Cuatro años de violencia en Yemen: la guerra sigue

Yemen era un país pobre pero autosuficiente. Ahora, más de 23 millones de personas requieren ayuda, sobretodo, alimentaria. Los niños son los más afectados. Al índice de desnutrición, se suma el rebrote de cólera y hospitales completos. La situación obliga a su gente a migrar, como ha hecho Hesham Ali Al-Gawi, que ha dejado a su familia atrás

Narcisa Rendon
 
 
 
Hesham Ali Al-Gawi, un yemaní que solicitó asilo para escapar de la guerra que azota a su país

Hesham Ali Al-Gawi, un yemaní que solicitó asilo para escapar de la guerra que azota a su país

El reciente informe de la organización Médicos Sin Fronteras (MSF) sobre la situación del acceso a la atención médica de madres y niños yemaníes, hace encender las alarmas sobre la protección de los derechos humanos. 1.546 niños han muerto entre 2016 y 2018 en tan sólo dos de las veinte gobernaciones del país árabe donde MSF tiene presencia a través de los servicios hospitalarios. El dato significa sólo una muestra de la crisis sanitaria que padece su población, pero forma parte de las pocas cifras obtenidas en un territorio en conflicto desde hace cuatro años.

La Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios ha reconocido que en Yemen se vive la mayor crisis humanitaria actual. Se trata de una consecuencia del conflicto armado por la disputa de poderes entre una coalición liderada por Arabia Saudita – respaldada por el gobierno local-, y grupos hutíes que habían exigido a las autoridades una mayor participación de la rama islamisma zaidista en la gestión pública, pero cuyo argumento se ha convertido en los últimos años en su trinchera para tomar el control de ciudades como Saná, la capital.

La coalición árabe y el gobierno, por su parte, enfrentan la rebelión con explosiones y ataques aéreos, sin considerar las fatales consecuencias. La población civil, concentrada en el oeste del país, siente miedo y prefiere no salir de sus viviendas: “Los pacientes no pueden viajar debido a bombardeos y combates, y no quieren salir de noche por miedo a ser atacados. El personal (médico) prefiere trabajar un turno de noche de 14 horas que uno de día de 8 para evitar moverse de noche”, relata parte del comunicado sobre el informe de MSF.

La organización ha constatado la falta de atención médica, motivo por el cual algunos centros maternos infantiles están colapsados de pacientes. El conflicto ha empobrecido aún más a la población, que ahora sólo puede acudir a centros públicos: “antes de que se recrudeciese el conflicto en 2015, la mayoría de los servicios médicos en Yemen eran privados pero relativamente asequibles. Hoy, en cambio, la capacidad de los yemeníes para acceder a servicios de salud de cualquier tipo ha caído en picado”, sostiene MSF.

De ese escenario huyó Hesham Ali Al-Gawi, un yemaní que solicitó asilo en España este año. Sujetando la chaqueta por el frío primaveral que siente, describe la realidad que dejó, y en la que viven aún su esposa y sus dos hijos de 12 y 10 años. En Yemen no hay trabajo y no encontró posibilidad alguna de buscar en países vecinos algún oficio que le permitiera mantenerse él y su familia, y luego regresar. Antes de la guerra, podía trabajar sin problemas en Libia. Ahora hay escasez de agua, de electricidad, y de alimentos. La ayuda externa que llega por busques o aviones ha logrado evitar mayores catástrofes, pero no siempre hay facilidades para ingresar los alimentos.

En Yemen permanece inhabilitado el único aeropuerto comercial que operaba, bajo la decisión del gobierno y sus aliados saudíes. Por eso, Hesham se trasladó hasta Arabia Saudita, donde tomó un vuelo con destino a Mauritania. Aquél fue su segundo punto para llegar a España. Después tuvo que atravesar Malí, Argelia, Marruecos, conectando cada país a través de personas que se dedican a guiar a migrantes y trasladarlos en camiones o buses. Su penúltimo destino fue Melilla, donde presentó su pedido de protección internacional. Luego, la Cruz Roja facilitó su traslado hasta el lugar donde habita ahora, junto otros solicitantes de refugio.

Hesham intenta a diario comunicarse vía telefónica con su familia, pese a que no siempre las condiciones de energía de allá lo permiten. Sostiene que ellos no viajaron junto a él por la complejidad del trayecto que demanda llegar a suelo europeo.

Hospitales enteros han sido bombardeados en Yemen, comenta. En febrero pasado el hospital público de Abs, ubicado en el noroeste del país, fue atacado con bombas en medio del recrudecimiento de los combates. En el lugar se atendía a pacientes de cólera, una enfermedad que ha rebrotado a raíz de la crisis sanitaria. Médicos Sin Fronteras alerta que en el primer trimestre de 2019, los casos por esta enfermedad pasaron de 140 a 850 por semana en las provincias de Amran, Hajjah, Ibb y Taiz. Las personas tardan hasta 24 horas, cuando antes tardaban hasta cuatro veces menos, en llegar a los hospitales públicos, luego de tener que negociar el acceso con grupos armados.

El trasfondo de la guerra se remite a la participación de Arabia Saudita. La ubicación geográfica de Yemen, y su categoría económica-la más pobre de la península arábiga- supone que la gran potencia petrolera utilice su espacio para el comercio del crudo, que podría cargarse desde el puerto yemaní de Adén, a través de un oleoducto que atraviese el país. Así lo han denunciado los expertos que siguen el tema desde el terreno. Poca información existe sobre la trama detrás del conflicto, incluso menos de aquella que menciona a los que lo incentivan.

Sobre vetos, beneficios y geopolítica

Cuando entran en juego los negocios por los recursos naturales, la historia ha demostrado que en las pugnas, lo que menos se garantiza es la paz de la población civil. En lo que respecta a este conflicto, el beneficio no sólo incluye a Arabia Saudita, sino también a sus socios comerciales, lo que justificaría el poco éxito por detener la guerra, que básicamente ha consistido en llamados de atención y no sanciones.

Estados Unidos, socio comercial de Arabia Saudita, mantiene tropas en ese sector para derribar a los rebeldes. Hace un mes, el presidente estadounidense Donal Trump vetó el proyecto de resolución del Congreso que buscaba parar la ofensiva del ejército estadounidense en Yemen en un plazo de 30 días. La respuesta de Trump fue que la “resolución es un intento innecesario y peligroso de debilidad (…) poniendo en peligro las vidas de ciudadanos estadounidenses y miembros valientes del servicio tanto en la actualidad como en el futuro”. EEUU es el país que más dinero utiliza para mantener su estructura militar en el mundo-un 36% del gasto mundial.

Europa, por su parte, mantiene responsabilidad en el entorno arábigo. Organizaciones como Oxfam Intermon, Greenpeace o Amnistía Internacional han denunciado el comercio de armas con destino a Arabia Saudita. En el plano político, en España, las ONG han solicitado a los ayuntamientos que soliciten al Gobierno el cese de las ventas a ese país. En lo ciudadano, se intenta ampliar la sensibilidad sobre el tema. En Sant Cugat del Vallès, el próximo 23 de mayo será la presentación del documental La guerra empieza aquí que relata aspectos sobre este controvertido tema.

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