Cocreando y participando de la energía

La noción de la energía como mercancía y bien a poseer ha ido acompañada de una tecnificación del discurso, generando una distancia abismal entre la narrativa popular y la política de los espacios de toma de decisiones. Por ello es necesario recuperar la autonomía y la participación de la ciudadanía sobre la energía de forma abierta, consciente e inclusiva

Xarxa per la Sobirania Energètica (Xse)
 
 
Participació, com a eina per a assolir la sobirania energètica | Xse

Participació, com a eina per a assolir la sobirania energètica | Xse

En 1968, Hardin publicó en la prestigiosa revista Science lo que llamó la ‘Tragedia de los comunes’. Según este dilema, los seres humanos actuamos de forma egoísta y por interés personal, derrochando y maltratando todo aquello que no se encuentra dentro de nuestro radio de propiedad privada. Por este motivo, argumentaba, los bienes comunes y colectivos no deberían existir, ya que están condenados a estar maltratados, malgastados y – finalmente – desaparecer. En el ámbito de la energía, el discurso falaz utilizado por Hardin ha sido habitual y ha impregnado muchas de las capas del sector. Esta noción de la energía como mercancía y algo a poseer ha ido acompañada de un proceso de tecnificación del discurso, generando una distancia percibida como abismal entre la narrativa popular y la política de los espacios de toma de decisiones en el ámbito de la energía.

Teniendo en cuenta esta consideración, el concepto de soberanía energética propone recuperar la noción de la energía y su relación con los recursos de nuestro entorno como algo que debe ser pensado y decidido colectivamente. La soberanía energética se define como el derecho de los individuos consicentes, las comunidades y los pueblos, a tomar sus propias decisiones respecto a la generación, distribución y consumo de energía, de manera que éstas sean apropiadas a las circunstancias ecológicas, sociales, económicas y culturales, y siempre que no afecten negativamente a terceros. La soberanía energética, pues, incorpora un elemento central de democracia energética que puede ser materializacdo de formas muy distintas, desde iniciativas colectivas en forma de cooperativas hasta la colaboración público-comunitaria en ámbito local.

De la participación en la cocreación de políticas energéticas y el establecimiento de mecanismos de control social

En los últimos años, la reivindicación de la participación ciudadana en las políticas públicas se ha ido popularizando y extendiendo, llegando hasta el sector energético. En el marco de esta lógica, la participación ha sido pensada y proyectada de formas muy diferentes (con diferentes grados de potencialidad transformadora) y con objetivos muy diversos.

Podemos hablar desde mecanismos de participación de tipo simbólico o superficial, no vinculantes y puntuales, hasta una participación ciudadana sustantiva, que opta por la cocreación comunitaria de políticas. Por otra parte, la inclusión de la participación en procesos públicos ha sido motivada por muy diversas razones. Desde la mejora y el aumento de la eficacia de las propias intervenciones, hasta la legitimación de determinadas decisiones o la voluntad de inclusión de perfiles sociales diversos y democratización de estos espacios.

Desde la Xarxa per la sobirania energètica (Xse) se apuesta por una transformación democrática profunda que se tome en serio la inclusión de la ciudadanía como elemento esencial de la toma de decisiones estratégicas sobre la energía de forma abierta, consciente e inclusiva.

El objetivo más ambicioso como Xarxa en términos de participación ciudadana es la creación de espacios de co-creación institución-ciudadanía en que una ciudadanía empoderada estaría involucrada desde el momento inicial del diagnóstico y elaboración de la agenda, hasta el de decisión final, participando, además, de la ideación de indicadores de seguimiento, la fiscalización, rendición de cuentas y evaluación de las políticas y proyectos. Para ir avanzando en esta línea, la PM19 toma las formas actuales de participación ciudadana ya presentes en los ayuntamientos, como los Reglamentos orgánicos municipales, los Planes de acción municipal o planes de mandato, pidiendo pero el compromiso del consistorio con el fin de hacerlos vinculantes.

También resulta interesante la incorporación de proyectos energéticos y orientados a la transformación del actual modelo en los presupuestos participativos locales, ya sea de forma directa, dedicando una partida del presupuesto participativo específicamente para este tipo de proyectos, o bien fomentando y priorizando este tipo de proyectos.

Otros mecanismos de control social pueden ser la incorporación de cláusulas sociales y ecológicas en los pliegos técnicos y condiciones en los procesos de contratación pública, tal como se permite y potencia desde la última reforma legal.

Y por último, otro espacio de democratización que se defiende es el del gobierno público-comunitario de empresas públicas que abriría la puerta a la democracia económica en el sector público. La participación abierta, inclusiva, equitativa y vinculante deberían ser condiciones sine qua non de estos espacios de gobierno ampliados. Barcelona Energia, de manera aún tímida, pero pionera, significa un paso adelante en este sentido sobre el que hay que seguir profundizando.

Decisión, territorio e inclusión: aspectos claves en un escenario de crisis ecológica

Ante el aumento inexcusable de las energías renovables, y con un impulso decidido hacia un consumo de energía verde, así como de auto-producción y distribución local de energía verde, la toma de decisiones sobre la energía también se (re)localiza de nuevo. Este proceso se convierte en una oportunidad para el establecimiento de espacios participados vinculados al territorio.

La opción del espacio municipal y local como un emplazamiento privilegiado en la creación de estructuras de gobierno público-comunitario se justifica por dos motivos: en primer lugar, por la adecuación de la esfera local para la democratización de los servicios públicos, teniendo en cuenta la proximidad con la ciudadanía y las facilidades de interacción y adaptación a las circunstancias específicas. En segundo lugar, en un futuro modelo energético descentralizado y basado en redes locales y regionales, las estructuras de decisión necesitan tomar en consideración las especificidades, características y necesidades del entorno directo, ecológico y social, en cada caso.

Por último, la participación ciudadana es relevante para asegurar que en un momento de crisis ecológica y emergencia ciudadana, nadie se queda atrás y, como sociedad, nos tomamos en serio la inclusión de todas las necesidades y perspectivas, partiendo de una mirada de justicia energética intra e intergeneracional. Los espacios de participación como espacios de diálogo, deliberación y de política – entendida como conflicto, en su definición más seminal – son aquellos que deben permitir resolver un wicked problem como la crisis climática originada por la acción humana.

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