Demos un paso adelante para romper con las diferencias culturales y religiosas

Todavía hoy es difícil de aceptar el concepto de identidad múltiple y plural, que consiste en adoptar la cultura y costumbres del lugar donde has nacido y a la hora impregnarte de la cultura y costumbres de tus padres o abuelos.

Nora Baños
 
 
 
iStock

iStock

Los avances de nuestra sociedad no han sido suficientes para romper todos los tópicos, estereotipos y rumores que han arraigado a lo largo de las últimas décadas en nuestras tierras, que han dificultado de forma extraordinaria el reconocimiento de la pluralidad, el diálogo interreligioso e intercultural para favorecer una mejora de la convivencia.

Si tuviéramos cifras exactas de cuántos niños, jóvenes y mujeres sufren este tipo de discriminación en nuestras tierras nos entraría un enorme escalofrío y nos daríamos cuenta de forma inminente sobre la distancia que todavía nos queda por recorrer para acabar con todas estas categorías sociales negativas.

La mayoría de personas no son conscientes de la amenaza que suponen estas diferencias para avanzar dentro de la misma pluralidad y las enormes crisis identitarias que éstas provocan a muchos jóvenes de origen diverso. Aquí son los inmigrantes, pero en el país de origen de sus padres o abuelos, son los extranjeros.

Sin contexto social, sin una tierra con la que identificarse la pregunta que se plantea es: ¿de dónde son estos jóvenes? Un proceso al que les exponemos, un estigma que les acompaña, una inmigración que nunca acaba, son inmigrantes de primera generación, de segunda, de tercera, etc. Pero, ¿cuándo dejan de serlo? A pesar de que hayan nacido y vivido toda su vida en una misma tierra. Todavía es difícil de concebir y reconocer el concepto de identidad múltiple y plural, es decir, que puedes nacer en un contexto socioeconómico determinado, adoptar su cultura, su lengua y sus costumbres y a la vez impregnarte de la cultura o costumbres de tus padres o abuelos, que son diferentes del contexto donde vives y esto no tiene que ser un factor para pasar a ser un ciudadano de primera o de segunda, sino todo el contrario, te hace un ciudadano más rico en conocimiento y con más posibilidades de respetar y reconocer al otro desde la riqueza de la diversidad.

El fenómeno de la inmigración no es algo nuevo, a lo largo de la historia ha habido grandes flujos migratorios, sobre todo para acceder al Norte global. A pesar de que en sus inicios la inmigración fue bien recibida, cuando llegó la gran recesión económica en 2008, que marcó un antes y un después sin precedentes en nuestro país, el racismo, fomentado por el miedo, la inestabilidad y los discursos de derechas para ganar el voto, aumentó notablemente. Consecuencias que estamos pagando ahora y hemos pagado a lo largo de estos últimos 10 años.

Unos derechos que se han vulnerado, una diversidad que se ha oprimido y estigmatizado, por eso hoy es muy necesario optar por medidas alternativas y preventivas, para la mejora de la convivencia y que estas no trabajen en contra de la diversidad, ni al margen de ella, sino en colaboración con esta, para poder crear sociedades con una convivencia plural satisfactoria, donde puedan haber múltiples identidades y donde se puedan reconciliar conceptos que se han ido perdiendo a lo largo de la última década, como el hecho de garantizar una igualdad de derechos para todas las personas por igual.

Nora Baños
Sobre Nora Baños

Estudiant de Ciències Socials a la UOC i membre de Comuns Federalistes. Contacto: Twitter | Más artículos

Deja un comentario.

Tu dirección de correo no será publicada.


*