“Cualquier hombre ‘progre’ te dirá que no es machista pero, ¿y si rascáramos un poco?”

Julia Sousa acaba de publicar 'Sexismo. La violencia de las mil caras ', un libro sobre feminismo que también apela a los hombres, para hacer visibles "realidades que son incómodas para muchos, para aquellas mujeres que creen que nunca les pasará y para los hombres que aseguran que nunca no lo harán "

Sandra Vicente
 
 
 
Julia Sousa

Julia Sousa

Julia Sousa es periodista. Es de aquellas personas definidas en gran medida por su profesión y, para Sousa, ser periodista es lo que te define cuando te mueves por la calle, cuando escuchas conversaciones, cuando hablas y cuando dibujas las calles de tu ciudad en base a recuerdos de historias que ya has explicado. Ella sabía, ya de pequeña, que acabaría siendo periodista y por eso “tuve que aguantar de todo”, dice. Por ser mujer y por ser joven en una profesión en la que todavía reina el machismo.

“Teníamos que demostrar cualidades que a los hombres se les presuponen”, explica, recordando sus primeros años. Ya décadas después, hablamos de sus años de lucha para superar la brecha salarial, para hacerse un lugar en las páginas de Local y, en definitiva, para empoderarse. “Las mujeres de mi generación tuvimos que luchar mucho”, asegura, reconociendo que, en vista del retroceso que está habiendo, que obliga a que el feminismo saque pecho de nuevo, “también puede que falláramos y no dejáramos aquella lucha tan afianzada como pensábamos”.

En estos momentos convulsos, con agresiones sexuales impunes ante la justicia y partidos como VOX acechando las puertas de las instituciones, Sousa publica el libro ‘Sexismo. La violencia de las mil caras’ (Fundación Periodisme Plural y Editorial Octaedro, 2019), que se presentará el día 7 de marzo en el Col·legi de Periodistes. El texto es un documento raso sobre la violencia “que creemos que conocemos pero no es verdad”. Un libro dirigido a mujeres, pero también a los hombres, sobre todo a aquellos que juran y perjuran no ser machistas. Un texto para confrontarlos con su masculinidad y que “dejen de tener miedo del feminismo”.

El libro tiene una historia bonita detrás. En un momento en que, desgraciadamente, el feminismo debe sacar pecho de nuevo, una mujer anónima sintió que tenía que hacer algo. Puso en marcha un mecenazgo para un libro que explicara desde la base conceptos que tal vez creemos asumidos, pero que tal vez no lo están tanto

Es Carme Badia, no la conozco mucho, pero es una mujer muy vital que, con 85 años no se quiso quedar de brazos cruzados. Es puro nervio y siempre insiste en que quiere hacer algo para la igualdad de las mujeres. Ella no habla de feminismo.

Es frecuente que en mujeres de esa edad no se hable de feminismo, sino de igualdad. Evitan definirse como feministas aunque sus posturas coincidan. ¿Todavía hay un cierto rechazo al término?

Hablaría más bien de pudor. Posiblemente porque las feministas que se han dado a conocer son muy bravas. Y entiendo por qué lo hacen. Pero hay mucha mujer que no quiere que se la ponga en este segmento, aunque debemos entender que si no tuvieran este discurso tan contundente, no se hubiera hablado de ellas. Deben ser llamativas. Y hay muchas mujeres como ella que, a pesar de no quererse involucrar en el feminismo, creo que son grandes feministas.

Estamos en un momento en que el feminismo ha tenido que significar mucho y eso supone un gran desgaste para las mujeres que están ahí. Hay encausadas por las huelgas del año pasado y hay mucho acoso, virtual y físico, pero si no fuera así, sólo se hablaría de las mujeres cuando nos matan o nos violan.

Cristina Fallarás es un gran ejemplo. A veces puede ser un poco ‘brutota’ en las formas, pero ha hecho unas campañas que son espectaculares. Sólo mujeres como ella pueden arrastrar a las masas. En cambio, hay grandes estudiosas del tema, como Ana de Miguel, que hacen trabajo fantástico, pero tienen un tono más suave. No gritan y, por tanto, no son conocidas por el gran público. Creo que ambas estrategias son válidas y, es más, se complementan.

Este es un problema del patriarcado, que nos quita la voz y la hemos de tomar a gritos. Tú que has sido periodista en grandes cabeceras desde hace años, ¿cómo se ha hablado de las mujeres y cómo se les ha dado voz?

El periodismo ha sido una profesión muy machista durante muchos años. Las redacciones eran de hombres en su 85% y denunciar el acoso era impensable, básicamente porque no se consideraba que existiera. Si lo contabas al comité de empresa, al jefe o a los compañeros, automáticamente te decían que aquello no se podía saber. Mi primera redacción fue la del Tele/eXprés y no había mujeres. Yo era la única becaria. Era la “niña”.

Tengo la impresión de que si preguntamos por la calle por nombres de periodistas, con los hombres saldrán grandes firmas, pero en el caso de las mujeres se destacarán grandes carácteres que se han significado por sus intervenciones a nivel público más que por su trabajo. Hablo de personas como Maruja Torres o la misma Fallarás

Es que tenías que tener carácter. Si no, no te abrías camino. Tenías que demostrar casi mala hostia. No querían “flojas”, te decían que si no tenías “cojones” te enviarían a moda o a ‘ecos de sociedad’. Te tenías que ganar el derecho a hacer información diaria tragándote de todo o te echaban al tercer día.

Recuerdo mi primera prueba de fuego, que me la hizo Huertas Claveria. No confiaba en mí porque era una ‘niña’. Para mi primer reportaje de Local me envió a una redada policial en la Rambla de les Flors a las dos de la madrugada. Tuve la suerte de ir con Pau Oliva, un fotógrafo muy curtido. Era invierno y no había ni Dios en la calle, así que fuimos a un bar a esperar. En esto que comienza una pelea entre dos hombres a cuchilladas y uno de ellos termina muerto, a mi lado, y yo toda llena de sangre. Oliva me sacó de allí a toda prisa diciéndome que teníamos que cubrir la redada, que el muerto “no se movería de allí”. Así que fuimos con la policía y luego volvimos al bar. Yo llegaba a la redacción a las seis de la mañana -todavía llena de sangre- y ponte a escribir.

Este fue mi primer reportaje. Años después, Claveria me dijo que lo había hecho porque necesitaba saber si yo tenía “cojones”. ¿Crees que es normal? No pienso que se lo hubiera hecho a un becario hombre. Tenías que demostrar que no te pondrías a llorar, tener ovarios -aunque yo prefiero decir carácter, porque no me gusta el lenguaje grosero de los hombres que siempre hablan de los cojones.

Las mujeres de mi generación nos hemos tenido que demostrar constantemente, yo me lo he comido porque siempre he tenido claro que quería ser periodista. Pero los hombres no han tenido que pasar por todo esto. Ahora, pasados los años, veo que quizá no supimos defender la profesión.

Ahora, las mujeres periodistas se significan de otras maneras. El movimiento de ‘Las periodistas Paramore’ fue de los más potentes de la huelga del 8M del año pasado y expresiones como ‘Los Viernes Negros’ de RTVE en el que las mujeres tenían un papel importante, parece que ayudan a visibilizar la situación del gremio.

Hay que dignificar la profesión, ya que nadie escribe reportajes sobre nosotras. La mujer periodista es de las profesionales que más ha sufrido el machismo. Los que no están en la profesión no se imaginan las calamidades que hemos tenido que sufrir. Muchos amigos míos alucinan, porque la concepción que se tiene del periodismo desde fuera es que es una profesión muy liberal, divertida … y no lo es. Es machismo puro y duro, con muchas mujeres a menudo haciendo de floreros.

El libro ya está a la venta. ¿Cuál es el objetivo que tienes?

Debe ser un libro para hombres y para mujeres. Hablamos mucho de las víctimas, pero debemos focalizar también en los agresores: ¿por qué se convierten en agresores y qué estamos haciendo al respecto?. Siempre dejamos de lado a los hombres en estos debates; no debemos interpelar tanto a las mujeres para que se defiendan, sino que tenemos que hacer entender a los hombres que, en su mayoría y en un grado u otro, son machistas. Siempre que hablas con un hombre ‘progre’ te dice que él no es machista. Todos igual. Y quizás si rascáramos un poco …

Del mismo modo que las mujeres pensamos ‘a mí no me pasará nunca’, los hombres piensan ‘yo no lo haré nunca’. Pero al igual que nosotras somos víctimas potenciales, los hombres son agresores potenciales. Y esto se explica porque desconocemos qué es y hasta dónde llega la violencia de género. Pensamos que sólo es el asesinato o una mujer a urgencias. Pero la violencia es más que eso.

Así lo cree gran parte de la población. Las personas que tienen una visión más compleja la tienen gracias a toda la formación y círculos feministas que, a veces, ya sea por estética o por discurso, acaban convirtiéndose en autoconsumo. ¿Has intentado interpelar a todo el mundo?

Hay mucho miedo al feminismo. A los libros sobre feminismo escritos por mujeres. E intento que, sobre todo los hombres, entiendan que con estos textos no se les quiere fustigar. Sólo se trata de un retrato de la situación, con hechos reales y comprobables y, a partir de ahí, que cada uno se lo lea y se mire a sí mismo. Otro amigo me dijo que no pudo terminarlo, que le dolía lo que leía, pero es la realidad.

Explico hechos e historias como la de un psicólogo público de la Ciudad de la Justicia que explica que una mujer víctima de violencia de género, con terapia, tarda entre 12 y 14 años en recuperarse. Cuando terminé el libro aún no había salido VOX, pero son estas figuras como la del psicólogo público las que se quieren cargar. Pero ¡estas políticas no son nuevas! En el libro dedico mucho espacio al PP, a explicar cómo, durante 12 años, fue recortando sin hacer ruido un sinfín de políticas de igualdad sin que nadie dijera nada.

Llevamos años sufriendo violencia en las calles y recientemente ha aparecido el caso de la Manada que nos da pie a visibilizar-la. Igualmente, hace años que padecemos machismo político y ha tenido que venir VOX para convertirlo en un debate público. ¿Qué crees que pasará con estos catalizadores?

Pues espero que sirva para despertar a todas aquellas personas que todavía están dormidas. En especial mujeres que tienen asumidos ciertos derechos y que no ven que podemos volver a 40 años atrás, cuando no teníamos nada. Lo que tenemos ahora no es perfecto, ni mucho menos, pero al menos puedo denunciar a mi agresor. En este sentido, creo que las mujeres de mi generación hemos fallado. Hemos luchado mucho, pero no lo hemos afianzado. El retroceso está siendo clarísimo.

Y se nota en los hombres, pero también en las chicas jóvenes, que están perdiendo este empoderamiento. Los psicólogos con los que he hablado por el libro me lo han confirmado. Me hablan de niñas, de 14 o 15 años que reproducen roles que las mujeres dos generaciones mayores que ellas ya no reproducían. El amor romántico, los roles de género, la pareja y la familia como únicas aspiraciones vitales … Yo estaba muy contenta, pensando que os habíamos dejado un panorama un poco mejor.

Uno de los grandes problemas son los referentes de la cultura popular, que no cambian al mismo ritmo que las reivindicaciones sociales. Programas como Mujeres, Hombres y Viceversa -que tuve que ver, a disgusto mío porque hablo de él el libro- llevan ocho años en antena y son vistos por adolescentes. En estos programas no se resalta más que el físico, la conquista amorosa como una lucha entre mujeres, cargándose cualquier tipo de sororidad … una destrucción de la autoestima y un sometimiento a los hombres.

Estos psicólogos me han hablado de niñas que reproducen estos estereotipos, que se los creen y, como consecuencia, se dan casos de violaciones sistemáticas por parte de parejas amorosas sin detectar ni siquiera que han sido violadas. Estas violencias les parecen normales y parte aceptable de una relación de pareja. Y no debemos olvidar que son niñas, no mujeres como ellas se creen. Son -o deberían ser- niñas pero el sistema ya las obliga a ser mujeres.

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