De la pobreza energética en la soberanía energética

El problema parte de un modelo energético en el que las personas no están en el centro. No ver el modelo comporta no dimensionar que pobreza energética no es sólo pasar frío en invierno, sino sufrir angustia y miedo. Un modelo que desconoce que la pobreza energética mata, no debe ser el punto de partida

Xarxa per la Sobirania Energètica (Xse)
 
 

¿Qué significa pobreza energética y por qué es importante conocer y defender nuestros derechos energéticos? Parece una obviedad, pero aún hoy en día, después de casi 4 años de la aprobación de la ILP vivienda, más conocida como la Ley 24/2015, de medidas urgentes para afrontar la emergencia en el ámbito de la vivienda y la pobreza energética, estos términos aún son desconocidos para una parte de la población y, lo más preocupante, por un sector de la administración pública en particular. Mientras tanto, las personas que sufren pobreza energética son al menos el 10% de la población.

En el marco de la Propuesta Municipalista 2019, la Alianza contra la Pobreza Energética (APE), como colaboradora de la Xarxa per la sobirania energètica (Xse), plantea las siguientes propuestas: desarrollo y defensa de la Ley 24/2015; puesta en marcha de servicios municipales o comarcales de asesoramiento en temas energéticos y de suministros; garantía del derecho a los suministros en los empleos en precario.

Estas propuestas pueden parecer a primera vista obvias, ya que Catalunya dispone desde el año 2015 de una ley histórica -impulsada, por cierto, gracias al esfuerzo titánico de la sociedad civil organizada- que garantiza nuestros derechos energéticos como nunca lo ha hecho una ley hasta el momento. No obstante, parece que cuando hablamos de pobreza energética y de derechos energéticos no podemos dar nada por hecho.

A pie de calle y con mucho trabajo detrás, la incidencia que diariamente hace la APE demuestra que el actual modelo energético es una de las causas más invisibilizadas -y menos obvias- de la pobreza energética. Exigir el cumplimiento de los derechos energéticos se convierte en una tarea imprescindible cuando los poderes públicos, encargados de implementar las medidas establecidas por la ley catalana, aprobada por unanimidad por el Parlament de Catalunya, aún no han puesto en marcha los convenios con las empresas suministradoras para secar la deuda de las familias. En este contexto, es fundamental que el mundo local vele por el cumplimiento de la Ley y que impulse un frente común para exigir a la Generalitat y a las eléctricas resolver esta situación.

No se ve -o no se quiere ver- que el problema parte de un modelo energético en el que las personas no están en el centro y en el que las decisiones se toman conforme a los intereses económicos de unas pocas empresas que controlan el sistema energético. No ver el modelo conlleva no dimensionar que pobreza energética no es sólo pasar frío en invierno, sino tener dificultades para hacer frente al pago de las facturas de los suministros básicos, sufrir angustia y miedo. Y es que un modelo que desconoce nuestras vidas, desconoce también las diversas realidades que afronta una familia que no puede pagar un alquiler; desconoce que personas se ven obligadas a ocupar una vivienda y a pinchar la luz para que la eléctrica de turno no le permite contratar la luz aunque quiera, con todos los riesgos que ello conlleva.

Un modelo que desconoce que la pobreza energética mata no debe ser el punto de partida. Un modelo que desconoce que la pobreza energética no es una pobreza más, sino una realidad que nos atraviesa y nos puede llegar a atravesar a muchas de nosotras (más de lo que nos imaginamos) tampoco puede ser el punto de partida de los poderes públicos, ni tampoco el nuestro.

Así es cómo la dimensión local, municipal y comarcal que defendemos desde la Xse toma fuerza en un momento en que se vulneran constantemente los derechos energéticos, en ocasiones con la pasividad y connivencia de los poderes públicos. Creemos que las alianzas locales son una oportunidad para tejer estrategias arraigadas al territorio ya las personas que la habitan. Estas alianzas nos permiten, de hecho, aquello tan necesario que reivindicamos diariamente: la energía como derecho básico y fundamental que nos permite vernos en las vidas de quien sufre en su piel el actual modelo energético y también de quien lo combate diariamente. Construir, en definitiva, soberanía energética.

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