Campamentos de verano: experiencias y aprendizajes

Los campamentos de verano son la cúspide de todo un año de trabajo. Es la fase en la que se puede ver como tu grupo de niños van desarrollando aspectos morales y cualidades éticas como el respeto y la empatía entre ellos

David Mota
 
 
 
Campaments d'estiu a l'esplai La Torxa / ESPLAC

Campaments d'estiu a l'esplai La Torxa / ESPLAC

Este verano he vivido una de las mejores experiencias de mi vida. Sí, es lo que estás pensando: he ido por primera vez de campamentos!

Y no soy un niño, no: supero la veintena y soy portugués. Y es que este ha sido mi primer año en Catalunya, y la primera vez como monitor del Esplai Torxa. Soy participante del Servicio de Voluntariado Europeo (SVE) de Portugal, y aquí, me ha acogido la asociación Esplais Catalans-Esplac. Allí de donde vengo, no hay esplais. Sí que es verdad que algunas asociaciones hacen cosas similares. Pero esplais, como aquí los conocemos, no hay. Es por eso que antes de venir, no me podía imaginar cómo sería vivir todo lo que he sentido, jugado, aprendido y descubierto borde mis compañeros monitores.

Escribo estas líneas para compartir lo que ha significado para mí la experiencia de campamentos con el esplai. Sé que cada vivencia es diferente, y que lo que a mí me ha podido parecer tan sensacional, quizás a alguien le parece de lo más insignificante, pero me gustaría poderos trasladar durante unos instantes al maravilloso mundo de los campamentos de esparcimiento.

Los ‘campas’ son la cúspide de todo un año de trabajo. Es la fase en la que se puede ver como tu grupo de niños (que en mi caso eran 20, de entre 10 y 12 años) van desarrollando aspectos morales y cualidades éticas como el respeto y la empatía entre ellos.

El viaje nos llevó hasta la Riba, una zona de montaña, muy bonita, cerca de Tarragona. Me sentía totalmente en un ambiente de fantasía estilo ‘El señor de los anillos’, entre montañas rocosas, vegetación alta y un río. Un entorno perfecto para olvidar la rutina de Barcelona.

Los monitores llegamos dos días antes para montar todo el campamento y dejarlo preparado para la llegada de los niños. Hasta aquí, todo muy tranquilo: preparábamos porches, tiendas, lava-manos y cocinas, sin prisas y entre risas. De alguna manera, y visto con perspectiva, creo que estos dos días son necesarios porque se convierten en una preparación mental y emocional por lo que vendrá los quince días siguientes.

Los primeros tres días con los niños fueron una maravilla: talleres, juegos, guerras de agua…! Siempre hay un niño que se hace daño, otro se niega a comer, llegan los primeros vómitos en el campamento, o alguien que llora porque echa de menos los padres… pero todos los problemas se solucionan con facilidad: algunas veces por instinto, unas otros con ayuda y consejos de otros monitores. Aun así, sientes que tus aptitudes educativas están bien funcionales y que la diversión y felicidad sigue siendo la emoción de base.

Sin embargo, los campamentos no son un cuento de hadas. Aquella cosa que el tercer día te hacía gracia, el décimo puede hacerte llorar. Lo que antes eran pinchazos (habitualmente conocidas como «agujetas»), se transforman en un pequeño sentimiento de muerte física. Porque sí, llega un momento en que un factor muy importante y relevante entre en juego para empezar a complicar las cosas: la necesidad desesperada de dormir bien y descansar!

Estuvimos 15 días durmiendo una media de 4 horas por noche, y eso termina por afectar muy directamente tanto a tu estado físico como tus emociones. Aquellas cosas que los primeros días te parecían tan sólo pequeños problemas, ahora se convierten en grandes dramas. Si los primeros días mis ganas de participar en todas las actividades y de ayudar estaban al máximo nivel, tengo que admitir que poco a poco, esta energía se iba diluyendo. Pero cuando trabajas con niños sabes que tienes que dar siempre el 100%, aunque sientas que estás en las últimas. Y así lo hice. Y de repente me di cuenta de que había sobrevivido! Está claro que hay que ser joven, en un lugar como este!

La rutina del final del día era muy especial! Para mí, la parte más emocionante de toda la jornada era siempre el ‘Buenas Noches’. Nos reuníamos todos (en total unas 100 personas) alrededor de las guitarras para contar un cuento y hacer una reflexión emocional. Luego, pasábamos a la música para ir a dormir y, tengo que aceptar, a veces se nos caían algunas lagrimitas de emoción! Es una experiencia maravillosa para cerrar el día con los niños. Eso sí, una vez todos los niños se ponían a dormir, a los nios todavía nos quedaban unas cuantas horas de reunión para valorar la jornada y preparar la siguiente.

La conclusión de todo esto es que he obtenido un aprendizaje mucho mayor de lo que puedo escribir aquí. Siento que el esplai es un movimiento que crea personas que pueden cambiar el mundo y que, entre juegos, risas y charlas, consiguen unos valores de los que no podría estar más orgulloso. Estos días he encontrado respuestas a cuestiones internas que tenía pendientes de afrontar, he reflexionado sobre mí y he entendido qué es lo que quiero cambiar y, al mismo tiempo, que tengo que valorar más. Estos días he adquirido una visión más amplia sobre el error y el sufrimiento, y he descubierto cómo puedo revertir esta energía a través de la diversión y el amor. Y siento que, lo que he aprendido, lo podré replicar en un futuro.

Pero lo más importante de todo, es que he encontrado una familia de jóvenes súper conscientes y comunitarios; y ahora siento un amor incondicional hacia los niños y niñas que me han acompañado en esta aventura y, sin los cuales, no habría tenido ningún sentido.

Gracias a todos por haberme hecho crecer durante 15 días de campamentos más que en un año entero de vida. La llama de la Torxa seguirá iluminando mi corazón durante muchos años!

David Mota
Sobre David Mota

Monitor de l'Esplai Torxa d'ESPLAC i participant del Servei de Voluntariat Europeu (SVE) de Portugal Contacto: Twitter | Más artículos

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