Cooperativas en las aulas: una herramienta para la conciencia social y el empoderamiento

En Cataluña hay 110 cooperativas de alumnos repartidas en 41 centros educativos. Son organizaciones de estudiantes que, además de despertar el espíritu emprendedor, también fomentan una conciencia social y colaborativa

Sandra Vicente
 
 
 
Membres de la cooperativa d'alumnes VerduraIM mostrant la collita | SANDRA VICENTE

Membres de la cooperativa d'alumnes VerduraIM mostrant la collita | SANDRA VICENTE

Las fábricas textiles del Parc de l’Espanya Industrial, la Lleialtat Santsenca, las uniones obreras por el carbón de la Plaza Osca o La Nova Obrera son testigos aún vivos de la historia cooperativa del barrio de Sants de Barcelona. Este legado colaborativo se ha conservado hasta hoy, con varias cooperativas de consumo, de vivienda o de trabajo asociado, convirtiéndose en una alternativa económica y asociativa que se extiende por la ciudad. Y por las aulas. Y es que de las 680 cooperativas de Barcelona, 20 están dedicadas a la enseñanza, según el informe  Economía Social y Solidaria en Barcelona ,  elaborado por La Ciutat Invisible en 2016.

Sí bien el 10% de las escuelas catalanas son cooperativas, el asociacionismo y la organización de trabajo horizontal no es sólo algo que los alumnos vivan de manera pasiva, sino que también pueden ser los protagonistas e impulsores. Las cooperativas de alumnos, presentes en varias escuelas públicas, concertadas y cooperativas, suman a día de hoy 110 asociaciones repartidas entre 41 centros. Estas asociaciones de alumnado están acogidas desde hace dos años en el Alumnes.coop , dentro de la Federación de Cooperativas de Enseñanza de Cataluña ( FECEC ).

Una de estas cooperativas de estudiantes bebe directamente de la historia asociativa de su barrio y ha hecho de la tradición Santsenca parte de su identidad. VerduraIM, la agrupación de estudiantes de más reciente creación de la escuela cooperativa Institució Montserrat, ha convertido a sus alumnos de tercero de primaria en unos expertos en el asociacionismo de consumo. Los pequeños de 8 y 9 años suben a la hora del patio en pequeños grupitos al huerto que se encuentra en la azotea de su escuela a cuidar de sus verduras. Pero no se trata sólo de regar, quitar las malas hierbas, plantar y cosechar, sino que estos jovencísimos socios cooperativistas controlan las finanzas de la asociación, a cuánto va el precio de mercado de las verduras, realizan actos de asambleas coordinadas por una junta directiva, aaben elaborar estatutos y definir a la perfección qué es el capital social.

“Cada uno de nosotros hemos aportado un euro y medio a la cooperativa. Un euro era muy poco, pero sabemos que dos pueden ser demasiado para algunos compañeros, sobre todo porque no queríamos que el dinero fuera de los padres, sino que la inversión debía ser nuestra”, explica solícito Guillem, vocal de tesorero, cuando se le pregunta por los comienzos de VerduraIM. Este es el segundo año de esta cooperativa de verduras, que son cultivadas y vendidas por los alumnos en la puerta de la escuela a un precio acuerdo a un estudio de mercado previo que han realizado por las tiendas del barrio, dando posteriormente los beneficios a dos ONGs elegidas por los socios: la Casa de los Xuklis y MSF.

Membres de la cooperativa d'alumnes VerduraIM cuidant l'hort | SANDRA VICENTE
Membres de la cooperativa d’alumnes VerduraIM cuidant l’hort | SANDRA VICENTE

Las cooperativas de alumnos, un aliado transversal al para afrontar el currículo

“Esta iniciativa es una manera de acercarse a los valores cooperativistas que impregnan su barrio, la responsabilidad que tienen es real: la toma de decisiones es controlada por la asamblea y la junta, que ha sido elegida entre los propios compañeros, sabe que tiene responsabilidades sociales que cumplir “, explica Cristina Pereda, tutora de tercero, mientras suben todos los alumnos del curso, una vez acabado el patio, para celebrar una asamblea conjunta. Se sientan en círculo y June, presidenta de VerduraIM, junto con sus seis compañeros de junta, da por comenzada la reunión.

Carla se erige ante los asistentes a la asamblea y empieza a leer bien fuerte los puntos del día. Se aprobará reembolsar el dinero adelantado por los maestros para comprar herramientas para la labranza o decidir si se quieren dejar plantadas semillas de mostaza para que el próximo año el suelo tenga más minerales. Y es que el curso se acaba, y con él la experiencia de los chicos y chicas de tercero con VerduraIM, ya que serán los que ahora están en segundo quienes se harán cargo. “Y tenemos que dejar la tierra bien preparada y un huerto bonito para los que vengan”, argumenta Carla, defendiendo la moción de las semillas de mostaza. Al final, una cooperativa no es sólo que sepan de acelgas, sino que conozcan la importancia de trabajar juntos y la cooperación y, además, “resultan una organización y metodología muy útil a nivel educativo y pedagógico”, considera Joan Segarra, Director de la FeCEC.

Y es que los alumnos de la Institución Montserrat trabajan las mates cuando calculan los volúmenes de abono o de agua para regar, abordan la biología cuando hablan de la polinización de las plantas o estudian los insectos que se encuentran en el huerto y, además, enriquecen su vocabulario con el nombre de los utensilios o las verduras. “Las cooperativas pueden se vincular fácilmente al currículo pero también van más allá. Lo bueno de este método pedagógico es que está basado en la experiencia vivencial y en la transversalidad. No son conceptos de un libro sino que ellos tienen una responsabilidad en el funcionamiento de un proyecto que es suyo, no impuesto “, considera Segarra.

Estudiants de l'Àusias March que han format cooperatives d'alumnes | SANDRA VICENTE
Estudiants de l’Àusias March que han format cooperatives d’alumnes | SANDRA VICENTE

De la cooperativa como método pedagógico a un experimento laboral

Otro de los objetivos de las cooperativas de alumnos, según Segarra, es que el mundo asociativo no sea extraño para los jóvenes y que la opción laboral cooperativa no sólo no les sea ajena, sino que sepan cómo “resolver conflictos, compartir trabajo, fracasos y éxitos “. Y precisamente este espíritu emprendedor alternativo al perfil clásico es lo que llevó al Instituto Ausiàs March a iniciar este año cooperativas de alumnos en los primeros cursos de los grados superiores de DAM, ASIX y DAU.

“Los profesores del centro ya hace un par de años que queríamos introducir experiencias más vivenciales en el centro que hagan a los alumnos los protagonistas del aprendizaje”, explica Ana Sandoval, responsable del Área de Formación y Orientación Laboral del Instituto Ausiàs March. La idea de vehicular las enseñanzas del grado a través de la creación de una cooperativa -proyecto que cuenta el 50% de la nota- fomenta “el espíritu emprendedor de los alumnos, no para que monten su propia empresa, sino para que aprendan a tener iniciativa en su día a día y que participen de la comunidad “, opina Sandoval.

Así, desde principio de curso los tres grados trabajaron en tres cooperativas diferentes a través de la formación del profesorado y el asesoramiento de ARACOOP. Los proyectos resultantes fueron la organización de un talent show para los alumnos del centro, una cooperativa de grabación y edición de vídeos y una plataforma de  templates  gratuitos para páginas web. “Empezamos con muchas ganas, pero nos pusimos objetivos demasiado altos”, explica David, del grupo creador de  Damsix . En lugar de diseñar una página con diferentes plantillas para webs, la idea inicial era crear una plataforma con minijuegos. “Pero todavía no teníamos los conocimientos informáticos necesarios”, se lamenta, aunque el web resultante funciona y tiene visitas.

Asimismo les pasó al grupo que trabajaban para la edición de vídeo. La falta de conocimientos audiovisuales generó un desgaste en el grupo: “nuestro presidente dimitió y el grupo quedó bastante fragmentado y no fuimos capaces de llevarla a cabo”, comenta Cristian. Aun así, aunque las cooperativas de esta prueba piloto no dieran resultado, los estudiantes extrajeron conocimiento sobre cómo “desarrollarse en las dificultades de la vida real: tener que llevar a cabo un proyecto con gente que no conoces, ponerse de acuerdo, repartirse roles … “, comenta Sandoval.

Assemblea d’alumnes de la cooperativa VerduraIM de l’escola Institució Montserrat | SANDRA VICENTE

Assemblea d’alumnes de la cooperativa VerduraIM de l’escola Institució Montserrat | SANDRA VICENTE

Los estudiantes de estos grados superiores han podido ver las alternativas laborales que ofrece el trabajo por cuenta ajena y, aunque afirman que, hoy por hoy, no les interesa ser autónomos ni socios cooperativistas, afirman que lo han descubierto gracias a la cooperativa de alumnos. “Hemos aprendido a ser realistas y a marcarnos metas según nuestros conocimientos. No debemos ser pretenciosos y, por ello, ahora nos toca estar en una empresa y aprender, para luego poder plantearnos si formamos una cooperativa, ya sabiendo lo que supone “, afirma Adrià.

Así, mientras este grupo de cooperativas de alumnos tiene todo el verano para valorar su primera prueba piloto y debatir si continuarán el próximo año, el proyecto de la Institució Montserrat está más que afianzado. Durante los últimos minutos de la asamblea organizada en la azotea del centro empieza a llover y los niños se afanan en cerrar los últimos puntos. Toca despedirse del huerto y legarlo a los niños y niñas que el próximo año harán tercero. Pero esto no significa que estos horticultores se queden sin cooperativa el curso que vendrá. “Seguro que crearemos otra, decidiendo todos juntos la temática”, asegura Jan.

Y es que la organización del grupo a través de la cooperativa se ha convertido en una manera de entender la relación entre los alumnos. “La cooperativa, para nosotros es fuerza, confianza y seguridad. Nuestra cooperativa son 54 valores, uno que aportamos cada uno de nosotros y un último que lo formamos todos juntos “, sentencia June.

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