Una serie de Cataluña Plural: ¡Larga vida a las librerías!

Barrio y lecturas A Peu de Pàgina

Gemma Barrufet abrió la librería A Peu de Pàgina en un local de sus abuelos, en Sarrià, el año que estallaba la crisis. Ahora explica la fórmula para sobrevivir: "Un poco de pasión, un poco de cabeza, leer todo lo que puedas y dejarte nutrir por los lectores, porque nunca sabemos suficiente"

Anna Boneta Palacín
 
 
La fundadora de la llibreria A Peu de Pàgina, Gemma Barrufet, amb la seva filla, Anna Torrella, a l'esquerra | Foto: Pol Rius

La fundadora de la llibreria A Peu de Pàgina, Gemma Barrufet, amb la seva filla, Anna Torrella, a l'esquerra | Foto: Pol Rius

Librería: “Establecimiento donde se venden libros”, según Wikipedia.
Librería: “Espacio de palabra”, “escaparate de cultura”, “centro de agitación cultural”, según los libreros y libreras.

En Cataluña, en 2016, se abrieron 33 librerías y se cerraron 11. En 2017 se abrieron 22 y 6 cerraron… Al contrario de lo que podría parecer en tiempos de ventas en línea, libros electrónicos y audiolibros, aún hay quien apuesta por una de las profesiones más antiguas y prestigiosas, la de vender libros de papel.

Catalunya Plural publicará en los próximos días una serie de reportajes dedicados a las librerías de los barrios de Barcelona. Este recorrido y las conversaciones con las personas que las han creado forman un retablo muy particular. Algunas con 40 años de historia, otros con la pintura de las paredes todavía fresca, pero todas ellas con un objetivo común: reivindicar la profesión de librer@.

“Soy algo kamikaze y abrí por pasión. No tenía nada cuando me lancé. Arranqué a pelo. Venía del mundo jurídico, me gustaba mucho leer, el mundo de los libros, y me dije: ‘lo pruebo”. De eso hace casi 11 años y lo revive Gemma Barrufet, de la librería A Peu de Pàgina, en el barrio de Sarrià de Barcelona, dónde trabaja con la ayuda e implicación de su hija, Anna Torrella.

Levantó la persiana en septiembre de 2008, en un local propiedad de sus abuelos y con unos ahorros que invirtió en las obras y en libros. “El barrio me recibió bien. La ubicación es muy importante en una librería de barrio”, dice cuando explica que en Sarrià la gente es lectora y, además, se programa mucho. “Organizamos encuentros con ilustradores, conciertos… La última actividad que hemos hecho, con la escuela Orlandai, ha sido una noche ilustrada y literaria. Quizá programamos demasiado, tanto las librerías como los centros cívicos y bibliotecas y entre todos nos pisamos”.

Ya hace diez años que inició el Club de lectura de adultos y desde hace un tiempo ha puesto en marcha el Club de niños, de 10 a 12 años. Y luego está Sant Jordi, una manera de ir más allá del barrio, pues comenta que cada año acude más gente de fuera. “Yo no disfruto ese día, aunque tenemos muchas personas que nos ayudas. El año pasado éramos 18, pero no sé, es la logística, las novedades, el querer comprar libros porque toca, el no tener el libro que te piden y tener que satisfacer a los que te piden una recomendación”. Llegado este punto, hace una pausa y deja escapar una media sonrisa para proseguir: “Un día vino un señor a las diez menos cuarto de la noche, con la puerta ya cerrada, y me dijo: ¿Me puedes recomendar tres novelistas rusos del siglo XIX? Yo pensé: dónde está la cámara oculta…”.

La narrativa, el llibre infantil i l’àlbum il·lustrat, els que més triomfen | Foto: Pol Rius

A Peu de Pàgina es un espacio abierto y activo. Formalmente es amable y cálido. Tiene dos pisos. La planta baja, de dimensiones reducidas, donde ya encontramos libros junto a la puerta, tiene una escalera justo a mano derecha, con libros prácticamente en cada escalón, que te invita a subir al piso de arriba. Ya en la parte superior, el suelo de parque, el techo no demasiado alto, libros a izquierda y derecha y una gran isla en medio para que uno se pueda mover tranquilamente. Al fondo, un pequeño espacio para las actividades. La narrativa, el libro infantil y el álbum ilustrado es lo que tiene más salida.

Las mujeres son las principales clientas, tanto en la compra de libros como en las actividades. “Los hombres se enfadan si lo digo, pero son muy poco de compartir. Además, también está el hecho de que ellos compran mucho ensayo, y el ensayo no da tanto juego para compartir si te ha gustado o no…”, comenta Barrufet medio en voz baja. “Es muy difícil recomendar una novela a alguien, sobre todo si no es lector. Hay el peligro de que no lo enganche, y si esto ocurre, ya hemos fracasado: yo, que lo he vendido, y quien lo ha comprado”.

A la hora de comprar, los libreros tienen un servicio automático de novedades, que efectúa directamente el comercial, sin mostrar los libros. “Para los libreros es un peligro”, puntualiza Gemma Barrufet, que prefiere recibirlos en la librería. “Con los años, ya te conocen e incluso los hay que te dicen: “Esto no es para ti. Para que lo acabes devolviendo y termine ganando dinero el transportista…”

Gemma Barrufet se detiene y como quien está a punto de contar un chiste, dice: “Por ejemplo, con Las sombras de Grey devolví todos los ejemplares y de ahí que sea famosa a Random (House Mondadori), pues un día me dijeron: ‘Hay una pirada que ha devuelto todos los ejemplares’. Y esa era yo. Pero no por la calidad literaria, sino ya como mujer. Con este libro soy especialmente crítica. Y el argumento de las editoriales, de que así los posibles lectores continúan entrando y comprando, es mentira. Una librería es el librero y se debe respetar nuestro criterio. La gente valora que el librero sea honesto”, reivindica.

“Este oficio pide pasión, pero también cerebro”, prosigue. “Hay librerías que han ido mal por no haber hecho una buena gestión. Cada vez que hablo quizá me gano enemigos, pero encuentro que se ha frivolizado lo que supone abrir una librería”, manifiesta. “Si no tengo dinero no abriré una panadería, ni una ferretería, pero estamos en un momento en que los libreros que no tienen dinero hacen Verkamis. Mis ahorros los invertí aquí, no pedí dinero a nadie. Para montar una empresa tienes que tener dinero. Y en el caso de las librerías pequeñas, que diría que somos el 80%, haces de hombre orquesta: atender a los comerciales, barrer, quitar el polvo, atender el teléfono, cuidar a los clientes, promover actividades…, pero sin olvidar que somos una empresa, eso sí, donde no hay ‘reparto de dividendos’. “

El pis de dalt de l’A peu de pàgina té el sostre baix i llibres per tot arreu | Foto: Pol Rius

A Peu de Pàgina abrió con la crisis del año 2008. “Recuerdo que en el mes de septiembre estaban los albañiles con la radio conectada todo el día, y eso de la crisis ya sonaba. En las noticias hablaban de las hipotecas basura en Estados Unidos. Los dos años siguientes fueron muy duros, al principio no tuve ni sueldo… En 2010, sobre todo, hubo una bajada importante. Y después he ido creciendo y saliendo adelante, pero siendo una persona muy austera. Hay que ser idealista y romántica, pero austera”, comenta rememorando sus inicios.

A continuación enumera una serie de libreros que no proceden de este ámbito, sino del magisterio, del periodismo o del derecho, como ella. Hacen red entre ellos, encuentros con los editores, comparten recomendaciones de lecturas, incluso comparten librero, como es el caso de A Peu de Pàgina y No Llegiu.

“Veo a jóvenes de 16 o 18 años que ante una novela eligen el castellano y no me saben decir por qué. No sé si tiene que ver con la política, con las series… Porque no tengo ninguna duda de que las series hacen perder lectores”, reflexiona Gemma Barrufet. “Yo lo entiendo. Llegan a casa a las 9 de la noche cansados y es más fácil ponerte a ver una serie, porque representa menos esfuerzo mental. Todo esto lo puedo entender, pero tengamos también un libro… Además, se está dando un fenómeno perverso: en las solapas de los libros ya se dice ‘Este libro está triunfando en Netflix’. Es decir, no es una serie que surge a partir del libro, sino al revés”, verbaliza Gemma Barrufet con rostro preocupado, aunque no cree que las librerías, hoy por hoy peligren, pero sí que se deben cuidar.

Muestra además su preocupación por el retroceso que ha habido de lectores en catalán. Ella cree que hay muchos prejuicios y muchas leyendas de que las traducciones son flojas. No está de acuerdo en absoluto, pues considera que hay traducciones muy buenas. Pero también piensa que las editoriales deberían invertir más en recuperar autores como Tísner, Pere Calders y otros.

A todo lo dicho hasta ahora se le suman otros factores, comenta con inquietud. “Como el e-book que durante un tiempo todo el mundo regalaba en Navidad y terminó siendo un fracaso. O Amazon, que hace mucho daño a los libreros porque lo tiene todo, desde la edición del año 57 de Pío Baroja hasta el último youtuber. Y después está la logística, la rapidez. Yo tardo entre 24 y 72 horas en traer un libro. Contra eso no puedo luchar, y si le sumas que hay gente que va a la librería, a ver por ejemplo la última novedad de Haruki Murakami, y luego se lo piden a Amazon… ¿Qué podemos hacer nosotros ante eso? Pues hablar, compartir, recomendar el libro, comentar la vida del autor, en definitiva dar un plus literario y de humanidad, porque la pantalla es muy fría.

Al final de la conversación Gemma Barrufet resume, como si de una receta se tratara, lo que para ella es el oficio de librero: un poco de pasión, un poco de sentido común, leer todo lo que se pueda y dejarse nutrir por los lectores, porque nunca sabemos suficiente.

Las recomendaciones de A Peu de Pàgina

  • Manhatan Beach, de Jennifer Egan, que fue premio Pulitzer el año 2011, pero aún no se había publicado nunca aquí. La ha publicado Salamandra en castellano y 1984 en catalán. Es la historia de una chica de Nueva York en los años 40, sin hombres, ya que buena parte se encuentran luchando en la Segunda Guerra Mundial. Las mujeres ocupan sus puestos: soldadoras de barcos, albañiles, etc. Una de las protagonistas quiere ser buzo. Además, hay una descripción de toda la vida nocturna de los clubes de Nueva York, de cómo eran las familias de aquella época.
  • Huir es lo más bello que teníamos, un libro que en tres semanas se ha agotado. Es entre novela autobiográfica y ensayo reflexivo. Trata del exilio de la abuela de la escritora Marta Marín-Dòmine.
  • Pippi Calzaslargas, de la que Gemma Barrufet muestra un ejemplar y dice, no sin nostalgia, que quizás ya no volveremos a ver otro, porque la editorial ha perdido los derechos y este es el último ejemplar que existe.

¡Larga vida a las librerías! 

Una serie de Cataluña Plural

La llibreria A peu de pàgina fa cantonada entre els carrers Major de Sarrià i Jaume Piquet | Foto: Pol Rius

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