Cacaolat: de una boda en Budapest a Santa Coloma, pasando por la CNT y Ruiz Mateos

La popular marca de batido, que ha sido adoptada como propia por la sociedad catalana y que ha comenzado el año con la convocatoria de una huelga indefinida, ha tenido una historia movida. Del nacimiento de la idea, en Hungría, hasta el momento actual se han vividos socializaciones y las consecuencias de pasar por las encargos de Ruiz Mateos

Tomeu Ferrer
 
 
 
La tradicional mascota de Cacaolat decora fins i tot domicilis | Tomeu Ferrer

La tradicional mascota de Cacaolat decora fins i tot domicilis | Tomeu Ferrer

La huelga indefinida declarada por el conjunto de sindicatos presentes en Cacaolat tuvo como una de las consecuencias el inicio de un boicot de bares, tiendas y consumidores individuales a la marca. La implicación de la ciudadanía catalana con el popular producto se ha mostrado en diversos momentos de la historia del considerado primer batido de leche y cacao producido industrialmente en el mundo.

En 1931 Marc Viader, estaba en Budapest, la capital de Hungría, donde había ido invitado a una boda. Allí sirvieron un batido de leche y cacao. Viader era propietario de una Granja con su mismo nombre en Cardedeu y gerente de la industria láctea Letona. El nuevo producto le gustó y decidió patentarlo. Era 1933 y en Catalunya se vivían años de gran optimismo histórico.

Parece que la primera idea de Marc y de su hijo Joan era aprovechar la leche desnatada, que era la que en aquel tiempo tenía menos valor, y mezclándola con cacao, azúcar y un componente que se mantiene en secreto, hacer un producto de venta masiva.

Desde 1933 hasta el fin de la guerra civil la empresa no paró de crecer. Situada en la calle Pujades de Poble Nou de Barcelona se convirtió en parte del paisaje ciudadano de Barcelona.

Aunque la historia oficial no lo menciona, durante la Guerra Civil, Cacaolat y Letona fueron socializadas. La fábrica fue incautada y colectivizada por un comité obrero de la CNT. A partir de Letona SA se puso en marcha una experiencia de gestión social y económica que fue la Industria Láctea Socializada, durante la misma guerra civil y hasta la entrada de las tropas franquistas.

Hasta 1950 no se retomó la normalidad en la producción, porque antes no se podía importar cacao.

Años de tormentas

En 1971 En 1971 Clesa adquirió Letona. La productora láctea impulsó el consumo de Cacaolat en Catalunya, Valencia y Murcia, al tiempo que aumentó la publicidad para dar a conocer el producto en sus áreas de referencia. En 2001 la empresa fue comprada por la italiana Parmalat, y en 2007 pasó a pertenecer al Grupo Dhul, división de alimentación del Grupo Nueva Rumasa, propiedad del histriónico empresario, José María Ruiz Mateos.

Aparte de la calidad y la tradición del producto, Cacaolat adquirió notoriedad por su acertada publicidad. Tenía dos claves, en verano se promocionaba con la frase: en verano, Cacaolat helado!  Mientras que en invierno el eslogan era:  en invierno cacaolat caliente.

Para popularizar producto se creó una mascota: pepi, un niño que carga una botella gigante. Con variaciones tipográficas esta imagen llega hasta nuestros días.

Dando un salto en el tiempo, a partir de 2011 Cacaolat vive momentos convulsos. Nueva Rumasa en medio de su crisis estructural y tras escindirse la de Clesa intentó vender la empresa dos veces. Finalmente, el Juzgado mercantil número 6 de Barcelona puso la marca de nuevo en venta. Una alianza entre la catalana  Damm  y Cobega, empresa distribuidora de  Coca-Cola, Se hizo con la marca pagando por ella 130 millones de euros. Durante el impasse fueron los trabajadores y la dirección saliente los que mantener en pie la empresa. Y también los consumidores que pusieron en marcha una campaña #SalvemCacaolat. Con ella se intentaba vincular la compañera con cierto romanticismo local, aunque quien salvó efectivamente Cacaolat fue el consorcio de grandes sociedades catalanas que lograron su propiedad.

El hecho de que muchos ciudadanos se sintieran implicados en el salvamento de Cacaolat puede explicar en parte el eco que durante la última huelga tuvo la llamada a no consumir el producto en solidaridad con los trabajadores.

Los nuevos propietarios trasladaron la fábrica desde el Pueblo Nuevo hasta Santa Coloma, aprovechando las instalaciones de la marca cervecera Damm. Allí se ha concentrado el núcleo duro de la producción. Tanto es así, que parece que la dirección, durante la huelga no se vio con corazón de fabricar el producto en otro lugar ante la desconfianza de que trascendiera la fórmula a partir de la cual la familia Viader creó el imperio de los batidos.

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