La península de los poetas

Se cumplen 90 años de la fundación del hotel más literario de España: el Hotel Formentor. Pasado y presente de un rincón único de la isla de Mallorca marcado por el viento y las letras.

Laureano Debat
 
 
 

Tenía mucho dinero en el bolsillo y muchos amigos poetas y escritores que no lo tenían. Y como la mayor parte de la alta burguesía mundial, no esperaba que su fiesta se viera interrumpida a mediados de septiembre del 29 con el crack de la bolsa de Wall Street y la posterior depresión económica de los años 30.

Por lo que Adan Diehl tenía dinero y quería gastarlo. Era un aventurero y pertenecía a esa casta de millonarios argentinos de principios del siglo XX que se subían a un barco para cruzar el Atlántico desde el extremo sur del mundo y encaminarse hacia Europa.

Formentor costa

Playa de Formentor con la sierra de la Tramuntana de fondo. CATI CLADERA

Comenzó su grand tour a finales de 1910 después de graduarse de la carrera de Leyes, con veintipocos años y toda la vida y los dólares por delante. Ya se decía por París “tienes más dinero que un argentino” y ya habían llegado a la ciudad decenas de estafadores del Rio de La Plata reclutando bellas francesas para abastecer los prostíbulos de la cosmopolita Buenos Aires y bajo la promesa de ser estrellas del tango en la nueva y próspera capital del sur.

Tras muchos años dando vueltas por el mundo, este argentino de sangre alemana llegó al puerto de Pollença y se enamoró para siempre de Formentor, un rincón verde y virgen en plena sierra de la Tramontana. Y decidió fundar en 1929 un hotel con el mismo nombre de este accidente geográfico que algunos llaman cabo y otros península. Así comenzó la historia, hace 90 años, del que probablemente sea el hotel más literario de España: como refugio para el descanso, las fiestas, la inspiración creativa y los experimentos de muchos poetas.

Pino de Formentor

Pino de Formentor. CATI CLADERA

Pero la crisis de los 30 perduró en las finanzas de Adan Diehl en la década siguiente y en 1953 no aguantó más y tuvo que vender la propiedad a la familia Buadas. Y la historia del Hotel Formentor y de este rincón de Pollença comenzaría una segunda etapa fundamental para entender su presente.

El Premio Formentor

El agua que baña la fina franja de playa de Formentor está siempre a merced de los caprichos del viento. Puede ser un mar tan revuelto de algas como demasiado cristalino. Las rocas milenarias de la sierra también ceden al gran escultor de la naturaleza, formando acantilados arbitrarios y con bastante ayuda del agua salada.

En esta costa y bajo el aroma del romero silvestre y del pino de Alepo (inmortalizado “Lo Pi de Formentor” en el poemario de Miquel Costa i Llobera) editores emblemáticos como Barral, Gallimard, Einaudi o Rowolt apuraban largas tertulias durante la segunda etapa literaria del Hotel Formentor, que comenzó en 1959 con las Conversaciones Literarias y que, en 1960, instauró el Premio Formentor.

Jardines del Hotel Formentor. CATI CLADERA

En esos años, los cuartos y pasillos del hotel se vieron colmados de las plumas más consagradas de aquellos años 60: Jorge Luis Borges, Agatha Christie, Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Jorge Semprún, Italo Calvino y Henry Miller. También sufrieron el hostigamiento de la dictadura franquista, motivo principal por el cual el Premio Formentor dejó de existir y después de que su edición de 1962 transcurriera bajo estricta vigilancia policial y reiteradas amenazas.

Bajo la órbita de la Fundación Santillana y con el mecenazgo de la familia Buadas y de Simón Pedro Barceló, el actual propietario del hotel, el Premio Formentor y sus Conversaciones Literarias regresaron en 2008 y siguen vigentes hasta hoy. En su nueva etapa, el galardón ha premiado a los argentinos Ricardo Piglia y Alberto Manguel y también a Carlos Fuentes, Roberto Calasso, Juan Goytisolo, Javier Marías, Enrique Vila-Matas, Mircea Cărtărescu y Annie Ernaux.

Y cada año de nuestro presente, el mítico hotel vuelve a alojar a un centenar de personas vinculadas con el mundo de las letras. Y resurge como espacio ideal para hablar de literatura. Una costa escondida desde donde se ve parte de la bahía de Pollença con sus barcos y pescadores, a la que hay que llegar en cuatro ruedas desde el aeropuerto de Palma. Y cuya estrechez de su arena alcanza para dar una buena alfombra al visitante, permitiendo caminatas distendida hacia cualquier dirección. Despertando la imaginación para los cinco sentidos.

Vueling vuela desde Barcelona a Mallorca 11 veces por semana.

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