Apagón en el Mar Mediterráneo

Después del esperanzador desembarco del barco Aquarius en el Puerto de Valencia durante el inicio de mandato socialista, la política de fronteras del Gobierno Central se ha ido torciendo hasta parecerse demasiado a la de sus colegas de la derecha

David Llistar
 
 
 
El barco de salvamento Open Arms

El barco de salvamento Open Arms

El Gobierno del PSOE sustenta el peor argumento humanitario que se recuerde después de aquellos del aznarismo que justificarían la ocupación de Irak. Se trata de impedir la salida del barco de Open Arms desde el Puerto de Barcelona hasta su zona de acción. Nos referimos a las aguas del Corredor Central del Mediterráneo delante de la destrozada Libia, gigantesco área del Mar Mediterráneo donde los países europeos están imponiendo un inquietante apagón informativo, impidiendo operar a cualquier embarcación humanitaria, incluso a Frontex.

¿Cuál es el argumento? El Gobierno no permite el despacho del barco de salvamento hacia las aguas SAR de Libia porque la embarcación no dispone de una licencia para el transporte de pasajeros. ¿Cómo? Un corolario del mismo teletipo dice: los gobiernos de Italia y Malta (los más próximos a la zona de rescate) impiden (contra el Derecho Internacional Marítimo) el desembarco en sus puertos de los migrantes y solicitantes de asilo. De lo cual se deduce que los barcos tendrán que dirigirse a puertos ibéricos o franceses en travesías largas de varios días. El Gobierno desea considerarlas como inseguras, unas operaciones de transporte de pasajeros que no puede autorizar.

Es absurdo, inmoral y un crimen por omisión. Porque este apagón informativo se convierte automáticamente en humanitario. Pero tiene una lógica. Todo indica que se trata de una decisión de carácter político de Pedro Sánchez; o mejor, electoral. Cuando dedicar todos los esfuerzos a impedir la migración africana y de Oriente Próximo por vía marítima se percibe por el Gobierno del PSOE como un mal menor, necesario para poder ganar las elecciones. Veamos.

Después del esperanzador desembarco del barco Aquarius en el Puerto de Valencia durante el inicio de mandato socialista, la política de fronteras del Gobierno Central se ha ido torciendo hasta parecerse demasiado a la de sus colegas de la derecha y extrema derecha europea: los bloqueos burocráticos a los barcos Aita Mari en Bilbao y Open Arms en Barcelona, el silenciamiento y disminución de Salvamento Marítimo, la reactivación del acuerdo con Marruecos para facilitar las devoluciones y la construcción de un nuevo muro en territorio alauita, así como una lluvia de medidas antimigratorias.

¿Por qué este cambio? En primer lugar, las elecciones andaluzas y el triunfo de la derecha y la extrema derecha dieron a entender en algunas plazas con alta presencia de trabajadores migrantes indocumentados, como el Ejido en Almería, que el efecto de la migración africana estaba moviendo el tablero hacia posiciones conservadoras e incluso xenófobas. Los resultados electorales en Italia, Alemania, Austria y el referéndum sobre el Bréxit podían leerse también en esa clave.

Por otro lado, era de prever en el juego geopolítico la instrumentalización por parte de Marruecos del ‘grifo migratorio’ con el fin de arrancar ayudas y trato de favor a la Unión Europea (pesca, ocupación del Sáhara, ayudas para la gestión de fronteras), siguiendo el camino de Turquía y Egipto. Todo ello en un contexto competitivo de creciente insolidaridad entre los miembros de la Unión Europea, que en algunos casos como el de Hungría o Polonia roza lo aberrante.

Lo que es cierto es que existe un abismo entre la realidad y la percepción respecto a la migración. Los estudios más completos señalan que en Europa se «sobreestima en gran medida el número total de inmigrantes, se piensa que los inmigrantes están más alejados de ellos cultural y religiosamente, y son económicamente más débiles, menos educados, más desempleados, más pobres y más dependientes de las transferencias gubernamentales, de lo que es el caso» (Alesina, Miano & Stantcheva, 2018). Una distorsión de la realidad que es alimento para políticos, medios de comunicación y redes sociales.

El Gobierno ha optado por apagar el tema migratorio y sacarlo de los medios de comunicación, tal vez en consideración de que electoralmente no le favorece. Quiere reducir la migración hacia España a un 50% y no quiere imágenes en televisión o en WhatsApp. Ni miedos, ni compasión, ni indignación. Aun cuando la mayor parte de la migración no llega en patera sino en avión.

De hecho, las mismas encuestas y análisis afirman que las imágenes de que se está produciendo migración en este mismo instante favorecen a las opciones políticas de los laterales, fuera del mainstream y con visiones fuertes sobre la migración. Mientras derecha y extrema derecha suelen conectar con el miedo a la invasión, a la pérdida de seguridad, empleo y los fundamentos culturales tradicionales, izquierda y extrema izquierda apelan en cambio a la empatía, la justicia, a la diversidad, incluso a la demografía reclamando el derecho a migrar y a ser acogido.

El Gobierno de Sánchez, progresista, elige sin embargo la real politik del apagón y seguir alzando, al igual que la derecha, el abismo ante nuestros vecinos del sur. Una enorme decepción. Y con ello contribuye al hundimiento del proyecto europeo. En mi opinión, se trata del tipo de reacción política que autoriza que los grandes crímenes de la historia sucedan en la casa del vecino. Uno de esos episodios que cuando era pequeño siempre pensé que ya no veríamos más.

David Llistar
Sobre David Llistar

Director de Justicia Global y Cooperación Internacional del Ayuntamiento de Barcelona Contacto: Twitter | Más artículos

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