Catalanes y andaluces

El encuentro entre voces de Andalucía y Catalunya fue un bálsamo en tiempos de agravios dialécticos y chorradas digitales. Pero dio la medida de un estropicio que viene de lejos. Cuando no se crearon redes de protección que resistieran los embates de la crisis, el populismo y los nacionalismos desabridos

Andreu Claret
 
 
 

El empeño era encomiable. Promover el diálogo entre andaluces y catalanes para reformar el Estado. Orillando las actitudes más retrógradas que anidan, se supone, en el corazón del Leviatan. En Madrid, para entendernos. Y así fue, un encuentro con palabras certeras, destinadas a afrontar ‘un problema que no tiene solución’ (López Bulla) porque su epicentro se sitúa en algún lugar de este mundo globalizado, postfordista, donde las cosas ya no so lo que eran.

Palabras destinadas a ponerse de acuerdo en un objetivo común (Pérez Royo), estériles porqué se han taponado las salidas políticas, y se ha introducido la división en lo más hondo de la sociedad catalana. Palabras para la esperanza, cuando Josep María Vallés recuerda que Catalunya no está dividida en dos porqué 2/3 de los catalanes creen que todo acabará con más autogobierno, pero que no quitan gravedad a la situación. Máxime cuando suenan aires electorales y Marchena nos recuerda, cada dia, que el juicio sigue su marcha inexorable.

¿Sirve hablar entre catalanas y andaluces? Desde luego, y la iniciativa de los dos javieres (Aristu y Tébar) fue una bálsamo en tiempos de agravios dialécticos y chorradas digitales. Pero dió la medida de un estropicio que viene de lejos. De cuando González y Pujol no supieron o no quisieron aprovechar los tiempos de bonanza y buen rollo para crear redes de protección que resistieran los embates de la crisis, el populismo y los nacionalismos desabridos.

Ideas no faltaron, que apuntaban, la mayoría, a una España Federal, de contornos asimétricos. También hubo coincidencia en un diagnóstico que apunta al Tribunal Constitucional en su pretensión de zanjar un debate que era político. Pero es como si hubieran pasado cien años, y el daño es irreparable porque los protagonistas del drama, aquí y allá, le han cogido gusto a reforzar los reflejos nacionalistas, excluyentes, dejando el catalanismo tocado de muerte y la idea de España zaherida.

Diálogos era el reclamo. Y diálogo fue la palabra más manida. Mejor ésto que los insultos que nos traerán los debates electorales. Sin embargo, a mi me da que nos conocíamos demasiado y que allí faltaba gente. Aquella con la que habrá que acordar los términos del desacuerdo (Coscubiela) mirándonos a los ojos. No creo que sea posible hasta que termine el juicio. Mientras tanto, hablemos.

Andreu Claret
Sobre Andreu Claret

Periodista i escriptor Contacto: Twitter | Más artículos

Deja un comentario.

Tu dirección de correo no será publicada.


*