“La España del PP representa la privatización de la diversidad por el pánico a la pérdida de consensos del 15M”

Guillermo Zapata sabe bien las consecuencias del poder de las redes sociales. De la experiencia y reflexión sobre su dimisión a raíz de un tuit, el concejal de Madrid presenta su libro 'Perfil Bajo' a pocas semanas de unas elecciones municipales a las que no se va a presentar

Guillem Pujol
 
 
 
Guillermo Zapata, concejal de Ahora Madrid. / Elise Fitte-Duval

Guillermo Zapata, concejal de Ahora Madrid. / Elise Fitte-Duval

Hablar de Guillermo Zapata es hablar de redes sociales. Hablar del alcance de los 140 caracteres que permite un tuit, de la libertad de expresión y la polémica que cojen en el time line de estas redes sociales. Plataformas como Twitter marcan la poíítica de la “ansiedad y de la hipervelocidad”, como las define el concejal del Ayuntamiento de Madrid por Ahora Madrid. Un tuit suyo le valió una dimisión y de ese poder en las redes habla en su nuevo libro ‘Perfil Bajo’ (Lengua de Trapo), que llegó a las librerías justo dos meses antes de la fecha en que se han fijado las elecciones municipales a las que no se vuelve a presentar.

El título de tu libro es ‘Perfil Bajo – Libertad de expresión, ansiedad tecnológica y crisis política’. ¿A quién le hablas?

Creo que le hablo a la gente que ha vivido estos años con interés y preocupación. Y me refiero a la gente normal y corriente, que no tiene por qué estar en ninguna candidatura política o ser muy activa políticamente. Escribo desde la mezcla entre el interés y la preocupación: he intentado evitar, en la medida de lo posible, escribir una historia en primera persona. Aunque, evidentemente, tiene dejes autobiográficos.

La primera parte del libro narra aquellas 72 horas de tormenta y linchamiento mediático previas a tu dimisión. ¿Podrías destacar alguno de esos momentos en positivo?

Sí, claro. Hubo una red de personas que se conectaron entre sí para para respaldarme sin que yo se lo pidiera, sin que mediara ningún compromiso ideológico. Fue una red puramente afectiva. Aquella respuesta colectiva fue lo más destacable, y en redes así veo parte de la salida al atolladero en el que estamos.

Entrando en el cuerpo del libro, desarrolla las dos teorías que expones: El País Estrecho de Rajoy-Caso y El País Ferpecto de Sánchez.

Lo primero sería decir que, de esas dos teorías, la del País Estrecho está más desarrollada, mientras que la del País Ferpecto es más una intuición. El País Estrecho es una idea puramente conservadora de un país, una mirada sobre el territorio colectivo a través de una cohesión de minorías. Es decir, producir una identidad muy fuerte a través de un dominio de poder, pero que sirva para un porcentaje pequeño de la población (pequeño en en relación al resto) . Y con ello decir: “ésta es la realidad del país”.

Ese país, esa España, primero la del gobierno de Rajoy y luego de Casado, representa de alguna manera una privatización de la diversidad. Y una respuesta, yo diría que con cierto pánico, a la pérdida de consensos que se abrió del 15M en adelante.

A partir de la moción de censura que lleva a Pedro Sánchez a ser presidente, empiezo a notar a mi alrededor un ambiente distinto: un cierto alivio, pero sin que haya cambiado realmente nada en términos de aprobación de leyes, por ejemplo.

Es entonces cuando empiezo a hacerme preguntas, con el libro prácticamente terminado, sobre si no estamos abriendo una nueva fase a la que llamo País Ferpecto, en referencia a la expresión de los tebeos de Astérix y Obélix. Se trata de algo que parece que funciona pero queda algo raro. El País Ferpecto vendría a ser el simulacro de ese resto que quedaba fuera del País Estrecho, pero desde una falta absoluta de deseo de comprometerse con esa diversidad tan grande.

Pero, como digo, es una teoría poco desarrollada que debería ser más trabajada ahora que el resultado de las elecciones puede darle todo el sentido o puede cancelarla. Habrá que ver.

¿Hay País Alternativo?

En el libro yo no planteo ninguna tercera vía o tercera posición en relación a las otras dos. Planteo, más bien, una dinámica distinta, más cercana y que no tiene que ver con la producción de identidades fuertes ni de enemigos, sino con la producción de amistades y redes cada vez más intensas. Son estas redes las que tienen capacidad de incluir y construir necesidades y derechos comunes.

El resultado de las elecciones generales ha dibujado un escenario y confirma la idea que ni desde el País Estrecho ni desde el Ferpecto se puede gobernar al resto. Solo con una de estas dos visiones no sirve, se deben tener alianzas diversas. La sociedad ya opera en esa clave de diversidad. Pero no pretendo en ningún momento, oponer esta idea de alianza con las otras dos ideas.

Dices que en Catalunya se vive un empate cultural,y defines tanto el Procés como su oposición en forma de paradoja, afirmando que son política y su bloqueo a la vez

Primero, hay que dejar claro que todo lo que un madrileño diga sobre el Procés tiene que cogerse con unas pinzas enormes porque no es una experiencia directa. Yo no vivo el Procés, yo vivo un relato del Procés. Creo que cualquiera que no viva en Catalunya pero tenga curiosidad y una preocupación debe partir de eso.

Dicho esto, la política es, entre otras cosas, pasión, organización, demanda colectiva de derechos, organización social, llevar a los partidos a posiciones diferentes a las que defendían, transformar todo ese campo, eso es la política. Es imposible para mí pensar que el Procés no es eso. Es una enorme cantidad de gente con un deseo muy relevante y que merece ser tenido en cuenta, organizándose y expresándose políticamente.

Pero creo que a la vez también es la autonomía de la política a pleno rendimiento, la unilateralidad de los partidos, la política de identidades fuertes con mucha dificultad de dialogar con otras y también un dominio del relato sobre cualquier otro elemento que creo que lleva a callejones sin salida.

Guillermo Zapata | Ayuntamiento de Madrid

La política institucional tiene mucha capacidad para decir: ‘bueno, pues ya hemos superado esta fase y ahora vamos a la siguiente’. Aquí es donde que creo que hay un cierta traición a esa mobilización multitudinaria menos capturable por un partido. Lo que me parece más interesante de la situación en Catalunya es esa realidad intangible que intenta ser dominada totalmente desde el poder.

Eso desde Madrid sí que se ve muy bien, porque nos hablan de un lugar que conocemos por amigos o familiares, por haber estado aquí tiempo, o porque conoces la política de aquí…y nos produce una especie de falsedad.

En este sentido, creo que también las elecciones han dicho algo sobre eso: no es raro que hayamos visto que las posiciones polarizadas en relación a la cuestión territorial hayan expulsado a las derechas no periféricas o no independentistas en lugares como Catalunya o el País Vasco y, a la vez, en Madrid la derecha vuelva a tener un número de votos superior al que tiene izquierda. Me parece que es sintomático.

También comentas que, más allá del debate sobre la crisis de la libertad de expresión, el problema es una crisis en los consensos sociales que genera una sensación constante de fragilidad. ¿En qué se puede traducir esa fragilidad?

La fragilidad tiene que ver con muchas cosas. Es la dificultad para imaginar el futuro cercano, para imaginar la sostenibilidad de la propia vida al medio plazo. Es el cambio climático también. Tiene que ver con una bajada de la confianza en los lugares donde antes se construían verdades que antes eran de consenso, como los medios de comunicación, y de allí salen las fake news, que no son exactamente mentiras sino más bien relatos que adquieren forma de noticias.

También tiene que ver con el hecho de que instituciones tradicionales que ordenaban nuestra vida, como el Estado o el empleo, están en una crisis estructural. La fragilidad también se da ante las reacciones al surgimiento de nuevas ideas políticas de consenso en torno a nuevos marcos de derechos, nuevas formas de organización social como el feminismo, por ejemplo.

De ahí creo que todos los estamentos se ponen un poco en crisis y en discusión. La propia figura del Rey, que es una figura que se construye en los años noventa entorno a la idea del consenso, de pronto ya no funciona en términos de consenso sino de orden y disciplina y por tanto deja a gente fuera. Creo que en ese magma es donde entra el miedo a que cualquier idea que se diga pueda aprehender y transformar.

Uno de los grandes tabús del humor en España es ETA. Recientemente, el cómico Iggy Rubín se vio envuelto en una importante polémica por un monólogo en el programa de La Resistencia. ¿A quién o qué beneficia esta censura?

Ya hemos pasado por etapas y momentos en los que el terrorismo ha sido sometido a humor en nuestro país. El programa vasco Vaya semanita ya usaba el código del humor, sin banalizar ni exaltar, para hablar de cosas que estaban sucediendo. También hay que distinguir entre el humor sobre terrorismo o sobre la persona que ejerce el terror y la que lo sufre.

Cuando hablamos de la víctima hay que te tener un cuidado mayor. No creo que el humor deba tener límites, pero sí debemos poder discutir sobre él. Hay muchos grados en el humor pero sí es verdad que en algunos contextos ha sido sano que se sometiera al terrorismo a esa capacidad de crítica que viene del humor.

Unos pocos días antes de tu dimisión, escribiste una nota de prensa en la que acabas diciendo: “No quiero hacer una política de redes sociales, de hipervelocidad y ansiedad”. ¿Puede existir una política de redes sociales sin la hipervelocidad y sin ansiedad?

Depende de desde donde la pienses. En la lógica de las redes sociales no. Están diseñadas para producir hipervelocidad y ansiedad. Una función que me resulta muy interesante de Twitter y de la que hablo en el libro es la de silenciar. No evitas que el otro te lea o que otros lean a otros que hablan de ti pero tú no lo lees. Pero ahora Twitter te muestra tuits que tú tienes ocultos porque los has silenciado, pero te ofrece leerlos.

¿Qué función tiene eso? Es una mera provocación. Es como rascarte una costra, opera esa clave de ansiedad: ¿Qué habrá dicho? ¿Lo quiero saber o no lo quiero saber? ¿Me enfadaré o no me enfadaré? Es decir, te está tirando ganchos todo el rato. Eso es el diseño. Entonces, a ese diseño tú le puedes oponer resistencia pero le estás oponiendo una resistencia más o menos individual pero contra el diseño de la propia red.

Para acabar: dices que las fuerzas del cambio deben cooperar en lugar de enfrentarse. ¿A quién votarás en las municipales?

Sobre el voto tengo mis simpatías y criterio, evidentemente. Pero soy concejal por una confluencia que no se presenta ya, con lo que debo ser prudente. Creo no obstante que la prioridad es participar para evitar un gobierno de las tres derechas

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