Betsabé Garcia: «A la mayoría de gente que tiene ‘mujer de la limpieza’ no les saldría a cuenta pagarlas como al resto de trabajadores»

La figura de la criada es invisible para la ley e ignorada por la sociedad. Betsabé García repasa en 'Minyones', a través de una ficción basada en un entorno real, las experiencias de seis mujeres que trabajan al servicio de hogares de otros durante el siglo XX.

Victòria Oliveres
 
 
 

La filóloga y escritora Betsabé Garcia (Barcelona, ​​1975) está especializada en investigar la historia contemporánea en Catalunya y España desde la perspectiva feminista. Hasta ahora había escrito sobre las primeras mujeres universitarias (Juguen dames, l’aventura de les primeres universitàries), la primera aviadora catalana (L’aventura de volar. Biografia de Pepa Colomer) i Montserrat Roig (Amb uns altres ulls). Este año, sin embargo, ha escrito el que considera su libro «más frustrante»: Minyones, de la editorial Llop Roig.

¿Porque se te ha hecho duro escribir un libro sobre las mujeres que se dedican al servicio doméstico y la limpieza?

Todos los libros que he escrito tienen su drama, pero sí hay una diferencia con este. Al fin y al cabo, hasta ahora hablaba de una clase media entre la que, dentro de las dificultades, hay más individualidades. En cambio, cuando te pones a trabajar el mundo de las criadas o las mujeres de la limpieza, o como las quieras llamar, es algo tremendo. Se pierde la individualidad y ya no es una cuestión de construcción sentimental o de aprendizaje sino de pura supervivencia. Es una cuestión de clase, una cuestión económica. No hay espacio para la persona, es una vida muy dura, que no conoce felicidad.

¿Cómo surgió la idea de escribirlo?

Fue el editor de Llop Roig, Pau Vinyes, quien me propuso hacer un libro más general sobre servicio doméstico, que hablara de las diferentes profesiones y que incluyera, como por ejemplo las lavanderas. En ese momento yo estaba viendo el documental Servants: The True Story of Life Below Stairs ( «Los sirvientes: la verdadera historia de la vida bajo las escaleras»), de la BBC, que lo hace una historiadora inglesa y se me ocurrió buscar que había sobre las criadas en Barcelona.

Cuando quiero saber algo hago un libro. Nunca me había planteado hacerlo hacia de este tema, ya que no tengo mujer de la limpieza. ¡Yo soy mi mujer de la limpieza! Pero es cierto que ha habido y hay muchísimas. La cantidad de gente que ha venido a las presentaciones del libro a explicarme que su abuela, bisabuela, pariente… ¡era criada!

Y es lo que digo a menudo: todos venimos de una criada. En algún momento, si no eres aristócrata, entre tus antepasados ​​seguro que hay una criada. Seguro. Lo que pasa que te será difícil de encontrarla, por el sistema del segundo apellido por el que las mujeres estamos condenadas a desaparecer de los archivos.

¿Has notado diferencia a la hora de documentarte, por ejemplo, respecto a lo que encontraste sobre las experiencias de las mujeres universitarias?

Un poco, pero para Juguen Dames tampoco tenía tanto material como puede parecer. Piensa que sólo hablaban de su experiencia personal en algunos prólogos de las tesis universitarias y poco más. De las mujeres de la limpieza hay pocos testigos, no porque hubiera mucho analfabetismo, no había tanto entre ellas, sino porque, claro, con su situación no se ponían a escribir.

Además, se ha estudiado poco. Hay poca bibliografía sobre las criadas. Se les presta poca atención y esto es uno de los problemas. Hay algunas investigaciones, más en el ámbito europeo y más generales. Y aunque algunas están hechas por hombres, es cierto que la mayoría las han hecho mujeres. Es algo para pensar.

También hay un libro de Carmen Vaqueiro que me podría haber ayudado. Es una señora que ha trabajado de criada que ha escrito sus memorias, su experiencia viviendo más allá de los derechos, en En tiempos del pan de maiz. Pero ya me enteré más tarde, cuando vino a la presentación del libro y me lo contó.

¿Y para hacer el libro también hablaste con algún testigo de primera mano, aparte de remover archivos?

Soy profesora de español y tuve a clase una chica filipina que me hizo dar cuenta como era la situación hoy en día. El teléfono le sonaba constantemente, la chica tenía que marchar de clase, cuando hablábamos del fin de semana ella siempre contaba que había estado trabajando… En una clase de idiomas se debe hablar, pero con ella no se podía hablar de muchas cosas porque todo el día trabajaba. Esta chica quería vida mejor. Sólo quería un trabajo de secretaría, no es que quisiera ser presidenta del gobierno, y hablaba inglés y filipino. Pero parece que era pedir demasiado.

Minyones relata la vida de seis mujeres en diferentes momentos del siglo XX. ¿Es una ficción basada completamente en un entorno real?

El libro lo planteé como una especie de ficción que no es ficción del todo. Creía que así podía distraer más, es más ligero y puede ser más pegadizo. Las criadas representan los diferentes tipos de personas que podíamos encontrar en esta tarea y no tienen nombre. De esta manera podrían ser cualquiera y podrían no ser nadie.

Los personajes son inventados, basados ​​con empleadas de hogar que he conocido, pero todo lo que pasa es real, los detalles de su vida, los anuncios del periódico a los que se hace referencia, las agencias de contratación… Todo está documentado gracias al trabajo de algunos historiadores que han trabajado este tema y han hecho tesis doctorales.

Este medio camino entre la ficción y la no ficción lo hace difícil de catalogar…

Esto tiene más que ver con mis preocupaciones sobre el género. Estas categorizaciones aristotélicas, las etiquetas de las librerías… No lo acabo de ver. ¿Es ficción o no ficción? ¿Debemos clasificar?

De hecho, en la biblioteca no sabía dónde buscarlo. Estaba en la misma estantería que los libros de cocina, en una sección de libros de cosmética y otros similares…

(Ríe) ¡Esto dice mucho!

También tiene un estilo peculiar: está relatado en segunda persona.

Esto me costó mucho, pero lo quería hacer así. Pensé que un discurso en segunda persona llamaría a la identificación. Es decir, podía transmitir que ella era una mujer como tú, aunque hayas ido a la universidad o trabajes de lo que sea. Tú podrías ser ella, hace 100 años serías la criada. Siempre habrá excepciones pero no nos engañemos, los ricos son la minoría. Burgueses o aristócratas, son la minoría. La mayor parte de la gente somos de familia trabajadora. Entonces eso es lo que quería intentarlo. Cuando digo «tú le abrirás la puerta, tú harás lo, lo harás todo tú, tú, tú».

En una reflexión final del libro explicas que el caso de las criadas «sigue en las mismas condiciones que a principios de siglo XX».

En Barcelona, ​​hoy y ahora, mientras hablamos, hay esclavitud. Hay mujeres que trabajan como criadas, al que no les pagan más porque no se vayan… ¡Es de negrero! Y muchas veces se habla de ellas con toda naturalidad. De hecho, llamamos «mujer de la limpieza» de toda la vida, sin darnos cuenta en que esto tiene unas consecuencias atómicas. Es una categoría inferior de trabajo que sólo está destinada a mujeres. Y esto es aceptado en todas partes.

No digo que todo el mundo, tal vez no están todas, todas, explotadas, pero no es un trabajo con la que puedas organizarte la vida. Hipotecas tu vida a la de otra persona y esto se tiene que acabar. Es que si no, ¿qué sentido tiene que se luche por las mujeres directivas cuando hay una categoría, toda de mujeres, que se dedican que a un trabajo que ni siquiera se le puede llamar así porque está fuera de la reglamentación laboral?

¿No hemos avanzado nada en los derechos de estas mujeres?

Casi nada ha cambiado. Siguen trabajando en negro, sin parar, sin días festivos … No hay ninguna regulación. Y no cobran precisamente demasiado, les pagan lo que quieren. Se intentó con la ley Zapatero, que quería que regularizar esta situación, pero no funcionó. Al final,a la mayoría de gente que tiene mujeres de la limpieza no les saldría a cuenta pagarlas como al resto de trabajadoras. Quieren tener algo a precio de saldo que no pueden tener… ¡Pues no la tengas! Pero no puedes explotar una persona.

¿Crees que ha cambiado el perfil de estas mujeres a lo largo de este siglo?

No creo que sea un cambio de perfil sino de nacionalidad. Pero no dejan de ser mujeres, normalmente con una situación extrema y que huyen desesperadas de situaciones personales, políticas, económicas… Lo que ha cambiado es el contexto. La España de hoy tampoco es la del 1900 y ya no hay tanta necesidad de huir de situaciones familiares violentas sin apoyo, por ejemplo.

Quizás lo que ha cambiado son las aspiraciones. Las mujeres de ahora se plantean unos horizontes que antes no se planteaban, pero es que tampoco existían para las mujeres burguesas ni por nadie.

Y siempre hablamos de mujeres…

A mí, hablar de «mujeres» de la limpieza, me pone los pelos de punta. Evidentemente porque son mujeres no es tan importante si trabajan los siete días a la semana o no, si fueran hombres sería diferente… Bueno, por eso no existen los hombres «criadas».

Los hombres del servicio, a principios del siglo XX, comienzan a reivindicarse como obreros para reclamar sus derechos y los sindicatos los apoyan. En cambio, las criadas han sido excluidas de todas las normativas laborales. Desde las de la época de Primo de Rivera, cuando se crean unas ayudas a la maternidad, ellas son excluidas, sistemáticamente, de las mínimas conquistas que se consiguen.

También comienza el juego de decir que los hombres necesitan formación para sus tareas pero las mujeres no, que ya nacen sabiendo como pulir la plata, es un conocimiento innato. Las formaban en La Casa de la Caridad, pero no se consideraba formación porque «te es natural». Este modo de pensar, esta estructura mental, es la que hay que cambiar. No podemos estar todavía pensando que porque eres una mujer sabes fregar platos, porque sí.

¿Lo que hacen las organizaciones sindicales para combatirlo?

Ha cambiado el sistema, que ahora es democrático, y hay una idea de sindicato, de lucha de derechos, que es generalizada en todas partes. Pero no es para que haya una voluntad de cambiar esta situación o de erradicar esta situación de esclavitud. Actualmente hay un sindicato de trabajadoras del hogar, donde hay muchas mujeres migradas…

¿Desde la lucha feminista se hace suficiente?

Este tema lo toco en uno de los capítulos, donde las criadas están comentando juntas en un bar que las feministas no pueden fomentar su liberación a costa de la esclavitud de las otras. Incluso cuando hablamos desde el feminismo, hablamos de mujeres directivas, deportistas, etc. Pero las mujeres de trabajar no se tocan. ¡Federica Montseny también tenía criada! La compañera que me ayuda, decía … Pero mientras existan las mujeres de la limpieza, todo será agua de borrajas. Porque es todo superficial, no hay una transformación del sistema.

¿Apostarías por eliminar el trabajo de trabajadoras del hogar?

Eliminarlo, no lo sé. Pero regularlo, sobre todo en el caso de las cuidadoras, y profesionalizarse lo, con unos estatutos, con un sueldo, con un horario regulado, y que se respete. Que se persigan el fraude, la explotación y la esclavitud. Si la gente no se dedica suficiente, pues que se den becas para que más gente se dedique, pero no es responsabilidad de estas mujeres. Además, hay que hacer que este trabajo siempre sea una opción para estas mujeres, no que se vean obligadas.

Cuando hablamos de la limpieza, en cambio, coincido bastante con la Carmen Vaqueiro, que me decía que la mujer no se podrá liberar hasta que se eliminen las criadas, las mujeres de trabajar y las prostitutas. Que desaparezca la figura de la mujer de la limpieza lo veo posible.

¿Es posible que cambie la imagen que tenemos?

Encima todavía existe el rechazo social. A ver, al final el trabajo es limpiar. ¡Apañate! ¿Tú tienes criada? Yo no tengo. Y si alguna vez no puedo limpiar, porque tengo que trabajar, pues que caiga el polvo y ya la sacaré cuando pueda. ¿Por qué no lo puede hacer todo el mundo esto? ¿Que hay gente que es especial? ¿Que trabajan muchas horas? Yo también, no me vengas con historias. No puedes sostenerte con que le pagas a una señora. Hay que buscar una alternativa. Y evidentemente necesario que a estas señoras las buscamos y las insertamos realmente en el sistema.

Queda claro que hay que visualizar esta situación y hacer memoria. ¿Como quieres que se hiciera?

Se podría concienciar de mil maneras. A través de los libros está bien, pero claro, los lectores somos «la inmensa minoría», que decía Juan Ramón Jiménez. Es importante que se trabaje también desde las universidades, pero siempre queda en un ámbito más opaco. Yo apostaría por transmitirlo de forma visual, como se ha hecho con Handsmade Tale o con Maids. Eso sí, evitando las visiones sentimentales y románticas para realmente intentarlo entender. También me gustaría que se hicieran exposiciones …

Por ejemplo en el CCCB, que es donde estaba la Casa de la Caridad!

¡Y no hay nada que recuerde a las criadas! Fui a preguntarles a ellos que quedaba de aquella época, de los espacios donde formaban a las criadas, y me dijeron que no han dejado nada de nada.

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