Aislamiento, estudio y nervios para acabar siendo especialista: historias del MIR

Sábado 2 de febrero se celebra el MIR, el examen anual para que los médicos elijan plazas de formación sanitaria especializada. Muchos meses de estudio, cambio de hábitos, nervios y visitas por varios centros sanitarios acaban para aquellos que saquen mejor número con una plaza donde te formarán y te darán trabajo por 4 o 5 años y quizás por el resto de tu vida. Hablamos con un tutor de residentes y quatro residentes de diferentes especialidades para conocer sus vivencias

Carla Benito
 
 
 
Residents de l'Hospital Vall d'Hebron / Vall d'Hebron

Residents de l'Hospital Vall d'Hebron / Vall d'Hebron

Sólo el 44% de los médicos que este sábado realizan el examen MIR tendrán la opción de elegir plaza de especialidad. Este porcentaje se debe a que hay 15.475 aspirantes para 6.797 plazas.

Marcos Pérez Carrasco es médico de medicina intensiva en el Hospital Universitario Vall d’Hebron y tutor de residentes de esta misma especialidad desde hace siete años. Dado que se puede estudiar Medicina en muchas universidades, Pérez describe el sistema MIR como un embudo. “Formamos muchos médicos que, por nuestro sistema actual, si quieren seguir en la sanidad pública, necesitarán una especialidad a la que quizás no pueden optar”, explica. Y añade que entonces “se encuentran sin salidas profesionales más allá de algunas privadas donde no te piden especialidad”.

Si bien Pérez reconoce que en algunas especialidades hay superávit, en general cree que faltan especialistas. Como tutores, Pérez traslada una sensación colectiva: que cada vez se forma menos gente, que en ciertas especialidades se limitan las plazas en oferta y eso hace que luego queden vacantes. “Según a qué especialidades formamos menos residentes de los que podríamos porque desde el Ministerio no nos los asignan”, explica Pérez que añade que esto hace que al acabar la residencia estos nuevos médicos especialistas encuentren trabajo directamente y que aún sigan faltando.

Así, realizar el MIR y obtener un número que te permita elegir la especialidad deseada te asegura, después de 6 años de carrera y unos meses fuertes de estudio, trabajo y formación para 4 o 5 años más, depende de la especialidad, y un futuro asegurado. Estudiar 12 años puede ser la mejor inversión de tu vida.

Pérez habla de los residentes de hoy como estudiantes con las ideas y los objetivos muy claros: “desde el punto de vista clínico y de investigación tienen muy claro lo que quieren hacer y lo hacen con un concepto claro de seguridad del paciente y muy comprometidos con sus principios”. Esta determinación ya empieza cuando miles de aspirantes a obtener plaza se pasean los meses previos para todos los hospitales para decidir cuál es el que mejor encajará con su persona. “Una vez saben donde podrán acceder vienen a ver el hospital y se interesan sobre todo por cómo se realiza la docencia”, explica Pérez que destaca que desde hace unos años aparte de visitas particulares también se realizan jornadas de puertas abiertas donde se facilitan los contactos de los tutores de cada especialidad y de otros residentes.

Vall d’Hebron forma en 47 especialidades a 163 plazas. Pérez observa que para absorber esa cantidad de residentes hay que valorar el índice de empleo en cada área de un servicio así como que también se pueda cubrir su formación. Es por ejemplo el caso de anestesia que cuenta con 12 residentes por año, 48 en total: “hay hospitales que no tienen tantos tipos de cirugía ni una unidad de quemados como nosotros y no pueden ofrecer ciertas competencias formativas que aquí sí tenemos. Cada uno asume hasta dónde puede llegar y tiene residentes para formar también según este criterio”. De esto depende a menudo una o otra oferta de plazas.

A pesar de la determinación de la que se rodean una vez ya han pasado los seis años de carrera y se han enfrentado a un examen estatal para miles de personas, los médicos que pueden acceder a una formación especializada lo hacen con nervios, dudas de haber elegido bien y miedo. También con mucha ilusión. ¿La valoración? Hemos hablado con 4 residentes y para todos ellos es positiva.

Judit Riera, resident de farmacologia clínica a Vall d’Hebron

Judit Riera, farmacología clínica: “Recomiendo hacer los simulacros junto al más movido para ir preparado”

Judit Riera es residente de tercer año de farmacología clínica en el Hospital Universitario Vall d’Hebron. Recuerda el momento de salir de la elección de plaza con sentimientos contradictorios: “incertidumbre por cómo será tu vida a partir de ahora, si te gustará lo que has elegido, que te harán hacer en el hospital .. y mucha felicidad al mismo tiempo”.

A Riera, además, se le sumaba que poca gente de su entorno conocía la especialidad que había elegido y, ella, sin aún estar haciendo debía explicar a todo el mundo. Ahora, tres años después, está completamente satisfecha con el que escogió y la explica junto con sus compañeros a través de un blog de residentes de farmacología clínica del Vall d’Hebron.

Judit Riera estudió Medicina en la Universidad Autónoma de Barcelona y una vez terminada se apuntó a una academia para prepararse el examen para Médico Interno Residente. Recuerda la época como una etapa muy estresante: “cada día iba a la facultad y nos encerrábamos con seis o siete compañeros más. Se percibían muchas uñas mordidas, peinados de guerra, coletas muy altas, gente que incluso dormía en la facultad si venía de lejos…”.

Este ambiente también se trasladaba en casa donde Riera recuerda que todo el mundo iba con más cuidado para hablarle, que nadie le decía nada negativo y eran más tolerantes si estaba más irritable. Nueve meses estudiando entre 8 y 10 horas hicieron que Riera describa hoy el MIR “como un embarazo”.

Llegado el día del examen, Riera destaca la necesidad que tenía de tenerlo todo preparado incluso una semana antes. “Yo quería llevar mi café con leche, tres piezas de fruta, tres bolígrafos, lápices… tenía una lista hecha. Llegué una hora antes a la facultad de economía en la Diagonal con mis padres y no encontrábamos ningún bar ni restaurante donde cogerme el café… si algo falla el día del examen, se te hace un mundo”, explica.

Riera también recuerda encontrar los compañeros allí esperando, algunos leyendo, otros charlando y sentirse más nerviosa antes de entrar que no una vez vio las preguntas. Reconoce que siempre hay cosas que sorprenden y pueden desestabilizarte como que en su año, de estadística, rama que llevaba muy bien, sólo salieron 7 preguntas mientras que el año anterior había habido 35. “También se ha de tener muy en cuenta la gente que tienes a tu alrededor, hay gente que estresa mucho: uno no paraba de estornudar y otro movía el pie y hacía temblar la mesa… recomiendo hacer los simulacros junto al más movido para ir preparado”, ríe.

Anatomía patológica, medicina preventiva o farmacología clínica eran las tres especialidades que más le llamaban la atención. Para elegir una visitó o hizo llamadas a hospitales de Catalunya, Valencia y Aragón. Dice que no estaba preocupada, ya que siempre son las especialidades quirúrgicas o asistenciales las que primero se acaban. Se decantó finalmente en base a cómo se gestionaba cada hospital: horarios, el trato a los residentes, tema guardias … y también por priorizar quedarse en Barcelona.

Con un 5.500 aproximadamente en el MIR, una chica que se encontraba tan sólo tres números ante sí se llevó una de las dos plazas que había para farmacología clínica en Vall d’Hebron. Fueron los minutos de más sufrimiento concentrado que recuerda por si alguien se llevaba lo que quería.

Josep Balanyà, resident d’urologia a la Fundació Puigvert, junt a un company

Josep Balanyà, urología: “es un trabajo muy exigente pero también muy bonito y que vale mucho la pena”

Josep Balanyà es residente de urología en la Clínica Puigvert. A la hora de elegirla todavía dudaba entre esta especialidad o la de oftalmología o otorrinolaringología. Finalmente, con tan sólo un número 1.212 se llevó la última plaza de urología en Barcelona, ​​donde este año hay 8 plazas para ocupar. Recuerda que quizás puedes querer mucho hacer una especialidad pero no puede terminar siendo y por eso es necesario dibujarte diferentes opciones.

Sabiendo que tal vez tendrás que conformarte es mejor tener donde elegir también porque como destaca Balanyà, “las residencias son duras a nivel de horario laboral, de carga de trabajo y a veces te llevas a casa preocupaciones y material para estudiar y leer”. Dada esta realidad, es necesario pues estar convencido de lo que eliges: “es un trabajo muy exigente pero también muy bonito y que vale mucho la pena”.

Balanyà empezó a prepararse con tiempo, nada más empezar el sexto curso de Medicina en la facultad. Iba los sábados a la academia para irse situando poco a poco y así llevarlo ya más o menos bien cuando llegase junio y acabara por fin la carrera. Recuerda que a partir del verano fue cuando comenzó el estudio fuerte: “estudias cada día entre 8 y 9 horas y sólo descansas los domingos que evidentemente los aprovechabas más que nunca”.

Sin entrar en la última etapa y que normalmente se entienda como época de vacaciones, Balanyà recuerda que durante el verano todavía era soportable. El hecho de que hubiera mucha luz a todas horas ayudaba. En cambio, con el invierno ya encima, cuando hace frío, Balanyà recuerda que en general tanto él como sus compañeros dejaron de salir, de socializarse o de hacer deporte. Aparte del frío y la oscuridad también se acerca la fecha del examen y los nervios son más fuertes.

Si bien Balanyà cree que “el MIR es una época dura con muchos meses de estudio concentrados”, también destaca que “te ayuda a recordar cosas útiles y sientes que te estás formando”. Explica que en las academias, unas semanas antes te hacen un simulacro en la misma aula donde harás el examen y opina que esto ayuda mucho, “crea unos nervios que el día del MIR real te hacen estar más tranquilo porque ya conoces el aula y el procedimiento”.

Los siguientes pasos al salir del examen, y “después de pensar que te ha ido muy mal”, son corregir la prueba en las academias para hacerte una idea de qué número serás. Es entonces cuando los médicos que optan a plaza empiezan a ir a hospitales para hablar con médicos especialistas y residentes para ver cómo sería trabajar allí.

“Con varias ideas en la cabeza vas a Madrid y el día de la elección es mucho peor que el del examen: quizás de lo que tú quieres quedan pocas plazas y cuando la gente va eligiendo y ves que cada vez quedan menos…”. Balanyà recuerda la elección con sufrimiento pero finalmente pudo acceder a la especialidad deseada y en Barcelona y ahora no duda en afirmar que “ha valido la pena”.

Arnau Salvany, alergología: “el del Ministerio teclea y tu tienes que comprobarlo… estaba liberado pero no sabía qué acababa de pasar”

Arnau Salvany se examinó hace tan sólo un año. Ahora mismo es residente de primero en el Hospital Universitario Vall d’Hebron en la especialidad de alergología. Explica que todavía está intentando asimilar su decisión pero que está muy contento. Con pocos números más allá del 2.500, Salvany fue el primero de Catalunya en elegir la especialidad de alergología y, aunque históricamente también fue de los primeros en elegir, sólo había una plaza donde él quería formarse , lo que le hacía estar nervioso. Antes de la elección, Salvany dudaba entre siete u ocho especialidades: todas ellas eran médicas y no quirúrgicas pero algunas eran de planta y otros no. Si finalmente eligió alergología entre otras opciones tales como neumología, hematología o endocrinología fue el viaje en AVE hasta Madrid.

Aunque sabía que aún quedaban todas las plazas, pensaba que eligiera lo que eligiera equivocaría pero por una serie de coincidencias terminó yendo en un tren diferente al de sus padres y a su lado se sentó un señor que se dirigía a un congreso de alergología. Salvany no paraba de consultar vídeos de varias academias donde se contaban las claves de cada especialidad y terminó hablando con él y animando a colocar alergología como la primera opción.

Salvany recuerda la época del MIR como una etapa donde parecía que lo estudiaras todo de nuevo, donde cada día acababas con mucho dolor de cabeza. Al comenzar el verano volvió a su casa, en Lleida, y comenzó a estudiar 10 horas al día: “acababa de estudiar y estaba muy mareado. Me fui adaptando poco a poco pero por la noche necesitaba salir un rato o ir al gimnasio “, recuerda Salvany. Finalmente, como otros compañeros, la academia les dio la oportunidad de hacer un simulacro en el mismo lugar del examen. Él lo hizo en la facultad de Física y si bien recuerda los nervios salió contento. Además, destaca que aprovechó para hacer el simulacro sin ir al baño para acostumbrarse y así el día del examen no perder tiempo.

“Yo no hago mucho caso de lo que me dicen en general y en ese momento nos decían que no estudiáramos más… estuve todo el último día e incluso una hora antes de entrar leyendo, como si fuera un examen de la ESO!”, sostiene Salvany. Llegó media hora antes y se encontró que todos ya habían llegado y a uno de sus mejores amigos con una bolsa preparada por si tenía náuseas. Además, rie al recordar que “parecía que fuera una merienda más que un examen porque todo el mundo llevaba más comida que bolígrafos”. Para destensar, le sirvió mucho el caso de una chica que llegó media hora tarde pero aún así, como aún estaban explicando el funcionamiento, dejaron que hiciera el examen pero una vez la fueron a identificar, se había dejado el DNI. No sabe cómo acabó la historia cuando fue a buscarlo pues ya se centró en el examen.

Salió con la idea que le había ido mal pero parecía ser que todo el mundo pensaba lo mismo: “si a todos nos había salido mal, entraríamos los menos malos, pensé”. Salvany no quiso hacer caso de las correcciones de las academias y decidió “vivir en Matrix” durante unos días. Con las notas oficiales y las correcciones estaba más nervioso que el día del MIR en sí pero ya al salir el percentil y ver que podía elegir todo lo que quería hacer ya se relajó. Tres meses de vacaciones y de ruta por hospitales le hicieron terminar eligiendo alergología en la Vall d’Hebron: “en Madrid nos fueron llamando y sentándose y todo el mundo estaba nervioso apuntando sus opciones y saltando cuando escuchaba alguna que se parecía a la plaza que querías. En el momento de elegir recuerdo esforzarme para estar muy atento, el del Ministerio teclea y tu has de comrpovarlo… estaba liberado pero no sabía qué acababa de pasar”.

Violeta Uriach, resident de medicina de família i comunitària al CAP Roger de Flor

Violeta Uriach, familia y comunitaria: “se debe analizar cuál es la mejor especialidad para ti antes de cuál tiene mejor nota”

Violeta Uriach es residente de Medicina de Familia y Comunitaria de cuarto año en el CAP Roger de Flor en la Derecha del Eixample de Barcelona. Entiende que haciendo familia te puedes tomar el examen de una manera diferente. Sus 1.914 plazas representan casi un tercio de la oferta. En Catalunya hay 292 plazas. Uriach, que también es  vocal del grupo de residentes de la CAMFIC (Sociedad Catalana de Medicina Familiar y Comunitaria) opina que la relación de que Medicina de Familia sea de las últimas en ser elegida con que es de las menos valoradas no tiene sentido. “En mi año, la primera persona en elegir familia lo hizo con un número 40”, indica Uriach, que piensa que “familia és una especialidad que sí quiere hacer mucha gente”. De hecho, asegura que “la gran mayoría de mis compañeros les gusta hacer familia, querían hacer familia y son  familiaconvencidos“. También cree que “a veces hay un poco de numerito: hay gente que si duda entre dos y ve que familia es más baja y ha sacado un buen número, elige otro”. “Creo que hay que analizar qué es la mejor especialidad por ti antes de mirar esto”, observa.

Como una de las familia convencidas, opina que “un médico de familia que acaba la residencia tiene muchas posibilidades donde elegir”. Explica tanto que en Barcelona hay muchos centros de Atención Primaria que buscan médicos de familia con contratos interesantes como que si se quiere hacer rural puedes hacer rural o que si quieres hacer urgencias puedes elegir entre CUAP o ambulancia.

A pesar de tener menos presión, también recuerda la época del MIR como una época de nervios. En el caso de Uriach, además, que estudió fuera el último curso de la carrera, se sumó el comenzar más tarde la preparación del examen. Inicialmente lo vivió con mucha angustia: sus compañeros ya hacía tiempo que estudiaban y no conocía a nadie de su grupo. Se lo tomó como un reto y a pesar de llevar un año menos de preparación su grupo era muy distendido y no tan competitivo o bien comparativo como en otros grupos, según lo que le contaban sus compañeros.

Una vez el examen pasó tuvo que vivir el día de Madrid: “yo era de la segunda serie en elegir y estuve tres horas dentro del Ministerio rodeada de gente que no paraba de tachar listas pero finalmente pude elegir sin problema y cuando me fui todavía había plazas en mi unidad docente”.

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