Barcelona ya es el escenario de tres grandes batallas políticas

En la lucha por conquistar el Ayuntamiento de Barcelona están en juego la hegemonía del independentismo, el legado de Pasqual Maragall y el 'factor Manuel Valls'. Las fuerzas políticas se refuerzan y sacan sus mejores cartas, sabedores de la importancia de las elecciones municipales en la capital de Catalunya. ¿Qué podemos esperar?

Guillem Pujol
 
 
 
Ajuntament de Barcelona | Wikimedia Commons

Ajuntament de Barcelona | Wikimedia Commons

Se puede decir que ya ha comenzado la precampaña para las elecciones municipales del próximo Mayo 2019. Llevamos muchos años viviendo la política como un estado de excepción permanente. Desde que Zapatero pactó la modificación del artículo 135 de la Constitución aquel funesto agosto del 2008, pasando por la aparición de nuevos partidos de ámbito local, autonómico y estatal, hasta la implosión del conflicto independentista. La política puede ser dos cosas solo: conflicto o consenso. Vivimos la era dorada del conflicto, y la batalla de Barcelona se plantea como la última etapa de este conflicto.

Es una batalla que se puede leer en clave independencia/no independencia. ¿Sumarán las fuerzas independentistas suficiente para hacer de la capital de Cataluña su fortín simbólico? Pero, al mismo tiempo, es también la batalla dentro del independentismo: las divergencias aumentan, y Esquerra Republicana de Catalunya ya ha demostrado que es capaz de votar con el PSC si de lo que se trata es de ampliar la base. Por otra parte, la atomización de partidos en el centro derecha independentista acumula tres posibles fuerzas.

Pero también se puede leer de otra manera: es la batalla por el legado de Pascual Maragall . El «maragallismo» ha aterrizado en medio del debate político en Barcelona como el imaginario a reivindicar de una ciudad que se transformó durante sus años de mandato. ¿Quién representa mejor su legado? La batalla no ha hecho más que empezar. Repasemos lo que sabemos hasta ahora de los actores políticos que participarán teniendo en mente estas dos grietas: independencia y maragallismo. Sin embargo, el factor Manuel Valls introduce una tercera, que eventualmente puede hacer girar la dirección de la agenda política de Barcelona: el debate de la ley y orden en la ciudad. Si lo consiguiera, le serviría para quedarse solo ante su antagonista, Ada Colau. Pero esto, de momento, está por ver.

L’alcaldessa, Ada Colau, i el primer tinent d’alcaldia, Gerardo Pisarello | Ajuntament de Barcelona

Los equilibrios de Barcelona en Comú

Barcelona en Comú y Ada Colau sorprendieron al mundo entero hace cuatro años. Había pasado lo inimaginable: una fuerza completamente nueva, liderada por una activista social le ganaba las elecciones a Xavier Trias y se hacía con la alcaldía.

La prueba que tiene Barcelona en Comú trasciende a su propia formación. Se han convertido en un símbolo de la nueva política, pero ahora entran en una nueva fase, quizás más importante aún que la de llegar a la institución: demostrar que una fuerza que nació con un discurso de emergencia puede ganar con un discurso que reivindique la gestión de gobierno. No es fácil sobrevivir a la institución, y menos para aquellas que la quieren cambiar. Tienen argumentos para defender que así ha sido, y es que Colau puede atribuirse una serie de méritos.

La obligación que establece que las promociones residenciales tengan que destinar un 30% de superficie a vivienda de protección oficial, la creación de una comercializadora eléctrica pública, o el posicionamiento de «ciudad de acogida» en un clima de creciente racismo institucional se pueden contar como triunfos. Pero Colau sabe que llevarán la campaña y los debates electorales sólo oirá hablar de manteros y narcopisos

En relación a los dos ejes principales planteados (maragallismo e independencia), los comunes se sitúan un terreno intermedio. El legado de Maragall ha sido reivindicado por Ada Colau, y recordamos que el Ayuntamiento de Barcelona abrió los colegios el día 1-O participando activamente del Referéndum. Se deberán preparar bien, pero no es impensable que vuelva a ganar.

Albert Rivera, Manuel Valls i Inés Arrimadas, a l’acte ‘El Futuro de Europa’

El ‘factor Valls’ y Ciudadanos

Ciudadanos es la fuerza más votada en las elecciones al Parlament en Catalunya y un claro candidato a la alcaldía de Barcelona. Pero tienen un problema: han dado la campaña a Manuel Valls, y ésta ya no les pertenece. Valls no es Ciudadanos, por mucho que tengan muchas similitudes. El ex primer ministro francés y antiguo miembro del Partido Socialista intenta algo que la formación naranja no se ha atrevido a hacer hasta ahora: adoptar el catalanismo como parte de su discurso.

La elección de Xavier Roig es clave para entender este giro. El que fue director de campaña de Pascual Maragall y pieza clave de su gobierno es quien le dirige la campaña el electoral a Manuel Valls. Como decíamos, el maragallismo es el imaginario a capturar en Barcelona. Pero esta estrategia parece arriesgada, y surgen una serie de incógnitas: ¿se puede desvincular a Valls completamente de la imagen casi anti-catalanista que emite Ciudadanos? Si es así, ¿será suficiente para capturar a algunos votantes de la antigua convergencia que no se han subido a la independencia y algunos otros resentidos con el Partido Socialista?

La apuesta pasa por aquí: que los votantes de Ciutadans lo voten, si bien con no tanta pasión como la que pondrían con un candidato estrictamente naranja, pero como voto útil. Y, por otro lado, ampliar las barreras propias de una formación que ha basado la lucha contra la independencia su razón de ser. Una gran incógnita, y, al mismo tiempo, un claro candidato a la alcaldía.

¿Y el PP? El PP ni independencia, ni Maragall, ni, posiblemente, representación parlamentaria. Se acerca su extinción en Cataluña.

Ernest Maragall | Parlament.cat

El golpe de efecto de ERC

ERC apostó decididamente por no entrar en la ratonera que les suponía la propuesta de una candidatura de unidad republicana. La sombra alargada del discurso post-convergente posicionaba a ERC en una posición subalterna, siempre sospechosa de no desear la independencia tanto como requería la situación. Con el cambio de estrategia que están trazando , se desvinculan directamente y cogen un discurso propio y la capacidad de ampliar horizontes más allá del eje independencia/no independencia.

Fieles a la nueva estrategia «de ensanchar las bases», Esquerra pretende recuperar una de las dos patas que se les suponía a parte de la independentista: la pata social o de izquierdas, aquella que les permite interpelar gran parte de la población catalana, y más concretamente, a parte del electorado de los comunes y del PSC. En este sentido, la elección de Ernest Maragall no es arbitraria. Si estas elecciones van de capturar el imaginario maragallista, ¿quién mejor que su propio hermano?

Ernest Maragall conoce la ciudad, y tiene una larga experiencia vinculada a la gestión del Ayuntamiento. Sin embargo, hay dos factores que cuestionan la idoneidad del candidato. La oportunidad parece que quizás le llega un poco tarde; habiendo cumplido los setenta y cinco años queda un poco desvinculado de la franja de voto más joven; por otra parte, y aunque asumiendo las capacidades del candidato, Ernest no tiene el carisma de su hermano, y a veces, que te vean como una versión destilada del original puede pasar factura. Pero si ha existido un momento en que ERC pueda hacerse con la alcaldía de Barcelona, ​​es este.

Jaume Collboni | Cambra de Comerç de Barcelona

El PSC intenta salir de la hibernación

El PSC tiene una gran virtud y un gran problema. La virtud es que parece tener un suelo de votantes y militantes que lo mantienen, siempre, con unos mínimos de supervivencia. El PSC no caduca, y espera, como el oso en época de hibernación, a que el contexto vuelva a favorecerlos. Pero también tiene un gran problema: el PSC no seduce. No seduce a los jóvenes, que ven la formación anclada en el significante de «vieja política». Tampoco seduce a aquellos del PSC que se llamaban federalistas de izquierdas, que ven en los comunes su opción predilecta. Y claramente no seduce a independentistas de centro-izquierda, que tienen en Ernest Maragall su voto. Pero el PSC y Barcelona tienen una historia compartida. El legado de Pascual Maragall, es el legado del PSC. Y este sobrevivirá en el tiempo, aunque la gente no sepa pronunciar el nombre de Jaume Collboni.

La lucha por la hegemonía independentista

Decíamos que estas municipales no se trata sólo de una batalla entre independencia sí/independencia no. Grosso modo, podríamos decir que el electorado independentista, esto es, los que por encima que cualquier otro tema de la agenda política quieren la independencia, tienen cinco opciones: las CUP, ERC, La Crida, PDeCAT, Graupera. Pero cuando tienes tantas opciones iguales a escoger, empiezas a tomar en consideración otras variables, y aquí es donde entra el juego el tradicional eje izquierda-derecha. Nos encontramos, entonces, con que hay tres fuerzas que compiten casi por el mismo espectro del centro-derecha: PDECat, La Crida y la fuerza de Jordi Graupera. Es una verdadera incógnita (seguramente para ellos mismos también) cuál será la forma final que adoptarán para las elecciones.

Joaquim Forn, possible candidat a l’alcaldia de Barcelona pel PDeCAT | Ajuntament de Barcelona

PDeCAT y el dilema del candidato

De entre todas incógnitas, esta es la menor. El PDeCAT se presentará a las elecciones en solitario, ignorando las opas hostiles de Crida Nacional y de Jordi Graupera. El PDeCAT representa la herencia de la antigua Convergència Democràtica, y tienen una posición respecto a la independencia más abierta a escuchar diferentes ofertas que no pasen necesariamente por un referéndum de independencia. La semana pasada filtraban que Joaquim Forn, ahora en prisión, podría ser el candidato. Pero parece poco creíble. Forn ya ha mostrado en varias ocasiones la voluntad de apartarse de la carrera política para no perjudicar su proceso, y Neus Munté tiene las tablas para afrontar el embate electorado. Pero el PDeCAT sabe que en la batalla por Barcelona, ​​contar con un preso político puede contribuir en agrandar la causa.

Puestos a hacer predicciones, la apuesta es que Joaquim Forn termine cerrando la lista del partido, sabiendo pues que no terminaría siendo escogido como cargo electo, pero a la vez reforzando simbólicamente al PDeCAT.

Crida Nacional per la República | Twitter

El enigma de la Crida Nacional per la República

¿Qué se sabe de la Crida Nacional per la República? De momento, poco. En principio, debe ser el instrumento político que le permita a Puigdemont seguir manteniendo las riendas de una formación política (Junts per Catalunya) que amenaza con disolverse pronto. Pero la Crida va más allá, y la intención era la recuperar el espacio hegemónico de CiU, pero con un discurso nítidamente independentista-processista.

Pero si el anuncio de su creación despertó grandes expectativas, el paso de los días va generando más y más dudas. La distancia Puigdemont con el territorio y la institución lo aparta paulatinamente los núcleos de decisión, y la propuesta de las primarias de Jordi Graupera amenaza con capturar el deseo independentista con más fuerza, frescura, y voluntad de horizontalidad.

Uno de los nombres que suenan como alcaldable es el de Ferran Mascarell. De nuevo, nos encontramos a un antiguo miembro del PSC que reivindica como propio el legado de Maragall. Pero dentro del grupo de candidatos que reivindican esta historia (Comuns, ERC, Valls y el propio PSC) quizás es quien más lejos está. En todo caso, habrá que esperar al 6 de Diciembre para ver qué dirección adopta este partido-plataforma en su Congreso fundacional.

Jordi Graupera | Twitter

Jordi Graupera, el tercero en discordia

Los partidos independentistas han traicionado la voluntad del pueblo catalán; debemos empoderarnos de base e implementar la República en los municipios, cumpliendo así el mandato del 1-O. Estos sería, muy resumidamente, el leitmotiv de Jordi Graupera. Partiendo de esta premisa, lo que se necesita es la unidad total de las fuerzas independentistas en un sistema de primarias abiertas. No hacerlo, implicaría que los partidos ponen por delante sus intereses que los de la ciudadanía.

Jordi Graupera ha aterrizado con fuerza en la política catalana. Periodista y doctor en filosofía, pretende liderar el independentismo desde un pensamiento que enlaza con la tradición económica del liberalismo clásico. No parece aventurado afirmar que será él quien ganará unas primarias, que, hasta hace poco, estaban desiertas. Gerard Ardanuy, concejal no adscrito del Ayuntamiento, ya ha dicho que se presentará. No es descartable que ya hayan pactado un lugar en la lista después de su derrota: Ardanuy, al ya pertenecer a la política institucional, le abriría las puertas a las cuotas de participación en debates y propaganda electoral.

Estos tres actores políticos – PDECAT, Crida, Graupera – competirán por un aspectos político muy similar. Demasiado similar. Podemos esperar movimientos en un futuro próximo. Asumiendo que el PDECAT mantiene su candidatura, hay que ver qué posibilidad de cooperación habría entre las Primarias y la Crida. Si quieren aspirar a la alcaldía, algo tendrán que hacer.

Acte de campanya de la CUP per les eleccions municipals de 2015 | CUP Barcelona

La CUP, entre dos ejes

Para terminar: en la CUP pasa algo similar a lo que le pasa al PSC: ni sorprende, ni decepciona. En una rueda de prensa reciente, y fiel a la cultura política de una sola legislatura, Maria Rovira (actual portavoz en el consistorio) afirmaba que ninguna de las actuales representantes repetiría. La CUP, por mucho que reivindique de forma nítida la independencia, sufre de un particular fenómeno: al ser percibidos como una formación política de extrema izquierda, altera las preferencias de algunos votantes que, si bien les otorgan credibilidad en el eje independencia, no les compensa por el eje izquierda-derecha.

La batalla de Barcelona no ha hecho más que empezar.

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