Ciencia ciudadana: implicar a los vecinos para incidir en las políticas públicas

La sociedad está cada vez más preparada y tiene más voluntad para desarrollar experimentos que antes solo podían hacer los expertos. Los proyectos científicos que cuentan con la participación de la ciudadanía pueden llegar a ser hasta más fiables.

Victòria Oliveres
 
 
 
Participants del primer biobltitz al Parc del Castell de l’Oreneta de Barcelona. Autor: Pau Guzmán.

Participants del primer biobltitz al Parc del Castell de l’Oreneta de Barcelona. Autor: Pau Guzmán.

Hace dos años, los investigadores que estaban detrás del proyecto Making Sense decidieron estudiar los niveles de ruido en la plaza del Sol del barrio de Gràcia de Barcelona. Este estudio, pero, no lo hicieron solos. Los vecinos de la plaza, muy afectados por la congregación día y noche de jóvenes que a menudo hacen botellón, se sumaron en seguida a la iniciativa.

El experimento consistió en instalar 25 sonómetros en los balcones de los vecinos que monitorizaban la contaminación acústica y, de este modo, crear un banco de datos con el que poder exigir soluciones al Ayuntamiento. Pero los datos que iban recogiendo seguían un patrón que no conseguían entender: el ruido se movía por la plaza cada día del mismo modo.

“¡Es el movimiento del sol! La gente que se sienta en la plaza siempre busca la sombra de los edificios”, les dijo a los investigadores un niño de doce años que vivía en la plaza. “Ese dato cualitativo fue clave para ayudarnos a entender la desviación de los datos”, explica Mara Ballestrini, la investigadora responsable de este proyecto. Y es que, al tratarse de un proyecto de ciencia ciudadana, los vecinos no eran solo se encargaban de recoger los datos, sino que se implicaron también en la fase de análisis.

Mara Ballestrini es doctora en Human Computer Interaction y está especializada en el desarrollo de proyectos de ciencia ciudadana. En estos tipos de proyectos, es la gente de a pie quien se implica en diversas fases de las investigaciones científicas y recoge los datos relevantes para producir conocimiento y generar mejores políticas públicas.

Aunque nos pueda sorprender, esta metodología no es nueva. Ya durante el siglo pasado, había aficionados a la observación de pájaros en Inglaterra y Estados Unidos que hacían recuentos de pájaros para asociaciones científicas. De todos modos, es verdad que en los últimos años el movimiento de la ciencia ciudadana ha ido creciendo “porque ahora la ciudadanía tiene más acceso a dispositivos de recogida – como los teléfonos inteligentes – y redes de coordinación – como Wikipedia o Dropbox – que facilitan la participación”, explica Mara.

Y no es solo la tecnología lo que ha hecho crecer este tipo de investigaciones. “Hay una tendencia actual hacia la democratización y la apertura de los procesos de conocimiento, porque cada vez la gente está más informada”, dice Ballestrini. Es decir, se han unido “la voluntad y la posibilidad tecnológica de hacerlo”, añade.

Las investigaciones que implican a la ciudadanía no sólo son más justas, también más robustas. La investigadora argumenta que, aunque algunos científicos tradicionales defensen lo contrario, “el error de regresión es menor en ciencia ciudadana”, lo que significa que pueden llegar a ser más fiables. “El aporte que da la gente puede dar resultados significativos porque tienen información sobre su entorno y sus propias decisiones que que complementa el conocimiento científico”, dice Mara.

Un paso más: la ciudadanía elije la investigación

Ahora Mara Ballestrini esta inmersa en un nuevo proyecto de ciencia ciudadana de la mano de Ideas 4 Change, organización que dirige, y ISGlobal. Mientras normalmente son los investigadores quienes decide la línea de investigación y la hipótesis, en el proyecto Cities Health quieren que la ciudadanía dirija la investigación.

Por eso, han preparado un cuestionario donde la gente expone sus principales preocupaciones en el tema contaminación y salud. Esta encuesta, que permanecerá abierta hasta mediados de setiembre, recibió 250 respuestas en tan solo los dos primeros días. “Te das cuenta de la voluntad de la gente de participar”, dice Mara con orgullo.

A partir de ello, van a realizar una sesión abierta, después del verano, donde se convertirán las preocupaciones ciudadanas en preguntas de investigación viables. Después, vendrá el momento de co-crear con ciudadanos no científicos el experimento y posteriormente, desarrollarlo conjuntamente. Al mismo tiempo, se realizarán proyectos similares en Lucca (Italia), Kaunas (Lituania), Ljubljana (Eslovenia), Zutphen (Holanda).

Los ciudadanos no deben ser solo la mano de obra

En muchos proyectos de ciencia ciudadana, in embargo, el papel de la ciudadanía se reduce a ser los encargados de recoger los datos y de hacer tareas instrumentales del análisis. “Esto empieza a ser muy criticado”, dice Ballestrini. “Sigue siendo importante, pero lo que veo es que la gente tiene que aportar en todas las partes del proceso científico para que la ciencia realmente analice lo que a la gente importa y le afecta”, añade.

Los ciudadanos pueden llegar a implicarse más si reciben de la investigación, y no solo dan. En este sentido, “si el ciudadano va a participar, que sea una investigación que le resulte relevante”, dice Mara. Esta participación también le aporta conocimiento científico y le ayuda a desmitificar la ciencia.

Además, los resultados científicos pueden llegar a incidir y producir cambios en las políticas públicas si llegan a la ciudadanía, esta es capaz de comprenderlo y se moviliza, porque “no es lo mismo un movimiento ciudadano con quejas que con datos”, dice Ballestrini.

Más proyectos de ciencia ciudadana en Barcelona

Más allá del Cities Health, que justo se empieza a desarrollar este verano, existen en Barcelona múltiples proyectos científicos que implican la ciudadanía para estudiar y combatir la contaminación.

Uno de ellos es LiquenCity, un proyecto quiso descubrir la diversidad de líquenes que viven en los árboles de la ciudad para relacionarlo con la contaminación del aire. Durante este año, más de 800 personas – entre alumnos y ciudadanía en general – buscaron e identificaron líquenes para la investigación, al mismo tiempo que aprendían sobre la calidad de estos seres como bioindicadores. Este proyecto del centro de investigación CREAF está ahora en fase de análisis y de generación de mapas de niveles de contaminación.

También el Centre de Recerca per a l’Educació Científica i Matemàtica (CRECiM) está desarrollando proyectos de este tipo de la mano de alumnos de primaria y secundaria. Uno de ellos se llama ATENCI!Ó y quiere analizar si la contaminación atmosférica en los entornos de los institutos puede afectar la atención de los alumnos.

Y como parece que los proyectos de ciencia ciudadana están en auge, un buen modo de encontrarlos, más allá de las redes sociales, es el web de voluntariados ambientales, que tiene una categoría específica de ciencia ciudadana.

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