«Confío más en el poder de la comunidad que en los líderes para transformar el capitalismo»

Reflexionamos con la economista Gemma Cairó sobre las alternativas a un modelo capitalista global que exprime a las personas y recursos. Poniendo la vista en las comunidades, más que en los líderes, invita a realizar transformaciones desde la base y como consumidores

Siscu Baiges
 
 
 
Gemma Cairó, durant l'entrevista | Pol Rius

Gemma Cairó, durant l'entrevista | Pol Rius

Gemma Cairó y Céspedes ha coordinado un libro de cerca de 500 páginas sobre Economía mundial, titulado Deconstruyendo el capitalismo global (Universidad de Barcelona ediciones). La ha escrito junto con cuatro economistas más. Nos acercaremos a la realidad de un sistema que subsiste a pesar de que parece incompatible con la construcción de sociedades justas y de la preservación del Planeta, hablando con esta profesora del departamento de Historia Económica, Instituciones, Política y Economía Mundial de la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad de Barcelona.

¿Por qué han optado por el título de Deconstruyendo el capitalismo global? ¿Han querido dejar al descubierto sus defectos y limitaciones?

La idea era ver la tramoya, qué hay detrás. Ver de qué está construido, de qué está hecho, cuáles son las contradicciones, los elementos que estructuran este sistema económico, no quedarnos en la superficie, hacer un análisis más estructural, sobre qué bases se asienta. No tanto la coyuntura. Hablamos de ‘deconstrucción’ en comparación con la idea de la cocina. Lo desmontamos para entenderlo mejor, haciendo aflorar las contracciones y limitaciones que tiene el sistema.

¿Está claro qué es el capitalismo? ¿Es lo mismo ahora que tiempo atrás?

El capitalismo muta, cambia. No es igual el capitalismo concurrencial del siglo XIX que el capitalismo monopolista del siglo XXI. El capitalismo, en su proceso de desarrollo histórico, se ha ido transformando. Todo es capitalismo. Es un sistema que organiza el proceso económico de producción, distribución y consumo a través de la salarización de la fuerza de trabajo y de la propiedad privada de los medios de producción. Depende un poco de la metodología y de las escuelas que la analizan. Nosotros somos estructuralistas, con un enfoque marxista. Decimos que el capitalismo se basa en la rentabilidad, la competencia y la explotación de la fuerza de trabajo. Y aquí sale el excedente o el beneficio. Es un sistema económico bastante claramente definido.

¿La llegada del capitalismo fue inevitable en un momento dado de la historia de la humanidad? ¿Era el resultado lógico de la evolución de los seres humanos y sus relaciones entre ellos?
Es la tesis de Fukuyama, que dijo que hemos llegado al final de la Historia, que el capitalismo es el sistema superior y ya no hay nada más allá. Ni es natural ni es el final. No es natural porque el capitalismo nace en Europa y no en Asia, que era una sociedad muy desarrollada, con sociedades pre capitalistas. Nace en Europa porque hay una serie de elementos económicos que permiten reformar la estructura previa del feudalismo. En otras sociedades como las asiáticas, más estables políticamente y más centralizadas, la revolución burguesa o la mercantilización de la tierra no se dieron como en Europa.
No es tanto una cosa natural, sino un cambio histórico en la forma como los individuos se organizan para satisfacer las necesidades. A partir de ahí se extiende por el mundo, dando lugar a los procesos de colonización y expansión exterior del capitalismo. Uno de sus efectos es que siempre intenta superar el marco en el que crece, se acumula y funciona. La primera gran expansión del capitalismo fue de Europa hacia sus colonias. Ahora tenemos la globalización, que es otra manera de expandir el modo de producción capitalista, una forma específica de producir, distribuir y consumir.

Necesita crecer permanentemente, expandirse. ¿Este crecimiento continuado es compatible con las limitaciones de nuestro Planeta?

Tiene dos motores básicos: el progreso tecnológico y la rentabilidad. Para obtener rentabilidad, generando excedente, la máquina no debe parar. Esta es la lógica contradictoria entre un capitalismo que necesita un crecimiento infinito que se encuentra con un marco físico finito. Sólo tenemos una Tierra. Muchos economistas lo hemos dicho: hay topes. Llegará un momento en que el capitalismo se encontrará con los límites físicos reales. Luego están los límites sociales: la explotación o el empobrecimiento y la precarización de la fuerza de trabajo. Se calcula que la huella ecológica es como si estuviéramos consumiendo dos planetas. Estamos muy por encima de la capacidad de regeneración del Planeta. Ya estamos sobrepasados.

Algunas teorías hablan de la necesidad de aplicar políticas de decrecimiento. ¿Se puede decrecer sin salir del sistema capitalista?

Cuando creces con tasas más bajas hay menos presión sobre los recursos alimentarios o energéticos, es evidente. En la lógica capitalista no crecer significa entrar en crisis. El decrecimiento tiene dos problemas. El primero es que, aunque puede tener un cierto sentido decrecer en los países ricos, a los países en desarrollo, que todavía no han hecho las grandes transformaciones hacia niveles de bienestar, no se les puede pedir que no crezcan. Hablamos de países como China o la India pero también a zonas pobres de África o Latinoamérica.

Y segundo, la contradicción entre decrecer y un sistema basado en el crecimiento. Es muy difícil adoptar la lógica del crecimiento aplicando restricciones al capital.

Usted explica que el crecimiento capitalista es cíclico. Después de cada ciclo aumenta la concentración del capital en menos manos. ¿Esta concentración tiene límites?

Está muy concentrado ya y vemos que el crecimiento no es uniforme. Hay periodos de expansión y de crisis. En los procesos de crisis hay una depuración del sistema; una racionalización, según dicen los políticamente correctos. Las empresas más débiles no sobreviven y las más fuertes crecen, lo que nos permite observar la concentración y centralización del capital, que es concentración de toma de decisiones.

Muy pocas empresas controlan el mercado en régimen de oligopolio o, incluso, de monopolio. La Comisión Federal de Estados Unidos se está planteando resucitar las leyes anti-trust, anti-monopolio. Bajo Trump será difícil, pero empieza a haber voces muy críticas que reclaman normativas. Dependerá de la capacidad regulatoria de los estados que se ponga límites a la concentración. Pero debemos tener en cuenta las puertas giratorias, porque a nivel político hay mucha representación del poder económico. Es muy difícil cortar las alas a estos sectores con rentas monopolistas, que sacan mucho dinero.

Sólo se ha visto poner multas a las grandes empresas para actuaciones de monopolio a la Comisión Europea

A una empresa que ingresa miles de millones de dólares pagar una multa le sale a cuenta. El tema no es tanto sancionar como regular, obligar a las empresas a desmembrarse para romper estos monopolios.

El capitalismo ha evolucionado hacia una economía que ustedes llaman financierizada. ¿Quién define mejor el capitalismo actual: las grandes empresas o las grandes entidades financieras?

El dinero y las finanzas siempre han estado en el corazón del capitalismo. A partir de los años ochenta, con el capitalismo neoliberal vemos que hay un proceso de ‘financiarización’. Cada vez se rentabiliza más el capital por la vía financiera y no tanto por la productiva. El capitalismo trae beneficios a través de la innovación y el incremento de la eficiencia, y por ahí obtiene la plusvalía que reinvierte productivamente. En los últimos años ha aparecido un circuito paralelo, sin que desaparezca el otro, en el que se rentabiliza el capital por la vía financiera sin que haya generación de puestos de trabajo, inversión productiva o mejoras tecnológicas.

La financiarización es este dominio creciente de lo financiero en la economía. Además, las rentas también están financeritzades. No son sólo los bancos. Las empresas cada vez tienen una parte importante de su actividad que es operativa financiera; por ejemplo, la recompra de acciones, emisión de bonos… Se pueden hacer dos cosas con los beneficios: invertir productivamente o repartir dividendos. A partir de los años noventa, una parte importante de los beneficios en lugar de ir a la inversión productiva, iban al pago de dividendos, la recompra de acciones para subir su precio … Cuando las empresas no pueden rentabilizar su capital por la vía productiva, encuentran la manera de hacerlo por la vía financiera.

¿Las rentas de los trabajadores también se han financierizado?

El economista Costas Lapavistas habla de «expropiación financiera», de cómo los grandes bancos, aseguradoras, fondos de pensiones y de inversiones se apropian de una parte de las rentas salariales. La canalización del ahorro familiar, ya sea en créditos al consumo, hipotecas, compra de acciones o planes de pensiones, es un nuevo espacio que el capital tiene para rentabilizar. Una parte del ahorro va hacia las entidades financieras y compañías de seguros. La Caixa está cada vez más en el sector de los seguros. Son nuevos espacios de generación de beneficios por la vía financiera, y eso implica endeudamiento. La financiarización es compleja y va más allá de la locura y el caos que han creado las entidades financieras.

Recuerda usted que el 1% de la población acapara el 46% de la riqueza mundial. Esto es evidentemente injusto. ¿El culpable es el sistema capitalista?

El capitalismo genera concentración, desigualdad. Estamos mejor hoy que hace 400 años. Antes había muy poca desigualdad porque todos eran igual de pobres. Ahora hay mucha desigualdad pero ha aumentado el nivel de vida. Es responsabilidad de esta forma de producir, que tiende a concentrar los capitales, sobre todo, en la fase monopolista actual. Pero el sistema es también los individuos y los movimientos sociales que lo cuestionan. Se puede regular una mejor distribución desde la política. Podríamos construir herramientas para transformarlo desde la sociedad.

Durante muchos años, después de la Segunda Guerra Mundial, el sistema capitalista fue compatible con la construcción de sociedades del bienestar en Europa y los países del Norte. Ahora estas sociedades del bienestar se están desmontando. ¿Por qué?

Después del ciclo largo de post-guerra -con el fordismo, crecimiento, incremento de salarios, poco paro, estado del bienestar, políticas redistributivas- llegamos a finales de los setenta con el incremento del precio del petróleo, crisis de productividad, crisis de hegemonía de Estados Unidos y una creciente competencia de Japón y Alemania, que hacen que las economías entren en una crisis severa.

Se da la contrarrevolución conservadora, con Thatcher y Reegan y los que les siguen, la TINA (There Is No Alternative). Se aplica el modelo neoliberal de ajuste duro y muy regresivo salarialmente, de retirada de la economía por parte del estado, de privatizaciones y desregulación financiera. Es la etapa del capitalismo más neoliberal que entronca con la globalización. Y nos hemos encontrado que hay un gran desajuste entre el espacio tradicional, el estado nación, y el espacio de realización de los beneficios.

El espacio de realización de los beneficios ya no es la nación, sino que las empresas tienen todo el mundo para hacer beneficio. Si deslocalizas una parte de tu actividad ya no es tan importante pagar bien a los trabajadores para que compren en el mercado nacional. También está el cambio político vinculado a la crisis de los años ochenta, un paradigma muy liberal basado en privatizaciones, retirada del estado del bienestar, caída del gasto público…

¿Se puede cambiar esta dinámica?

Creíamos que la crisis del 2007-2008 cambiaría algo porque fue no sólo una crisis financiera, sino también del neoliberalismo. El endeudamiento tiene que ver con la caída de los salarios durante los años 80, 90 y principios de los 2000. Hay una caída de productividad en los países ricos y una competencia cada vez mayor de los países emergentes. Hay una crisis financiera, sí, pero la crisis del 2007-2008 no es sólo financiera.

Se hablaba de un período post-neoliberal, de una nueva arquitectura financiera pero estamos viendo que no está cambiando. Hay expertos que dicen que estamos todavía en una crisis estructural, de la que cuesta salir. El bienestar, los salarios altos, la generación de puestos de trabajo tiene que ver con una bonanza económica que no tenemos. Además, cambios como la robotización desplazan puestos de trabajo y crean bolsas de paro cada vez más grandes. Sumado a un problema demográfico de envejecimiento de la población que en España es brutal.

Por otra parte, parece que hay un descenso, un estancamiento de los procesos de innovación tecnológica. Más allá de que el neoliberalismo no se está transformando porque no ha habido grandes cambios políticos y económicos hay tendencias que apuntan a que el futuro es bastante gris.

Cuando estalló la crisis del 2007-2008, el presidente francés Nicholas Sarkozy dijo que había que refundar el capitalismo

Sarkozy trabajó con Joseph Stiglitz pero el capitalismo neoliberal no ha terminado. Se van poniendo parches a un sistema que está muy enfermo: la burbuja inmobiliaria vuelve a aflorar. Los bancos vuelven a tener beneficios. No han devuelto el dinero que les dieron para sanearlos. No ha habido un retorno por los activos tóxicos que se les compró. Tampoco se han nacionalizado. Los beneficios se privatizan y las pérdidas se socializan. Y ahora tenemos una elevada deuda del Estado que pagamos los contribuyentes. ¿No hemos aprendido nada?

Se entiende que mucha gente esté enfadada

¡Por supuesto! Hay un gran desánimo y frustración. El capitalismo atonta. Marx hablaba de ‘fetichismo de la mercancía’. Karl Polanyi, de ‘mercantilización’. Estamos en una sociedad de consumo con una gran alienación y desconexión, adormecida, en estado letárgico, con poca voluntad de transformar.

¿La deconstrucción del capitalismo actual nos puede llevar hacia un capitalismo de estado como el chino?

Visto el populismo que hay te planteas si estamos caminando en esa dirección. El caso de China parecía que sería difícil de mantener porque el capitalismo siempre va de la mano de una libertad creciente pero están consiguiendo crecer, conformar una sociedad capitalista sin que haya libertad. Económica, en parte. Tienen empresas públicas y privadas. La expresión ‘capitalismo de estado’ se utilizaba sobre todo después de que países como la India o Egipto emprendieran tras la descolonización, la vía capitalista -que no la socialista-, con un papel importante del estado en la economía.

En China hay un capitalismo con un fuerte control del partido comunista, con unas directrices muy claras de hacia dónde debe ir la economía y con un peso importante de la propiedad pública. En cuanto al futuro del Planeta, China ha aprobado una transición hacia un modelo más sostenible y la está empezando a aplicar. Tener la propiedad pública te permite ordenar cuestiones como los porcentajes de energías renovables, la explotación de recursos naturales, las emisiones de CO2. Cuando tienes un control férreo de la economía puedes imponer directrices en este ámbito. China lo está haciendo a costa de las libertades políticas y sociales. Hay encuestas que dicen que la población china está mayoritariamente satisfecha con el régimen y el sistema que tiene.

¿La alternativa del comunismo ya no existe? ¿Está muerta y enterrada?

Si seguimos la lógica capitalista, la fórmula pasaría por la socialización del excedente, que los beneficios estuvieran socialmente distribuidos. Esto requeriría que una parte del capital, de la propiedad fuera público y, por tanto, cambiar el sistema, cambiar el capitalismo. Pienso más en iniciativas pequeñas como las que vemos en Catalunya, cooperativas de energía, de proximidad, … un modelo más de base, de participación y de transformación desde las pequeñas comunidades. Creo más viable eso que pensar grandes estructuras desde arriba.

¿Ya no hay lugar para grandes líderes anticapitalistas como los que ha habido históricamente? 

No sabemos si saldrán grandes líderes anticapitalistas, de transformación y empuje. Confío más en las personas que en los líderes, en el poder de la comunidad para transformar cuestiones de base. ¿Dónde tenemos el dinero? ¿Invertimos en financiación ética o no nos importa dónde esté nuestro dinero? ¿Compramos productos que llegan del otro lado del mundo, con lo que requiere de barcos y contaminación, o hacemos consumo de proximidad? ¿Cómo consumimos energía? Como consumidores tenemos un poder. ¿Lo utilizamos o no? Otra cosa es cómo se organiza la oferta desde la sociedad.

Hay iniciativas, plataformas de distribución de energía, … están naciendo propuestas en los países ricos. En los países en vías de desarrollo hay muchas luchas y resistencias. Quizás debemos confiar más en los países pobres. Aquí estamos muy apoltronados.

El sistema actual nos ha llevado a una emergencia climática en la que la temperatura del Planeta puede subir tres grados en 2050, en relación a la época pre-industrial, y en 2030 ya podemos vivir 10.000 millones de personas. ¿Es sensato pensar que con el capitalismo actual podemos hacer frente a este escenario?

No hay una voluntad de cambio. Aprueban decisiones de reducción de las emisiones de CO2 para evitar el aumento de la temperatura que luego no se aplican. En algunos países han adoptado normativas para que no se puedan vender coches que funcionen con combustibles fósiles a partir de un año determinado. Todos deberán ser eléctricos. El Planeta nos impondrá un límite.

¿Quizás se acabará antes el Planeta que el capitalismo?

Podría ser. A este paso, sí. Hay luchas y resistencias en el mundo. En la academia hay visiones críticas. A mí me da un punto de esperanza pensar que otro mundo es posible. Más que imaginar líderes anticapitalistas creo necasario que tengamos los pies en el suelo. El capitalismo tardará mucho en caer y no será de golpe. Nos tenemos que hacer a esta idea y en el camino que nos toca transitar tenemos que ver qué hacemos y qué podemos hacer cada uno desde nuestro espacio.

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