Joan Manuel Tresserras | Profesor de Historia y Políticas de la Comunicación de la UAB y presidente de la Fundación Irla

«Contra la escalada represiva: más compromiso y más militancia»

Joan Manuel Tresserras es profesor de Historia y Políticas de Comunicación de la Universidad Autónoma de Barcelona, preside la Fundación Irla, fue consejero de Cultura y Medios de Comunicación en el segundo tripartito de izquierdas del gobierno de la Generalitat y sigue el proceso independentista en primera línea, aunque él se considera más analista y teórico que activista

Siscu Baiges
 
 
 

Joan Manuel Tresserras es profesor de Historia y Políticas de Comunicación de la Universidad Autónoma de Barcelona, ​​preside la Fundación Irla, fue consejero de Cultura y Medios de Comunicación en el segundo tripartito de izquierdas del gobierno de la Generalitat y sigue el proceso independentista en primera línea, aunque él se considera más analista y teórico que activista. En pleno proceso de elaboración de la entrevista llega la noticia de la marcha de la secretaria general de ERC, Marta Rovira, al extranjero y las nuevas decisiones del juez Pablo Llarena sobre los dirigentes independentistas. «Todo el afecto, complicidad y agradecimiento. Desearles mucha suerte y ponernos a su disposición «, dice.”Contra la escalada represiva hace falta más compromiso y más militancia”, añade.

¿Cómo valora el proceso que nos ha llevado donde estamos ahora? ¿Se han hecho las cosas bien o no?
Se ha hecho bajo presión y bajo represión, que no son las condiciones que habríamos elegido. El balance es muy positivo pero también es verdad que muestra algunos errores importantes de apreciación, análisis y también, probablemente, políticos. El balance es muy positivo sustancialmente porque respecto a diez años atrás heredamos la aparición en Catalunya de una nueva cultura política con vocación de convertirse en una corriente central que no es el catalanismo de las élites de inspiración más o menos burguesa sino que es la expresión del surgimiento en el centro de la política y de la sociedad catalana de un bloque histórico nuevo, sin complejos, constituido fundamentalmente por las clases trabajadoras ilustradas, las clases medias, colectivos profesionales, gente emprendedora…

Este bloque ya no está dispuesto a seguir lo que dicen las clases dirigentes tradicionales, se da cuenta de que estas clases no tienen ningún proyecto de modernización y emancipación del país. Es un estado hecho de abajo arriba que no se concibe como los estados-nación de la burguesía. No se quiere hacer la nación desde el estado sino el estado desde la nación. Es concebir el estado no como un instrumento en manos de una minoría para dominar a la mayoría sino todo lo contrario: el blindaje institucional de los derechos y las libertades de la mayoría.

¿Estamos ante un proyecto identitario?
No. Se reivindican derechos históricos y un espacio histórico político determinado -Catalunya o los Països Catalans– para que las clases populares puedan construir su propio modelo de distribución social del poder y se reconozcan diversas y complejas internamente. Esta mezcla, este mestizaje es el punto de partida de la construcción nacional. La construcción del estado es la forma de adaptación de las viejas tradiciones nacionales a una nueva nación global, en un espacio acomodado a las exigencias de la globalización. Nunca más habrá en Catalunya una sola identidad nacional, un solo sistema de creencias, un solo sistema de valores…

Se ha construido una cultura política que es más avanzada y progresista que la que había antes de la crisis. Hay mucha gente que se ha encontrado a gusto en el activismo político, en la movilización, se ha desacomplejado y ha adoptado una actitud republicana. Participar no es ir a votar de vez en cuando sino intervenir en reuniones, encontrarse con la gente, movilizarse, aprender técnicas de expresión no violentas, dirigirse a los medios de comunicación, auto-organizarse… Se ha hecho un autoaprendizaje que no se perderá. Ha habido mucha gente de una cierta edad, jubilados y gente en el paro, pero finalmente se ha incorporado mucha gente joven, que ha hecho su educación sentimental durante el proceso. Esto tiene un horizonte de 30 o 40 años donde estará presente y formará parte de la biografía íntima de mucha gente.

¿Se proclamó la República sin tener suficientemente pensado el siguiente paso? ¿Se quiso ir más rápido de lo que recomendaba la prudencia?
Es muy difícil decir cuál debía ser el siguiente paso porque no se sabía qué paso se podía dar primero y cuál sería la reacción del Estado. Era muy difícil prever que podía pasar el 1 de octubre. El Estado hizo algo una cosa por la mañana y otra diferente por la tarde. Si Puigdemont, el día 4 dice que se ha ganado el referéndum y que, consciente de las limitaciones de la votación pero que demuestra una tendencia clara, hace una declaración de abrir el período hacia la constitución de la república, hubiera tenido un millón de personas en la calle celebrándolo y podría haber convocado elecciones de carácter constituyente. ¿Qué habría hecho el Estado?

La hipótesis es que habría entrado con los tanques y reprimiéndolo todo, pero no lo sabemos. Es un proceso nuevo. Lo que se está haciendo aquí no se ha hecho en ninguna parte. En ningún lugar de Europa, una mayoría de gente pacíficamente y democráticamente, en condiciones normales -no en medio de una crisis, al final de una guerra mundial o del derrumbe de un imperio- ha creado un proceso para empoderar una parte importante de la sociedad que decide que quiere asumir el protagonismo político y construir un nuevo orden a partir de la república, blindar derechos y libertades y conseguir la independencia respecto del Estado de procedencia.

¿Se creía que el Estado español se avendría a negociar?

Una de las ingenuidades políticas fue calcular que en algún momento del proceso la presión interna en Catalunya y la internacional serían tan fuertes que el Estado se avendría a negociar. Cuando el Estado no negocia y sólo reprime ya ha perdido. Catalunya no formará nunca más parte del Estado-nación. Hay millones de personas en Catalunya que, simplemente, no nos sentimos españoles y no nos lo sentiremos nunca. Si te han dado caña, y metido a gente en la prisión, quien te tiene que convencer lo tiene muy mal. No nos convencerán. Somos una colonia, somos esclavos. Nos han perdido para siempre. Lo más grave es que el Partido Socialista, que representa que son de izquierdas y hace unos años defendían el derecho a la autodeterminación, lo ha apoyado.

¿Se esperaba que el Partido Socialista actuara de otra manera?

Me consta que hubo reuniones al más alto nivel -algunas ayudé a que fueran posibles a través de amigos- y había el compromiso de que el PSOE no apoyaría el artículo 155, en ningún caso.

Ahora estamos peor que hace unos meses. En vez de ser independientes tenemos una autonomía gobernada desde Madrid por el PP.

Coyunturalmente estamos peor porque los derechos y libertades no son respetados. No podemos hablar libremente por teléfono. Sinceramente, no me imaginaba que esto pudiera ocurrir. Me equivoqué en el análisis. No tanto en la respuesta de la gente de Catalunya sino en la del Estado. Me ha sorprendido lo fácil que alguna gente de Catalunya compra el relato de que el Estado actuaba de acuerdo a la legalidad. Hitler también actuaba de acuerdo con la legalidad. Tengo la apreciación de que vivimos como en tiempos anteriores, con la diferencia de que entonces sabíamos que el Estado era muy débil y ahora sabemos que el partido del gobierno es débil, que no es lo mismo que la debilidad del Estado. Me he de acusar de ingenuidad y también al proceso. El crecimiento, el empoderamiento y la sensación de comunión en las grandes movilizaciones fueron tan rápidos y potentes que, en algunos momentos, se perdió la perspectiva de que había otra gente en Catalunya que continuaba sintiéndose muy alejada de todo esto.

¿Se imaginaba que Ciudadanos fuera el partido más votado el 21D?

Que, después del 1 de octubre, haya gente de clases populares de Catalunya que se habría beneficiado con una transformación radical, el advenimiento de la república y la construcción de un modelo social batallador con las desigualdades, que termine votando formaciones cómplices de la represión te hace pensar mucho. Por mucha colonización televisiva que tengas, la gente que vive aquí vio las imágenes y conoce gente implicada en el proceso. Son gente buena, que, para recuperar su espacio de confortabilidad, vota formaciones que prefieren reprimir que dejar votar. Se tiene que analizar bien y ver porque todavía hay gente tan refractaria e impermeable.

Por otra parte, tras la represión ha habido algunos sectores dentro del proceso, los más conservadores, que han vuelto a rescatar banderas identitarias. El proyecto unionista es identitario y hay gente que replica con el mismo lenguaje y eso retrasa el proceso. Hay gente haciendo esfuerzos, como ‘Súmate’ y otros colectivos que intentan ampliar el círculo y hacer evidente que esto no se hace para unos cuantos sino para todos. Pero después, dentro del círculo, hay gente que con sus actitudes expulsan a los que no son como ellos, al presentarse como la quintaesencia de la catalanidad. Esto ha pasado siempre dentro del campo del catalanismo. Los sectores más puretas, más intransigentes y envanecidos de sí mismos lo envíen todo al traste. Son una coartada perfecta para los demás. Si ellos lideraran el proyecto yo no estaría en él.

Joan Manuel Tresserras | Professor d’Història i Polítiques de la Comunicació de la UAB president de la Fundació Irla / SISCU BAGES

¿La sociedad catalana está dividida porque el apoyo al independentismo ha crecido mucho y ahora tenemos media Catalunya que es independentista y media que no lo es?

No. Tenemos una sociedad muy compleja. La gente puede vivir, tiene sus circuitos, sus grupos, sus vínculos,… Son mundos que se cruzan, con un trato personal de respeto, con múltiples variantes y variables, entre familias, vecinos, municipios,… cuando se ha acelerado la polarización política, la gente se ha ido quedando en el ecosistema más próximo y confortable. Y ha habido sectores que se han alejado. Entre los que ponían la bandera estelada y los que ponían la española en el balcón se planteaban unas distancias que hay que abordar. Cuando aparecieron muchas esteladas en los balcones había personas que no la ponían, aunque eran partidarias de votar o, incluso, de la independencia, porque les daba miedo la hipertrofia simbólica. Cuando un movimiento está creciendo los símbolos son una forma de exhibir públicamente tu desacomplejamiento y tu fuerza pero, si ganas, la hipertrofia simbólica hay que irña desmontando porque en caso contrario puede ser la semilla de un nuevo esencialismo. Una cosa es reivindicar una situación homologable con otros países, naciones, comunidades o pueblos y otra es la hipertrofia: acabar como los americanos que tienen la bandera incluso en el baño.

Mucha gente se sorprende de que no haya habido más incidentes violentos entre independentistas y no independentistas
El 1 de octubre había quien aplaudía a los que iban a votar con banderas españolas. En algunas manifestaciones iban juntas personas con banderas españolas y esteladas. Cuando parecía que entrábamos en una vía de normalidad llega la represión y esto obliga a alinearse con los que reciben o con los que reparten mamporros. Esto delimita campos. No hay fractura social. La fractura social es el 1 de octubre y una causa judicial que envía a todos a la cárcel.

Se proclama la independencia con el apoyo de una mayoría ajustada del Parlamento que representa menos del 50% de los votos emitidos en las elecciones.

La calidad del mandato democrático no la sabemos porque no nos han dejado votar. La convocatoria para medir esto era el referéndum. El 1 de octubre no hay manera de obtener garantías y eso retrae a mucha gente. Mucha más habría ido a votar en un referéndum con garantías. Con una mayor participación habría bajado el porcentaje del SI pero si el Estado hubiese creído que no habría una mayoría por la independencia ya habríamos votado. No saberlo condiciona a los partidarios de construir la república. Ahora tenemos garantizado un 47%-48% de independentistas. ¿Esto significa que no puedes hacer nada? No. Los otros tienen menos y al día siguiente todavía estamos en España. Pero tampoco puedes echarte al monte. ¿Qué mayoría hay? Una de las lecciones del proceso hasta ahora es que el independentismo para poder sacar adelante la construcción de la república necesitará demostrar que tiene esta mayoría, este mandato democrático, y, probablemente, vista la actitud del Estado, lo deberá demostrar varias veces. No bastará con una sola vez.

¿Hacer más de un referéndum?
O con nuevas mayorías parlamentarias. Tienes que poder hacer el referéndum y en unas condiciones homologables. Es muy claro que el Estado no lo dejará hacer. Y en la medida en que perciba que los datos le son desfavorables aún se opondrá más. El Estado sólo lo hará si se ve forzado a ello. La mayoría se debe mostrar y demostrar hasta que llegue un momento en que el Estado no se pueda escapar del referéndum.

La gente independentista se frustrará si se le dice que no se podrá hacer un referéndum hasta que al gobierno español no le quede más remedio que aceptarlo.

Quien esté muy frustrado, que milite más. Que se vaya a ver a la gente que ha votado Ciudadanos y que intente convencerlos. Hay mucho trabajo por hacer. No te puedes frustrar. Se ha avanzado mucho. El balance es muy positivo. Hemos aprendido muchas cosas. Hemos construido una cultura política. Hemos ensanchado la base. Hemos popularizado esta causa. Hemos obligado al Estado a actuar como energúmenos. Inicialmente te menospreciaban y luego reconocen que eres una piedra muy dura en el zapato, que ahora está impidiendo que se aprueben los presupuestos del Estado.

Veremos en los próximos meses si, en algún momento, hay crisis de gobierno y si esta crisis puede convertirse en crisis de Estado. Hay mucha gente que está mirando y callando. No es verdad que todo el mundo haya dado un apoyo entusiasta al PP y al pacto de preservar el Estado. Lo que pasa es que es muy difícil, en el contexto español, desmarcarse de la corriente principal y aparecer públicamente apoyando al derecho de los catalanes a votar y a hacer lo que decida la gente. Hacerse el progre, en estos momentos, en España es muy difícil. Los medios de comunicación están masivamente alineados, salvo contadas excepciones.

¿Hay que recuperar la vía del autogobierno o seguir adelante con la implementación de la república?

Siento decirlo así pero hay que ser ortodoxamente marxista: análisis concreto de la situación concreta. No tenemos una república. Es evidente. Hicimos unos pasos simbólicos relevantes. Vivimos el 27 de octubre. Demostramos una capacidad de resistencia a la represión muy grande el 1 de octubre. Pero esto no ha sido suficiente para poner en marcha un nuevo estado. En 1931, con mucho menos, el Rey se fue del país y el Estado se derrumbó. Esta vez, no. Además, medios de comunicación de aquí han hecho intoxicación informativa, han servido de escaparates de las cloacas del Estado sistemáticamente. La campaña sobre los desplazamientos de sedes de empresas que tenían que derrumbar la economía fue muy dura y luego se ha visto que han tenido un impacto mínimo.

El proceso ha sido clarificador. Ahora hay que intentar recuperar el control de las instituciones. La fuerza principal del proceso es la gente y está bien que grite que ‘las calles serán siempre nuestras’, pero tenemos que ser más. Es evidente que el gobierno de la Generalitat, que no es un Estado, tiene un entramado institucional muy potente, y durante estos meses la han intervenido y han desmantelado todo lo que han podido. Con unas repercusiones concretas que han afectado a mucha gente. No podemos renunciar al poco poder institucional que tenemos. Decir que esto es ‘autonomismo’ es estúpido. No es un problema de autonomismo o república. Se deben recuperar las instituciones. Hay gente en el exilio, que en términos de internacionalización puede hacer un trabajo fantástico. No se debe jugar con una sola de estas vías, se ha de juntar todo pero recuperar el control de las instituciones es fundamental porque es lo que puede permitir unos pactos políticos más amplios, hacer políticas sociales que son imprescindibles,… Tienes que poder enseñar la patita y decir que cuando puedas harás ese tipo de política. Tienes que buscar los pactos que te permitan mayorías amplias que desarrollen políticas sociales.

¿Si Xavier Trias hubiera seguido siendo alcalde de Barcelona, ​​el proceso habría salido ganando?

No. Al contrario. El proceso tiene un equilibrio de fuerzas interno. Tradicionalmente, el independentismo había sido de izquierdas. Se produce un terremoto muy grande en el momento en que Artur Mas, tras el inicio con los recortes y el pacto con el PP y a partir de las grandes movilizaciones, plantea el giro hacia el independentismo. Tiene un mal resultado electoral respecto al punto de partida pero provoca un giro en Convergencia y lo orienta hacia el independentismo. Determina que se ha acabado la transición y que se ha llegado a un punto inaceptable; déficit fiscal, falta de capacidad de hacer políticas realmente importantes, dificultades y obstrucción a la política exterior, no se hacen las infraestructuras, déficit en las inversiones, se incumplen todos los pactos y acuerdos…

Es evidente que el Estado está jugando contigo y que eres una simple colonia. No hay otro remedio que la opción independentista. Cuando Convergencia y un sector de Unió desembarcan plenamente y oficialmente en el independentismo entonces se hace hegemónico dentro del catalanismo. El sector conservador plantea constantemente a la izquierda independentista una idea abstracta de unidad que crea dificultades. La CUP nunca acepta entrar en el juego y mantiene un perfil nítidamente de izquierdas pero ERC debe combinar su estrategia de izquierdas de relación con los comunes y de disputa para quedarse con una parte del espacio que pierde PSC con hacer frente al masismo, que hace propuestas de unidad, que dice que lo que importa es la independencia y construir el Estado y que ya se verá de qué color se pinta. Cuando ERC plantea que no se puede disociar la política social de la nacional se queda sola y le dificulta mucho la política de izquierdas.

¿Si ERC hubiera quedado por delante de Junts per Catalunya en las elecciones estaríamos ahora en una situación muy diferente?

Sería diferente pero no sé si totalmente diferente. Era muy claro que había unas posiciones muy empatadas entre Ciudadanos, Junts per Catalunya y ERC. Las encuestas anteriores daban un resultado muy diferente pero la operación Puigdemont, apelando a la legitimidad y con él pudiendo hacer campaña a través de los medios de comunicación desde Bruselas, con una presencia constante, dio buenos resultados electorales. Nadie podía reivindicar legitimidad tanto como él, que era presidente. El vicepresidente Junqueras estaba en la cárcel y no podía hacer campaña. ERC no podía hacerla contra el presidente y quedó muy limitada. Sus resultados fueron muy en la banda baja de lo que podrían haber sido en otras circunstancias. Al anterior presidente del imponen unas elecciones y le obligan a irse. La campaña es recuperar al presidente. Esto tiene fuerza y ​​funcionó. Además, Junts per Catalunya y ERC suman más que Junts pel Sí, que refuerza lo que habíamos dicho siempre unos cuantos de que separados sumábamos más que juntos

¿Tenía que haber convocado elecciones Puigdemont?

A pelota pasada, probablemente sí, antes de que lo hiciera Rajoy. Lo que no podía hacer era convocarlas sin hacer un reconocimiento explícito del 1 de octubre. No puedes ignorarlo después de que la gente plantase cara. Tienes que interpretar la situación, explicar las amenazas, constatar que Europa no reacciona todavía, decir que hay que profundizar la vía escrupulosamente democrática y ganárnoslo más. Y convocar elecciones. Esto habría dado más del 50%. Pero lo digo, claro, a pelota pasada. Era una etapa muy difícil. Sólo hay que mirar los errores cometidos por el otro lado. El Estado reprime, gana y está encantado de haberse conocido, pero han quemado, gastado y consumido muchas cosas en esta batalla. Los jueces que han hecho todos estos autos y han encausado tantas personas acabarán en la cárcel y perseguidos por tribunales internacionales. Mientras, habrá gente que habrá pasado meses y años en prisión, familias desmontadas, movimientos decapitados… Hacen daño pero lo acabarán pagando

¿Europa cambiará de actitud hacia este conflicto?

¿Quién gobierna Europa? Europa es un artefacto de las élites económicas y los políticos son sus sirvientes. Estas mismas élites controlan los medios de comunicación más importantes,… Podemos generar corrientes de simpatía en determinados ambientes en Europa. Otra cosa es la política oficial. No hay mucho espacios de expresión de una Europa progresista, avanzada, que tenga en cuenta el interés general, las condiciones de vida de las clases populares…

¿Una oferta desde España de reforma de la Constitución, de una vía federalista puede satisfacer a parte de las personas que ahora piden la independencia de Catalunya?

Llega muy tarde. El PP lleva el Estatuto al Constitucional pero Alfonso Guerra sale vanagloriándose de haber pasado el cepillo. Aquí hay una idea de España inmutable. Nadie es capaz de rescatar no ya el federalismo, sino el iberismo, hablar de estado libre asociado, buscar un vínculo a través de la Monarquía … No quieren salir del modelo de Estado que es el mismo que el del franquismo . No ha habido una renovación profunda de la concepción de España. Ahora tenemos la amenaza de unas nuevas elecciones. No les gustó como fueron las anteriores. Pueden dictaminar quién puede ser presidente y quién no, quién se presenta y quién no. La sensación es que sistema judicial es una pura caricatura que obedece el dictado político. No hay garantías de nada. No creo que formulen ninguna hipótesis. Y si la formulan ¿por qué nos los tenemos que creer si lo han incumplido todo sistemáticamente?

¿Verá algún día una Catalunya independiente?

Espero que sí. De momento estoy bien de salud. Ahora cumpliré 63. Estoy seguro que mis hijos la verán. Depende mucho de la evolución general de la política española. Tengo la impresión de que en un plazo razonable debería ser posible. No sé qué tipo de proceso se acabará imponiendo. Puede que dentro de pocos años se establezcan unos acuerdos para que el proceso de desvinculación sea algo largo. Es perfectamente posible. Si así es menos traumático a mí no me importaría. Esto significa negociar, que es lo que está haciendo Europa con Gran Bretaña en el caso del brexit. Aquí probablemente habrá un proceso similar, en un momento u otro. Un gobierno de izquierdas en España -que tampoco veo de qué manera podría llegar a existir en el corto plazo- estaría muy presionado por la derecha más españolista. Sería un mal negociador. A veces es mejor negociar con aquellos de quienes nadie dude de su españolidad. Sería jodido negociar con un gobierno español sometido permanentemente al chantaje de que no son suficientemente buenos españoles.

¿Y verá algún día una Catalunya independiente con un gobierno de izquierdas?

Sí. El gobierno de la Catalunya independiente será de izquierdas. En Catalunya la hegemonía es muy claramente de izquierdas. Lo que pasa es que hay una parte de esta izquierda que sigue pensando que el único escenario de cambio posible es el español. La gente se mira el mapa de Europa y no se imagina que pueda cambiar, como si fuera un fenómeno geológico y, de hecho, ha cambiado muchas veces. Es curioso que haya gente de izquierdas que entienda que el mapa pueda cambiar por guerras, violencia, derrumbes,… pero no que pueda cambiar democráticamente, que sería lo más normal.

1 Comentario en «Contra la escalada represiva: más compromiso y más militancia»

  1. núria graell // 05/08/2018 en 22:19 // Responder

    anàlisi de la situació psicològica colectiva excel.lent.
    un referent.

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