contemporanea, nº 47, p. 79-94
7) MARÍN, Martí (2010) “La gestación del Documento Nacional de identidad: un proyecto de control totalitario para la España Franquista”, Novísima: II Congreso Internacional de Historia de Nuestro Tiempo.
8) VILARÓ, José Esteban (1940) “Un mundo insospechado en Barcelona”.
9) BOJ, Imma (2004) “El Pabellón de las misiones: la represión de la immigración en la Cataluña franquista”, IV Congrés sobre la immigració a Espanya, Girona. 
10) BURBANO, Francisco Andrés (2013) Las migraciones internas durante el franquismo y sus efectos sociales: el caso de Barcelona, Treball de llicenciatura inèdit, UCM. 
11) PALAZÓN, Salvador (1992) “La emigración española a América latina durante el primer franquismo (1939-1959) interrupción y reanudación de una corriente tradicional”, Anales de la Universidad de Alicante: Historia contemporánea, nº 8.9. p. 215-232
12) CALVO, Luis M. et alii (2009) Historia del Instituto Español de Emigración, La política migratoria exterior de España y el IEE del Franquismo a la Transición, Ministerio de Trabajo e Immigración. 
13) PALAZÓN, Salvador (1992) “La emigración española a América latina durante el primer franquismo (1939-1959) interrupción y reanudación de una corriente tradicional”, Anales de la Universidad de Alicante: Historia contemporánea, nº 8.9. p. 215-232
14) MARÍN, Martí. (2000) Els ajuntaments franquistes a Catalunya. Política i administració municipal, 1938-1979. Lleida: Pagès Ed. 
15) SANTACANA, Carles (2000) El franquisme i els catalans: els informes del Consejo Nacional del Movimiento (1962-1971), Catarroja: Afers.

6 Comments en Desmontando el mito de los «colonos franquistas»

  1. Tiziano stoppa // 11/07/2019 en 21:02 // Responder

    Muy interesante

  2. Sara Høyrup // 11/07/2019 en 22:45 // Responder

    Excelente exposición. Es de gran importancia deconstruir las falacias nacionalpopulistas como la teoría conspirativa acerca del por qué de la migración a Cataluña.

  3. Esperança Sãnchez Lozano // 13/07/2019 en 11:44 // Responder

    Llàstima que aquestes informacions no es publiquen als mitjans d’informaciõ generalistes

  4. Juan Carlos Ferrando // 14/07/2019 en 14:29 // Responder

    Muy buen artículo, lo que cabrea es que se tenga que defender y contradecir cuestiones que cualquier hijo de de inmigración interior que como yo vivió los años sesenta es una obviedad, y que venga no se sabe quién a contradecir lo que has vivido, lo dicho cabrea. Solo una pequeña objeción a este artículo que se ha olvidado de una causa de la inmigración, evidentemente no sé su importancia y su impacto, es lo que las feministas llaman “perspectiva de género”, mi suegro llego muy niño con ocho años desde Berja (Almería) recién acabada la Guerra Civil porque para su madre era invisible continuar en su pueblo, dada su situación de madre soltera, muchas mujeres no tuvieron más remedio que emigrar para huir de la represión social de la moral imperante nacionalcatólica.

  5. El mite dels «colons vinguts a diluir la cultura catalana» no és d’ara, és antic, i el preferit de molta gent gran que s’apunta ara al processisme, crec que, en contra dels seus propis interessos. Els líders sindicals que lluitaven contra el franquisme eren la gran majoria inmigrants, con Josep Lluís López Bulla, que encara dona canya en el seu blog. Molt bon article, comparteixo al facebook.

  6. En la població rural que vaig conèixer, si que hi havia inmigració. Als anys 60, els meus pares es van traslladar de Barcelona a un poble del que era la Catalunya rural, avui un poble benestant, d’impossible accés a la vivenda pels simples mortals. Hi havia una notable inmigració, que feia feina i vivia majoritàriament a les finques del propietaris catalans. Com dius, els alcaldes eren persones arrelades al poble, la major part de vegades (amb alguna excepció) vinculades a la pagesia. A les primeres eleccions democràtiques, el 1979, es van presentar tres llistes per a elegir 9 regidors: UCD, integrada pel darrer alcalde i pagesos; CiU, de composició molt similar a l’anterior, i una llista del PSUC on vaig participar, (era molt jove) composta sobretot per inmigrants: sorprenentment en un poble tan conservador, varem treure 1 regidor, i els altres 4 i 4 (CiU, amb minoria, va obtenir l’alcaldia amb el vot del PSUC). CiU i UCD varen acabar pactant i la persona del PSUC, fent d’oposició. No cal dir com ens varen marginar. Avui, 2019, en aquest poble s’eligeixen 11 regidors, 7 d’ells en llistes independentistes, i continua havent-hi un regidor d’esquerres, del PSC.

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