«A Israel le molestan las campañas de desprestigio en Occidente, lo tiene más fácil cuando reprime al pueblo palestino»

Ocho activistas del BDS, defensores de los derechos humanos en Palestina, han sido acusados de delitos de odio y amenazas por una campaña en Twitter para evitar que el cantante judío Matisyahu, que ha apoyado diversas veces las intervenciones del ejército israelí, actuase en el festival pacifista Rototom, en 2015. Por esta campaña, pidiendo "coherencia" al festival, les piden 4 años de cárcel. Hablamos con Jorge Sánchez, uno de los acusados

Sandra Vicente
 
 
 
Jorge Sánchez, activista de BDS | Sandra Vicente

Jorge Sánchez, activista de BDS | Sandra Vicente

El lunes 14 de enero, ocho activistas están llamados a declarar ante un juzgado de Valencia acusados ​​de delitos de odio y amenazas. Son 8 miembros de la organización BDS (Boicot, Desinversiones y Sanciones) que trabaja por los derechos humanos en Palestina. ¿La falta? La campaña realizada a través de redes sociales contra que el artista judío de origen estadounidense Matthew Paul Miller, más conocido como Matisyahu, actuara en el festival de música Rototom Sunsplash, en 2015.

Y es que el artista ha mostrado varias veces apoyo explícito a las políticas del estado israelí en momentos polémicos. Apoyó a su ejército en el ataque contra la Flotilla de la Libertad que llevaba ayuda humanitaria a Gaza y en el que murieron 10 personas. También se hizo una fotografía y apoyó a un colono israelí que quemó vivas a tres personas palestinas hasta la muerte, justo un mes después de su actuación en el Rototom. Era, pues, de esperar que fueran muchas las críticas a la actuación de Matisyahu. «Sólo pedimos coherencia a un festival que se declara pacifista y, por tanto, que no tenga en el cartel un cantante sionista», explica Jorge Sánchez, uno de los 8 activistas de BDS acusados.

Estos tuits hicieron efecto y el festival canceló la actuación de Matisyahu. Pero esta victoria de BDS duró poco tiempo, y el nombre del artista judío no tardó en aparecer de nuevo en cartel del Rototom. Matisyahu actuó, entre gritos y muestras de rechazo de los asistentes, pero actuó. Y la campaña fallida del BDS terminó en una querella que ahora lleva a los juzgados a los que son los primeros activistas defensores de derechos humanos acusados ​​de delitos de odio.

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Se os piden cuatro años de prisión por hacer unos tuits y sois los primeros defensores de derechos humanos acusados ​​por el artículo 510 del Código Penal.

Es la primera vez que una campaña como esta acaba con acusación por delitos de odio y nos preocupa que el caso pueda generar jurisprudencia. Que se pueda acusar de antisemitismo a defensores de los derechos humanos, que han estado varias veces en Oriente Medio y en conocen tan bien la situación, es preocupante, siendo que el BDS está en contra de cualquier acto racista y discriminatorio hacia cualquier etnia o religión.

Simplemente hicimos una campaña no violenta, usando la política para la defensa de los derechos humanos. Nuestras quejas están basadas en derecho internacional, en resoluciones de Naciones Unidas y en tribunales de los derechos humanos.

El antisemitismo es el odio, violencia y animadversión hacia el colectivo judío que puede expresarse contra personas, bienes o lugares de culto. Vuestra campaña no era contra una persona judía, sino contra un sionista. ¿Recalcar la diferencia entre antisionismo y antisemitismo será una parte importante de vuestra defensa?

Sí, estamos en contra del antisemitismo y creemos que este caso puede aportar un debate abierto a toda la sociedad en el que hay que explicar que los colectivos judíos no sólo residen en el estado de Israel, sino que hay muchos en el mundo y con mucha diferencia de pensamiento. Nosotros criticamos la acción política de un gobierno que vulnera los derechos humanos. Y, por tanto, criticamos un festival que, como el Rototom, que tiene una fachada de defensa de los derechos humanos, contrate una persona que se ha significado apoyando todas las políticas de Israel, actuando para su ejército y apoyando a sus intervenciones.

Conseguisteis que el festival anulara la actuación de Matisyahu, pero luego su nombre volvió a aparecer en el cartel. ¿Hasta dónde pueden llegar las presiones del Estado de Israel?

Israel trabaja para tener una apariencia occidental, que se la vea como la única democracia de Oriente Medio. Suele usar la cultura y el deporte y nosotros sólo respondemos ante personas que comulguen con estas políticas. Y sabemos que hay un lobby muy importante de presión alerta ante cualquier crítica al estado o políticas de Israel.

No es raro que la querella la haya interpuesto una persona muy particular: Abel Isaac de Bezoya, presidente del Comité Legal contra el Antisemitismo y la Discriminación. Había sido abogado de Lorenzo Sanz, vinculado al Real Madrid ya la derecha más cerrada del estado español, y condenado a tres años de prisión por fraude. También defendió los acusados ​​por el caso de corrupción Gescartera que afectó altos cargos del PP en los años 90.

Más allá del blanqueo de las políticas de Israel que pueda significar la querella a la que os enfrentáis, también es preocupante la vulneración del derecho de expresión.

Estamos muy comprometidos con usar la política y el derecho de expresión para defensa de los derechos humanos. Y esto es lo que no le gusta a Israel. Se mueve muy bien en otras situaciones de conflicto, sobre todo en Oriente Medio, excepto cuando se le presenta una campaña de descrédito y de presión para que deje de ser un estado impune. Estamos comprometidos con una causa justa.

Volvemos a la acusación por delitos de odio. En marzo de 2018, el TEDH resolvió que quemar una foto del Rey no era delito de odio, como así lo había estipulado el Tribunal Constitucional. ¿Consideras que se usa demasiado a la ligera esta acusación?

Vivimos un retroceso en general de las libertades y estamos viendo políticas represivas que creíamos superadas pero que están volviendo con fuerza. Es importante que este juicio y esta puesta en escena generen un debate y que podamos poner sobre la mesa que antisemitismo y antisionismo no son lo mismo. Es un debate que suele no darse porque a los lobby sionistas no les interesa.

Hablabas del miedo a que su acusación genere jurisprudencia. Pero si gana el juicio, se generará y  habrá antecedentes legales que marcarán la diferencia entre antisemitismo y antisionismo.

Por eso tiene tanto interés este caso: es muy importante para el movimiento porque generará un precedente con el que quedará claro que hacer una campaña de BDS no es ningún delito. En otros países estos precedentes ya existen; en Alemania, un país especialmente delicado para este tema, se reconoció que BDS es una organización política para la defensa de los derechos humanos. Este caso genera mucha expectativa porque se nos piden 4 años de cárcel a 8 personas por hacer unos tuits. Y precisamente por eso, ahora somos 8 los llamados a declarar, pero podríamos ser 200 o 2,000, porque la campaña fue enorme.

Jorge Sánchez, activista de BDS | Sandra Vicente

Los cargos son delitos de odio y amenazas, pero en ningún momento se hace referencia a coacciones directas a Matisyahu en particular, ni al colectivo judío en general

Negamos que fuera una campaña antisemita. Negamos que hubiera amenazas y negamos las coacciones. Estas son las tres patas con las que se desmonta el caso. Simplemente pedimos coherencia al festival; no nos dirigimos a Matisyahu en ningún momento.

Contamos, de hecho, con personas y colectivos judíos que nos han mostrado apoyo. La última declaración la hizo la Asociación Catalana de Judíos y Palestinos – JUNTOS, que dijeron que Israel no puede hablar en nombre del judaísmo. El miedo que tiene Israel en este tipo de batallas es que no lo tiene tan fácil como cuando tiene que reprimir al pueblo en los campos palestinos.

Teneis una defensa lógica y clara pero, ¿cómo encaráis el juicio?

Lo mejor es plantearlo como una oportunidad para abrir un debate público. Es muy importante porque sí hay un primer círculo de militantes solidarizados con Oriente Medio que leen unos determinados medios y buscan fuentes sensibilizadas, pero tenemos que abrir el círculo.

Las grandes élites catalanas y españolas apoyan de manera clara las políticas de Israel. Tanto lobbys empresariales, deportivos como el Barça o medios de comunicación. Todos conocemos a Pilar Rahola y nos hemos peleado con ella varias veces, igual que con Vicenç Villatoro. Sabemos quiénes son ya quién nos enfrentamos. Este primer círculo militante ya lo tenemos ganado pero debemos decir a todos que el estado de Israel debe dejar de ser impune y saltarse las resoluciones de las Naciones Unidas.


Esta entrevista es fruto de la colaboración entre la Fundación Catalunya Plural y Radio Tierra, para un periodismo colaborativo y cooperativo

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