Adiós a Griselda, una escuela cooperativa y segregada de Sant Antoni

La propiedad y la dirección de las Escoles Griselda comunicaron el miércoles a sus familias que el curso que viene no volverán a abrir. El motivo es económico. A la reunión asistieron responsables del Consorci d'Educació de Barcelona, los cuales garantizaron que los 174 alumnos tendrán plaza en otro centro cercano

Víctor Saura
 
 
 

Lourdes Boquer es maestra y presidenta de la cooperativa Escoles Griselda. De pequeña fue alumna de la escuela, donde su madre ya era maestra y cooperativista. Esta tarde le toca dar la peor noticia. Tiene la sala del comedor -que también hace de aula de música- llena a rebosar de madres y padres a los que han convocado con carácter urgente. Se levanta y va directa al grano: «con toda la pena del mundo, tengo que anunciar que en septiembre no abriremos la escuela». El anuncio arranca reacciones de lástima espontáneas pero breves entre las familias asistentes. Y, a excepción de dos intervenciones al final, eso es todo lo que saldrá de sus labios durante el tiempo que se alargue la reunión.

A pesar de la sorpresa, las familias parecen más expectantes que enojadas. Enseguida les han dicho que no sufran, que recolocarán a sus hijos, uno por uno, en otro centro del entorno. En la reunión, además del claustro, hay también el inspector del centro y dos representantes del Consorcio de Educación de Barcelona (CEB), las cuales informan que de forma inmediata el Consorcio instalará un técnico en el centro para atender a cada familia y estudiar cada caso. En dos o tres semanas, aseguran, se habrá podido hablar con todo el mundo y tener claro a qué escuela irá cada alumno de Griselda el curso 2019/20. «No les enviaremos a cualquier escuela, escucharemos familia por familia y trataremos cada caso como un caso especial», les dicen.

Más emoción a flor de piel hay entre las 15 maestras y dos administrativas de Griselda. No es sólo que pierdan su empleo, sino que dejan un trocito de su vida, algunas incluso más. En este sector hay caras desencajadas, ojos rojizos y alguna lágrima derramada. La directora, Rocío Zurita, necesita dos intentos para finalmente articular unas gracias y repetir que han hecho todo lo posible para salvar la escuela y que sigue a disposición de todas las familias. La presidenta de la AFA, que es ex alumna y ahora tiene tres criaturas en el centro, con la voz quebrada trata de dar las gracias a las maestras y las abraza, una a una. También tiene la voz rota Teresa Gil cuando toma la palabra para volver a insistir en que no había otra solución. Teresa es la otra cooperativista en activo que queda en la escuela. Hace 32 años que es la responsable de educación infantil.

Termina la reunión. Sólo ha habido dos preguntas, una sobre el calendario y la otra sobre si la renovación de la beca comedor también se podrá tramitar ahora. Las familias se levantan disciplinadamente y marchando en silencio. Hay unos cuantos abrazos más y alguna otra lágrima furtiva. Ninguna voz alzada. Ningún reproche.

Maria Àngels Creus y el espíritu de la Normal    

La escuela Griselda se encuentra en el barrio de Sant Antoni de Barcelona. Tiene dos locales, de ahí que use el plural. La escuela de infantil está en la Ronda de Sant Pau, y la de primaria en la calle Parlament, donde ocupa la segunda planta (donde están las aulas) y la azotea (donde está el patio) de un edificio antiguo que hace muchos años compró Núñez y Navarro. Sus orígenes se remontan a los años 50, cuando María Ángeles Creus alquiló un entresuelo en otro inmueble de la calle Parlament donde ya funcionaba una pequeña escuela de diez niñas, según se explica en el libro  Formando maestros para la democracia  (Publicaciones de la Abadía de Montserrat, 2003).

En este libro, Pere Carbonell i Fita repasa las trayectorias de once alumnos de magisterio de la Escuela Normal de la Generalitat republicana. Maria Àngels Creus (Barcelona, ​​1920) es la última, porque de hecho la victoria franquista impidió que acabara los estudios en la Normal, y tuvo que repetir los estudios en la escuela del Estado, donde recibió el título de maestra en 1942. en todo caso, dice el autor, el espíritu de la Normal impregnó lo que primero se llamaba Escuela Santa Teresa, después Academia Creus y que finalmente en 1965 pasó a llamarse Escoles Griselda. Según escribe Carbonell, en 1970, año en que María Ángeles Creus decide traspasar la escuela por motivos de salud, había matriculados 735 alumnos.

Unos cuantos años después, en 1976, los dos socios a los que Creus había traspasado la escuela deciden retirarse y lo ofrecen a las cuatro maestros que la dirigían, todas ellas discípulos y amigas de Creus. Las cuatro (una de las cuales, madre de Boquer) crean una sociedad conjunta, que durará hasta el 1992, cuando tres de ellas se jubilarán y entonces se opta por crear la cooperativa y abrirla a todo equipo docente. Inicialmente tuvo 16 socios, que también con los años se fueron jubilando, al tiempo que el barrio se iba transformando y las instalaciones quedando anticuadas, en especial junto a las modernas escuelas públicas que le iban naciendo al alrededor. A partir de los años 2000 el perfil del alumnado cambia, dejan de llegar los hijos de las familias menestrales del barrio y pasan a hacerlo, cada vez más, los de las famílias recién llegadas, mayoritariamente asiáticas, que se instalan, sobretodo en el Raval.

«Esta escuela siempre ha mantenido el espíritu fundacional, siempre hemos sido una familia», explica Lourdes Boquer. En la web de Griselda se definen como una escuela familiar, del presente, plurilingüe, integral, artística, saludable, inclusiva, intercultural y experimental.

Una situación insostenible

«El contrato de alquiler terminó hace 15 años, pero encontramos un resquicio legal que nos permitió alargarlo primero 10 años y luego 5 más, sin que la propiedad pusiera objeción», comenta Boquer. El año 2019 se acababan estos 15 años de prórroga, y Núñez y Navarro (que tiene todo el resto de la finca vacía y tapiada para evitar que entren ocupas) vuelve a reclamar la posesión de la finca, si bien ofrece como alternativa unos locales en un edificio de nueva construcción que tiene en la calle Manso. «Yo no tengo nada que decir contra Núñez, al contrario, han tenido paciencia y nos han intentado ayudar, nos ofrecían unos locales más grandes y modernos con el mismo alquiler, pero el problema es que hace falta una inversión de 700.000 euros que no tenemos».

Se han estudiado varias opciones. La primera, que los maestros entren a la cooperativa, «pero lógicamente lo han rechazado, ¿quién está dispuesto a arriesgar su salario en un contexto así?», Dice la presidenta de la cooperativa. La segunda, buscar otros inversores, «y lo hemos hecho, con una cooperativa social muy grande analizamos la viabilidad de la operación pero han acabado declinando porque han visto que esta inversión no la recuperarían nunca», añade. La tercera, pasar a ser escuela pública, «pero no tenemos el inmueble en propiedad, y de hecho los nuevos locales de alquiler tampoco tendrían la capacidad para acoger todo el centro, sólo la primaria». Si hubieran cambiado a la calle Manso, la escuela de infantil seguiría en el local de la Ronda de Sant Pau, que sí que compró en su día María Àngels Creus y ahora tienen alquilado a sus herederos.

«La realidad es que durante estos años hemos subsistido y hemos ido haciendo un trabajo social, y eso lo sabe el Consorci», añade Teresa Gil. En una escuela concertada pero en un contexto de alta segregación (aproximadamente el 85% del alumnado es inmigrante), la cuota de la sexta hora (en teoría, 75 € al mes) la ha pagado quien ha podido y la cantidad que ha querido. «Muchos padres no pagan y no les reclamamos nada porque siempre hemos priorizado ser una familia -se lamenta Boquer-, pero algo era ir haciendo y otra afrontar esta inversión; en las escuelas concertadas al final del curso les queda un remanente para poder invertir en comprar muebles y equipos nuevos, pintar … nosotros hace muchos años que no hacemos nada de eso, apenas tenemos para pagar los alquileres «.

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