25 de noviembre: tiempo de reflexión y reconocimiento

A pesar de que los estereotipos sitúan a las mujeres en situación de violencia en la obligación de adecuarse a un perfil, este perfil no existe. No hay una demanda única, sino una multiplicidad de situaciones específicas que requieren una atención y un reconocimiento singular

Rakel Esqurriol Martínez
 
 
Manifestació del 8 de març / Foto cedida per l'Ajuntament de Barcelona

Manifestació del 8 de març / Foto cedida per l'Ajuntament de Barcelona

En momentos cercanos al 25 de noviembre es cuando las entidades que como Tamaia, acompañamos a las mujeres a salir del laberinto de las violencias machistas y los equipos de profesionales que, cotidianamente, nos sumergimos en acoger y sostener los procesos de recuperación de las mujeres de los efectos de las violencias machistas, nos desbordamos por el gran alud de demandas que nos llegan.

El 25 de noviembre es la fecha señalada en la liturgia de efemérides en que la sociedad vuelve a conectarse con las violencias machistas, con la necesidad de poner el foco en que nos pasa con este tema, con la emergencia de los asesinatos de mujeres que no cesan, que ni siquiera disminuyen. Nos preguntamos por qué las estadísticas no mejoran de manera evidente, nos estremece ante los testimonios de jóvenes que nos hacen evidente que la realidad que han heredado reproduce las desigualdades entre sexos, las condiciones desiguales que hacen que hombres y mujeres partimos desde diferentes puntos hacia una meta que, realmente, no es la misma.

Es en estas fechas que queremos sensibilizarnos y concienciarnos, prevenir las consecuencias de una violencia que afecta directamente a la mitad de la humanidad, una mitad que ha sido desprovista de poder por el patriarcado, un patriarcado que cuenta con muchas complicidades y que nos demanda – tanto a hombres como mujeres – práctica activa, cotidiana y responsable de la disidencia, porque queremos que las violencias machistas sean identificadas, repudiadas y trascendidas.

Estos días muchos medios de comunicación nos piden contacto con testimonios de mujeres en situación de violencias machistas, son las mujeres las que deben explicarse en su vivencia … y sí, es muy necesario que sean ellas las que pongan palabras a la su experiencia. Pero ¿con qué finalidad? ¿Por qué las mujeres se exponen para que su testimonio sea herramienta de transformación? Una de las Mentores de Tamaia aseveraba ante la continua demanda para que pusiera rostro y voz a la violencia machista: «Estoy cansada de exponerme y que luego no pase nada».

No somos conscientes de que exponer las mujeres en situación de violencia o las mujeres supervivientes de las violencias machistas conlleva siempre un riesgo; contar una, dos e infinitas veces la propia historia de violencia tiene – muchas veces- un efecto nocivo, ya que cuando la mujer vuelve a contar la propia vivencia transita, nuevamente, para todos aquellos recuerdos, sensaciones, olores, sonidos … el horror de episodios llenos de dolor y de sufrimiento.

El relato de las violencias vividas las vuelve a colocar en un lugar del que ellas ya han salido, ellas han cambiado, son supervivientes, porque cuando puedes contar lo que te ha pasado, has podido poner palabras y comprensión, cuando puedes compartir la vivencia de violencia machista que has atravesado significa que has encajado las piezas de un rompecabezas que, en medio de la oscuridad no tenía ni pies ni cabeza, únicamente dolor y, muy de vez en cuando, alguna compensación.

Escuchar los testimonios de las mujeres nos traslada a la realidad que muchas mujeres viven o han vivido, pero pocas veces hablamos de lo que ellas necesitan, de lo que han necesitado y han precisado para recorrer la travesía y salir adelante, lo que les ha faltado en este trayecto, lo que las ha debilitado y del que las ha hecho fuertes. Y es aquí que queremos detenernos, ahora que es 25 de Noviembre, y compartir de que, a pesar de los estereotipos sitúan las mujeres en situación de violencia en la obligación de adecuarse a un perfil, este perfil no existe. No hay una demanda única, una única necesidad, sino una multiplicidad de situaciones específicas que requieren una atención y un reconocimiento singular.

Alrededor del 25 de noviembre, los servicios, las organizaciones y las entidades que trabajamos, día a día, para erradicar las violencias machistas nos miramos, evaluamos como estamos y vemos que es necesario poner luz a la complejidad que son las violencias machistas, así como la complejidad de los efectos que las violencias machistas tienen en la vida de las mujeres, de las niñas y los niños y los mismos hombres agresores.

El abordaje de las violencias machistas debe ser, por tanto, singular en el reconocimiento de las necesidades de las mujeres y, en este sentido, es imprescindible nombrar desde donde contribuimos a los procesos de recuperación de las mujeres de los efectos de las violencias machistas, porque los procesos de recuperación de las mujeres no son homogéneos. A Tamaia vemos que las mujeres pasan, a veces, por procesos cortos, otros son largos, a veces puntuales y hay, también, algunas mujeres que quedan estancadas en un proceso crónico, porque la violencia las ha acompañado toda la vida.

Cuando las trayectorias vitales de las mujeres tienen como hilo conductor la violencia machista hay estructuras muy profundas que quedan dañadas y su proceso de recuperación precisa de más tiempo y de más recursos para que puedan avanzar. Las mujeres que han sufrido y / o sufren violencias machistas no son un todo y, consecuentemente, no podemos generar una fórmula única, por lo que los equipos que acompañamos los procesos de recuperación requerimos del conocimiento y del reconocimiento de esta diversidad y del que implican estas múltiples diferencias.

Sobre todo porque captar y atender esta complejidad desde la cura es posible cuando las expectativas y los recursos están correctamente enfocados. En caso contrario, daremos un número exiguo de sesiones a mujeres que requieren un acompañamiento de años, nos enfadaremos con aquellas que no están listas para profundizar y nos piden consultas puntuales y pasaremos por alto ante el significado de las intermitencias que nos hablan de la necesidad de tiempo, para poder curar, para poder asimilar y para sentirse suficientemente fuertes y afrontar lo que representa abrir el cajón de los truenos.

Respetar los tiempos y ajustar las expectativas y los recursos nos ayuda también a cuidar de los equipos profesionales, de las personas que estamos cada día navegando entre el terror y la magia de la supervivencia y la resiliencia. El 25 de noviembre es tiempo de reflexión y de reconocimiento, de todo lo que hemos aprendido y de lo que nos queda por aprender, mano a mano con las mujeres, todas ellas, en su diversidad y diferencia.

Rakel Esqurriol Martínez
Sobre Rakel Esqurriol Martínez

Membre de l'Associació Tamaia, Viure sense violència Más artículos

1 Comentario en 25 de noviembre: tiempo de reflexión y reconocimiento

  1. Os felicito por la gran labor que Tamaya esta haciendo, sois la parte noble de esta sociedad

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