El cine rumano en el cambio de telón

El imaginario del cine resulta clave antes de elegir un destino para viajar. Te proponemos cinco películas de la Nueva Ola Rumana para ver antes de ir a Bucarest.

Laureano Debat
 
 
 
California Dreamin’, de Cristian Nemescu

California Dreamin’, de Cristian Nemescu

A finales de este 2019 se cumplirán 30 años de una imagen que el mundo entero vio por las pantallas de TV: el fusilamiento de Nicolae y Elena Ceausescu, la pareja que gobernó Rumania en lo que muchos consideran como el más cruel de los regímenes estalinistas del Este. Y 15 años de la consolidación de lo que se llamó la Nueva Ola Rumana, una nueva manera de hacer cine en ese país, con directores premiados en los principales festivales de cine. El canon lo impuso Cannes, con dos primeras Palmas de Oro: en 2004 al corto Trafic, dirigido por Cătălin Mitulescu y en 2007 al largometraje Cuatro meses, tres semanas y dos días, de Cristian Mungiu.

Con las obvias diferencias entre los directores, se pueden ver rasgos comunes en el nuevo cine rumano. Un minimalismo estético con escenarios despojados y conflictos planteados bajo un manto de aparente simplicidad, pero que encierran una fuerte simbología de mucho de lo que no se podía hablar y que ahora emerge con potencia en los relatos.  Muchas películas presentan un realismo casi documental y un estilo narrativo directo, concentrando la poética en cuestiones cotidianas que rozan la sordidez, lo absurdo y el humor negro.

Su capital Bucarest y la ruta de los castillos son destinos turísticos cada vez más requeridos en Rumania. Y si te estás planteando un viaje por esta zona, aquí te recomendamos cinco películas que deberías ver antes de volar.

La muerte del Señor Lazarescu

Su director, Cristi Puiu, es uno de los referentes del cine rumano durante la época del Telón de Acero y un puente con la nueva generación de realizadores. La muerte del Sr. Lazarescu también fue premiada en Cannes el mismo año de su estreno, 2005, y hoy es una de las grandes obras del cine rumano.

Una road movie tragicómica (aunque más trágica que cómica) sobre la odisea hospitalaria de un sujeto en una Bucarest decadente. Falta de equipos, problemas de papelerío, un engranaje burocrático que van matando de a poco al Sr. Lazarescu en su deriva por los hospitales.  El rumano Mihai Chirilov, crítico de cine y director artístico del Festival de Cine de Transilvania, escribe: “La película se ubica entre el drama y la comedia negra: la primera vez que la vi lloré como loco, pero la segunda no pude parar de reírme. Y así, llorando y riendo, pude entenderla”.

La muerte del señor Lazarescu, de Cristian Puiu

12:08. Al Este de Bucarest

“Antes de 1989, lo único que veía era cine de propaganda. Soy director desde 2003 y si no hubiera estado el levantamiento del 89 hoy sería ingeniero o algo de eso”. Esto decía Corneliu Porumboiu en 2009 en el CCCB, 20 años después de la caída de Ceaucescu e invitado a Barcelona por el Festival de cine L’Alternativa.

En esta película de 2006, dos testigos de esos días de diciembre de 1989 son invitados a un plató de televisión para hablar de la supuesta revolución popular que la película se encargará de desmitificar como tal. El film se rueda, en su mayoría, en un precario set televisivo que funciona como escenario alegórico de la Rumania post-comunista. Y los que debaten son un sujeto que trabajaba de disfrazarse de Santa Claus en el pueblo y un profesor jubilado alcohólico que no recuerda mucho de esa noche por todo lo que había bebido. Un ejemplo del más puro esperpento rumano.

‘Al Este de Bucarest’, de Corneliu Porumboiu

California Dreamin’

Esta película titulada como la popular canción de The Mamas & The Papas está inacabada. Su director, Cristian Nemescu, murió semanas antes de acabar el rodaje. Premiada por Cannes en 2007, comienza con el trauma infantil del jefe de la estación de un pequeño pueblo rumano que, al enterarse de que pasará por allí un tren con soldados de la OTAN para bombardear Yugoslavia, decide interceptarlo de manera caprichosa e impedirles el paso.

Es la época del conflicto por la independencia de Kosovo y el trauma de este hombre surge tras vivir los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, donde perdió a sus padres. La última vez que los vio, ellos le prometieron que volverían a verse cuando los americanos llegaran para salvarlos del nazismo. “Llevo años esperándolos, primero vinieron los alemanes, luego los rusos y ahora ustedes”, le dice al capitán Jones, quien deseoso de cumplir con su misión y salir cuanto antes de allí, va a elaborar una estratagema para dividir al pueblo (una analogía de las invasiones militares norteamericanas).

De esta manera, el militar norteamericano se alía con el alcalde del lugar quien, por su parte, quiere aprovechar la ocasión para atraer inversiones norteamericanas y también trata de dilatar la estadía de los soldados. De este manera, les ofrece shows de imitadores rumanos de Elvis Presley y espectáculos de cabaret con vampiresas grotescas y un conde Drácula anciano.

El gran hallazgo del film es que toda la interacción entre los personajes se hace con gestos e insinuaciones, ante la imposibilidad del diálogo entre lenguas diferentes.

La chica más feliz del mundo

En esta película de 2009, Radu Jude refleja la entrada al capitalismo de la sociedad rumana y Bucarest es vista desde un set de filmación publicitaria. La historia gira en torno a la exasperada repetición de tomas de un aviso para una marca de refrescos que acaba de premiar con un coche 0 km a una adolescente. La chica viaja desde su pueblo a Bucarest y debe confirmar su alegría en unos segundos de publicidad. La hacen actuar, la maquillan y la vuelven loca.

El escenario adquiere dos planos. De fondo, la Bucarest actual, ruidosa y llena de automóviles y de gente que va y que viene, la ciudad hiperquinética. Y en un primer plano, el detrás de escena de un set de filmación con sus sórdidos personajes y los desencuentros de la niña con el mundo en una Rumania entrando en el progreso.

El aviso se filma tantas veces que la idea del director es, evidentemente, generar nervios en el espectador. “Tienes que sonreír para que todos vean que le gente común puede ganar un auto y ser feliz, para que todos crean que pueden llegar a metas como esta con solo comprar la gaseosa”, dice el director a la chica más feliz del mundo.

‘La chica más feliz del mundo’, de Radu Jude

Policía, adjetivo

Un agobiado detective sigue el caso nimio de tres adolescentes que de vez en cuando se fuman un porro. Los persigue, confisca los restos de marihuana que dejan en el suelo y la cámara subjetiva se va posando con total detenimiento en estas acciones, paso por paso. El andar de este policía por las sórdidas oficinas públicas de seguridad recuerdan a los pasos del  Josep K de El Proceso de Kafka.

En una reunión con el capitán del departamento policial, el protagonista se niega a meter preso a los chicos porque ve que en el resto de Europa la ley está cambiando y ya no se pone a nadie en la cárcel por fumar un porro. Otra de sus razones es que va a tener un “cargo de conciencia”.

El capitán le hace definir con sus palabras “conciencia”, “moral” y “ley”, mientras un compañero va anotando las palabras en una pizarra. Luego, el jefe manda a buscar un diccionario y lo obliga a leer la definición del libro para contraponerla con la suya del sentido común. Acá está la clave para entender el título de diccionario que plantea el film: Policía, adjetivo, un apartado de nomenclatura.

‘Policía, adjetivo’, de Corneliu Porumboiu

Vueling vuela de Barcelona a Bucarest 6 veces por semana.

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