Comedores escolares públicos: trece años con el precio congelado

Educación ha vuelto a fijar en 6,20€ el precio máximo de la prestación del servicio de comedor en los centros públicos, la misma cifra que se mantiene inalterable desde el curso 2007/2008. Mientras, los precios de los alimentos y salarios de los monitores suben, y crece también la demanda para que mejore la diversidad y calidad de las comidas. ¿Eso cómo se come?

Víctor Saura
 
 
 
Menjador escolar | Foto: Acellec

Menjador escolar | Foto: Acellec

El debate sobre el comedor -o sobre el tiempo educativo del mediodía- volverá a ser uno de los puntos calientes del curso que ahora comienza. Quién los gestionará, quién los contratará, cómo se garantizará la calidad y quién asumirá los costes son cuestiones que aún están en el aire. El Departamento de Educación puso en marcha el curso pasado un proceso participativo sobre el tiempo del mediodía (después de verse forzado a aparcar el decreto de comedores que anunció que impulsaría) y, en la rueda de prensa de inicio de este curso, el conseller Josep Bargalló explicó que las conversaciones continuaban, ahora ya presencialmente con los actores que más interés habían mostrado en el asunto, pero que la nueva regulación se aprobaría a lo largo de este curso.

«Estamos pendientes del desarrollo de la futura ley de contratos de servicios a las personas [la llamada  Ley Aragonés]; si se aprueba sólo hará falta que hagamos un decreto, pero si no, tendremos que hacer una ley. En todo caso, no vamos a esperar mucho», comentó Bargalló. Sobre el proceso participativo sólo avanzó que la mayor parte de las propuestas insistían en que las AMPA sigan teniendo la posibilidad de gestionar el servicio de comedor, y que este punto (uno de los que origina más controversia) el Departamento lo pensaba respetar. Gestionar no necesariamente significa contratar.

De momento, sin embargo, el precio máximo del comedor continuará un año más en 6,20 €, cifra que se ha mantenido inalterable desde hace trece años. Se aprobó por primera vez el curso 2007/2008 y el 2019/20 sigue siendo el mismo a pesar de las reiteradas protestas y recursos presentados por la Acellec, la patronal que reúne la mayor parte de pequeñas y medianas empresas que prestan este servicio. El año 2017 la sala de lo contencioso del TSJC dio la razón a un recurso presentado por la Acellec y concluyó que el precio del comedor era «insuficiente», pero esa sentencia respondía a un procedimiento abierto en relación a la resolución sobre el precio máximo de 2013, por lo que no tuvo ningún efecto práctico. El precio cada año se sigue fijando en 6,20 € y la Acellec lo sigue impugnando. Quedan pendiente de resolución judicial las de los últimos años.

«Todo el mundo nos da la razón … en privado»

El gerente de la Acellec, Pep Montes, explica que «en conversaciones privadas mundo te reconoce que esta situación es insostenible, pero formalmente no lo dice nadie. Nuestros asociados no quieren hacer negocio, no buscan grandes beneficios, sino que quieren ganarse la vida haciendo una actividad que les gusta y les motiva, pero algunos han cerrado porque han visto que ya no era viable dedicarse a ello. Hay muchas escuelas donde el servicio de comedor se presta con un elevado riesgo de pérdida, y por eso sólo acaba interesando a aquellas empresas que pueden gestionar servicios más gordos».

En los últimos tiempos la Acellec también ha impugnado alguno de los concursos públicos de escuelas que licitan el servicio de comedor, al entender que las condiciones técnicas que se proponían (en especial, el ratio de monitores por alumno) eran inviables, y en cuatro ocasiones el  Tribunal Catalán de Contratos del Sector Público le ha dado la razón y ha anulado los concursos. Se trata de tres escuelas públicas de Barcelona y una de Vilobí d’Onyar. «Nosotros no tenemos estructura ni vocación de estar revisando todas las licitaciones que se presentan, pero alguna vez algún asociado nos avisa y lo hacemos, porque tenemos una relación cordial con el Departamento, pero la única opción que nos deja es la judicial» , añade Montes.

Incrementos salariales y compromisos verbales

Antes del verano pareció que el tema del precio se podría desatascar. Según el representante empresarial, en una reunión del convenio colectivo del sector del ocio educativo, el director general de Atención a la Familia y Comunidad Educativa, Ramón Simon, se comprometió verbalmente a mover el precio máximo del comedor en la misma proporción que se incrementaran los salarios de los monitores a lo largo de 2019. Este convenio -que debería renovar el año próximo- rige las condiciones del personal de comedor, pero también de otros profesionales como los cuidadores, guías de museos, monitores de centros y casas de colonias, los técnicos de centros cívicos … que no tienen ninguna relación con los comedores, y sin embargo su salario estaba congelado desde 2016. Este 2.019 se cerrará con un incremento salarial del 2,5% (1 % en enero y 1,5% en septiembre), pero eso no habría servido para desencallar los 6,20€ de los comedores públicos.

Educación ni confirma ni desmiente el supuesto compromiso de Simon. En todo caso, entre 2007 y 2018 el IPC en Catalunya ha aumentado un 20,5% (un 22,5% si sólo se mira el sector de los alimentos y las bebidas no alcohólicas), mientras que el salario del monitor, según explica Montes a partir de lo que recogen los diferentes convenios, ha pasado de 13.300 en 2007 a 15.868,39 a 1 de septiembre de 2019, lo que supone un aumento del 19,3%.

Manel Pulido, secretario general de la Federación de Educación de CCOO, admite la dificultad de la cuadratura del círculo. Ni los sindicatos ni la administración quieren que un hipotético incremento de precio repercuta en las familias, pero en cambio todo el mundo quiere una mejora en la calidad del servicio, con más productos de proximidad y menos precongelados, y con un ratio de monitor / alumnos tan bajo como sea posible para hacer del tiempo del mediodía un verdadero espacio educativo, preferiblemente conectado y coordinado con el proyecto educativo de centro. En el caso de la administración, las prórrogas presupuestarias impiden asumir el incremento del precio. El comedor lo pagan las familias, pero aproximadamente el 15% del alumnado recibe una beca-comedor (total o parcial) y por lo tanto un eventual incremento del precio implicaría, automáticamente, un mayor gasto público en las becas comedor.

«Cada uno defiende sus intereses, y nosotros defendemos que los trabajadores tengan unas buenas condiciones laborales y los niños alimentos de buena calidad», explica Manel Pulido, para quieb «cada vez hay más alumnos que se quedan a comer, y si queremos que las mujeres sean más independientes necesitaremos que la comida del mediodía esté garantizado por la escuela, y que esto termine siendo una responsabilidad del Gobierno». En su opinión, no es lógico establecer un precio unitario para toda Catalunya, porque el coste del servicio varía mucho según la ubicación del centro y el número de alumnos. Cuanto más rural y pequeño es el centro, mayor es el coste. En este sentido, Montes apunta que «un incremento del precio máximo no implicaría que todos los centros aumentaran los precios, ya que las empresas seguirían compitiendo por las licitaciones, y también lo harían con el precio; allá donde 6.20€ o menos sea viable el precio no variaría».

La huella ecológica del comedor escolar

En este sentido, cabe destacar algunas de las conclusiones de un exhaustivo  estudio sobre los comedores de los CEIP situados en la ciudad de Barcelona  elaborado recientemente por Neus Martí, Helena Soler y Gonzalo Gamboa (del departamento de Ciencias Ambientales de la UAB) por encargo de la Dirección de Justicia Global y Cooperación Internacional del Ayuntamiento de Barcelona. Este estudio analiza básicamente la procedencia de los alimentos y su impacto medioambiental (medido en términos de distancia recorrida y tipos de producción), así como la transparencia a la hora de revelar este origen. Muchos productos que se venden como «de temporada», «de proximidad» o «ecológicos» en realidad no lo son … o no hay plenas garantías de que lo sean.

Según este estudio, el 83% de los comedores de los CEIP de la capital catalana los gestiona una sociedad limitada, mientras que el restante 17% se reparte entre sociedad anónimas, fundaciones, asociaciones y cooperativas. De hecho, el estudio identifica las 54 gestoras de comedores escolares públicos de la ciudad, la mayor parte de las cuales gestionan uno o dos comedores, mientras que unas pocas en gestionan 9, 10 o incluso 12 comedores escolares. El estudio no las clasifica según el tamaño, sino según la especialidad de la empresa. Y lo hace en 4 grupos: 1) gestoras especializadas en cocina y comedores que además realizan actividades de mediodía; 2) gestoras especializadas en ocio educativo que además hacen cocina; 3) gestoras multiservicios; y 4) gestoras de inserción socio-laboral. De estos cuatro modelos, en el momento de valorar la calidad de los alimentos son las primeras las que sacan una mejor nota.

A la hora de establecer las recomendaciones finales (muy dirigidas a que la administración y los centros educativos pidan más garantías a los gestores sobre la huella ecológica de los alimentos que sirven a los niños), los autores del informe admiten que para completar el análisis se habría tenido que acceder a toda la información sobre el precio de los menús. «Esta información -dicen-, en combinación con la información sobre el origen y tipo de producción de los alimentos, daría información más precisa sobre los diferentes modelos de gestión de los comedores escolares en la ciudad de Barcelona y sus barrios. Se podría responder a cuestiones como qué parte del precio del menú corresponde al coste alimentario, qué al coste de monitorización, qué barrios están pagando qué precios, etc. En este sentido, existe la necesidad de garantizar la viabilidad económica y productiva del tipo de menú que se quiere promover, teniendo en cuenta la visión integral del contrato o licitación. Por ejemplo: sería un error exigir que todo sea de proximidad y ecológico sin tener en cuenta sí se debería revisar el precio final del menú».

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